Onomatopeyas y otros pequeños sonidos de Leire Bilbao (autora) y Maite Mutuberria (ilustradora)
por Soraya Pérez
La poesía… qué gran asignatura pendiente y qué gran incomprendida ha sido, y sigue siendo, para muchos hoy en día. Puede ser la falta de costumbre, o quizás que la lírica se nos ha relacionado siempre como el Doctor Honoris Causa de la literatura. La difícil de entender, complicada de crear e imposible de superar. Porque aunque Lorca decía que había poesía en cada rincón del mundo, y de la propia vida, no siempre es sencillo verla o encontrarla, y es que esperamos siempre que la lírica sea grandilocuente, complicada y desgarradora. Por fortuna, y qué suerte la mía, sostener entre mis manos «Onomatopeyas y otros pequeños sonidos» de Leire Bilbao me ha hecho recordar, precisamente, aquello que decía Lorca: que la poesía está allá donde mires, en lo cotidiano, en lo de todos los días, en lo que pasa desapercibido para los ojos, pero nunca para el alma y el recuerdo.
Y es que lo que la guipuzcoana Leire Bilbao ha logrado con este trabajo, excepcionalmente complementado con las ilustraciones de Maite Mutuberria, es precisamente esto, despertar un alma que, por desgracia, vive habitualmente en “piloto automático” y no se para a mirar y sentir las cosas cotidianas de la vida. Pero qué sorpresa se lleva una humilde lectora como yo, no muy leída en poesía debo admitir, al abrir este regalo de la literatura, da igual en qué página, y encontrarse con cosas como “si me tapo bien oídos y vista escucho a mis huesos creciendo sin prisa” o “el silencio, ese gran ruido”, acompañado de una entrañable ilustración de M.Mutuberria.
Porque este libro, al que tanto tiempo ha dedicado su escritora para que vea la luz con la calidad con la que lo ha hecho, me ha hecho emocionarme y reír, con poca algarabía pero inmensa ternura, con unas poesías que no dicen nada pero lo dicen todo. Poesías de la vida, de sonidos que parece que no están pero que son nuestras bandas sonoras diarias, o sentimientos que creemos inexistentes pero que, sigilosamente y sin llamar demasiado la atención, ahí están para cuando los necesitamos.
Porque «Onomatopeyas y otros pequeños sonidos» de la Editorial Kalandraka, cuya versión original está escrita en euskera, una lengua que también forma parte de mí y de mis raíces y de lo que soy, puede, a priori, parecer un libro infantil, pero no lo es, ¿o sí? Diría que, quizás, es el libro que nuestro niño interior, un tanto adormilado por la vida y responsabilidades adultas, necesitaba para volver a salir a flote y ver, así, que la vida es mucho más sencilla y bonita cuando te paras a escucharla como realmente es.
