Todo va a salir bien. Antología poética 1989-2024 de José Luis Piquero
por Rubén J. Olivares
“Todo va a salir bien. Antología poética 1989-2024” supone una muestra de la madurez literaria de José Luis Piquero, uno de los poetas más sólidos —y discretos— de su generación. Reunir más de tres décadas de escritura no es sólo un trabajo de selección y búsqueda, sino un examen a toda una vida dedicada a la poesía marcada por la lucidez, el desengaño y una fidelidad inquebrantable a la palabra como herramienta de resistencia, que podemos disfrutar gracias a la editorial Renacimiento, la cual nos ofrece un volumen que permite disfrutar tanto a los lectores más veteranos del autor como con aquellos que se acercan por primera vez a su obra.
La antología permite recorrer la evolución de un poeta que, desde sus primeros libros, mostró una voz reconocible por su tono grave y una mirada escéptica ante las promesas del mundo. El título, “Todo va a salir bien”, es un guiño cinéfilo – ya saben, es frase de película de sobremesa de domingo que se lanza cuando la situación ha alcanzado su máxima tensión narrativa – que opera simultáneamente como consuelo y como desmentido: leyendo esta antología, descubriremos que pocas veces la poesía de Piquero se ha dejado seducir por las garantías fáciles. En cambio, parece haber apostado siempre por una sinceridad áspera, donde la realidad se presenta sin maquillajes, atravesada por el desencanto, el paso del tiempo y las grietas íntimas que inevitablemente dejan los años.
El primer tramo de la antología confirma lo que sus lectores más atentos ya sabían: Piquero debutó con una voz sorprendentemente madura. Sus poemas iniciales, de factura sobria y ritmo calculado, evidencian una preocupación por la identidad y por la fragilidad del “yo” frente al desmoronamiento de lo cotidiano. En estos poemas iniciales se percibe su gusto por la imagen precisa, por el aforismo incrustado dentro del verso, por una reflexión que nunca se vuelve abstracción vacía. El poeta observa, diagnostica y, sobre todo, duda. Esa duda es la que articula buena parte de su obra posterior.
Con el paso de los años y sus posteriores poemarios, se advierte un desplazamiento hacia una expresión más depurada y, en cierto modo, más seca. El humor —siempre teñido de melancolía— aparece como un refugio contra el dolor, pero también como un mecanismo que desmonta el discurso solemne. Piquero, sin caer en el sarcasmo fácil, maneja en estos poemas que denotan una mayor madurez una ironía que nunca destruye, sino que ilumina. Uno de los logros de esta antología es mostrar cómo esa ironía se vuelve un instrumento central en la construcción de su mirada adulta.
También es notable la presencia constante de la memoria, no de forma nostálgica sino como un territorio en conflicto. Los poemas que abordan el paso del tiempo —para el que escribe quizá los más logrados del volumen, aunque seguro que no faltarán voces que discrepen de mi opinión— funcionan como una especie de inventario vital: pérdidas, amores rotos, ciudades que ya no existen, certezas que se deshacen. La memoria, para Piquero, no es un refugio, sino un espejo que devuelve una imagen parcial, incompleta, a veces cruel al deformar recuerdos que quizás nunca existieron como los evocamos, pero que nos gustaría que hubieran sido así. Esta visión le permite construir una poesía que se mueve entre la introspección y la crítica social sin necesidad de grandes proclamas ni aspavientos, pero que logra filtrarse entre las grietas de la realidad, invitándonos a la reflexión.
Otro aspecto destacable es su manejo del ritmo. Piquero escribe desde la contención, pero no desde la monotonía. El verso fluye con naturalidad, con una música discreta que evita el exceso retórico y favorece la reflexión pausada. Incluso cuando aborda temas íntimos —la enfermedad, la tristeza, la pérdida de sentido— el poema nunca pierde su equilibrio interno ni peca de sensiblería o sentimentalismo superficial. Hay una cuidada artesanía en el lenguaje en su forma de escribir: nada sobra, nada se exhibe, nada es superfluo.
La antología también deja espacio para momentos inesperadamente luminosos. Entre tanto desencanto de quien ha experimentado una vida intensa, Piquero logra insinuar una posibilidad de redención, aunque sea mínima, casi clandestina. A veces la encuentra en el amor, otras en el simple acto de resistir. El lector sale del libro con la sensación de haber atravesado una biografía en verso que no ofrece respuestas, pero sí una compañía lúcida, un espejo roto en el que verá reflejadas sus propias experiencias vitales.
“Todo va a salir bien” es un título irónico, un juego entre el autor y el lector: sabemos que tal vez no sea cierto que todo vaya a salir bien, pero aun así seguimos leyendo, porque la poesía —esta poesía— es un lugar donde la verdad puede decirse sin estridencias. José Luis Piquero, con esta antología, confirma su lugar como uno de las referencias poéticas más necesarias del panorama español contemporáneo, algo que como lector de poesía celebro.
