A vista de niña pájaro de Alejandra Sevilla López

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por Rubén J. Olivares

A vista de niña pájaro de Alejandra Sevilla López

A vista de niña pájaro de Alejandra Sevilla López

Hay libros que llegan al mundo con una voz ya formada, sin titubeos ni excusas. “A vista de niña pájaro”, el primer poemario de Alejandra Sevilla López es uno de ellos. Publicado por Pre-Textos tras ganar el XVII Premio de Poesía Joven RNE-Fundación Montemadrid, este debut nos recuerda que la juventud de quien escribe no tiene por qué reñir con la madurez de lo que escribe. Al contrario: en este caso, la juventud es precisamente el material del que está hecho el libro.

El poemario orbita en torno a uno de los territorios más difíciles de cartografiar en poesía: ese instante —largo, confuso, doloroso y hermoso a la vez— en que una persona deja de ser niña sin haber llegado del todo a ser adulta. No es un tema nuevo, claro. Pero Alejandra Sevilla lo aborda desde un ángulo que le da originalidad y coherencia interna: la metáfora del vuelo. La niña-pájaro del título no es una imagen decorativa; es el eje estructural que organiza todo el libro. Volar aquí no significa evasión ni fantasía, sino observación: la capacidad de mirarse desde arriba, de ver la propia vida con la distancia justa para entenderla sin perderle el afecto. La voz lírica del poemario es, en este sentido, una voz que se busca a sí misma en el acto de mirar.

Si hay un «argumento» en un libro de poesía, el de este podría resumirse así: una conciencia joven descubre que crecer implica pérdida, y decide escribir sobre esa pérdida no para lamentarla, sino para no olvidar desde dónde viene. Los poemas se articulan en torno a momentos de transformación —pequeños o grandes— en los que la voz lírica se ve obligada a redefinirse.

El estilo de Alejandra Sevilla llama la atención por lo que no hace: no busca impresionar con artificio, no acumula metáforas para parecer difícil, no imita ninguna moda poética reconocible. Lo que encontramos es una escritura directa, corporal y profundamente arraigada en lo cotidiano. Un ejemplo de esto es el siguiente poema extraído del libro: “Arráncame un pedazo de ombligo / y pónselo entre las manos a mi abuelo. / Él sabrá dónde sembrarlo / en su camino al olivar / y cultivará viejas formas de atravesar el dolor / si otros pájaros se lo comen / y olvido cómo volver a tierra.” En apenas siete versos, conviven el cuerpo, la memoria familiar, el paisaje, el dolor y el miedo al olvido. No hay adorno innecesario. Cada palabra lleva peso.

Es precisamente esa economía expresiva la que ha llamado la atención del jurado del premio, quien habló de «frescura, inteligencia y ligereza», tres cualidades que raramente se dan juntas: la frescura suele excluir la inteligencia, y la ligereza puede confundirse con superficialidad. Aquí, sin embargo, las tres conviven porque la autora sabe que decir poco con precisión es más difícil —y más poderoso— que decir mucho con ruido.

“A vista de niña pájaro” es un poemario breve —cien páginas— que no pretende abarcar el mundo, sino iluminar un tramo concreto de la experiencia humana con honestidad y talento. Para quienes se acercan poco a la poesía, este libro tiene la virtud de no asustar: su lenguaje es accesible sin ser simplista, y su emoción es genuina sin caer en el sentimentalismo fácil. Para los lectores habituales de poesía, ofrece algo más valioso aún: la certeza de que hay una voz nueva que ya sabe lo que quiere decir, y que tiene muchos libros por delante para seguir diciéndolo.

Una primera obra que no suena a debut, sino a madurez y amor por la poesía.