Apócrifas de Lola Nieto

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por Ana Valín

Nadie se detiene a comprender el mundo desde la yema de los dedos. Cuando no entiendo algo, lo toco” (página 130 de Apócrifas)

Apócrifas de Lola Nieto

Apócrifas de Lola Nieto

Esta interpretración ha sido díficil, incluso para alguien como yo, alguien tan amante de lo raro, a la que le gustaría poder crear antotecas con ciertas palabras y ciertos párrafos recopilados a lo largo del tiempo desde que a los cinco años descubrí el placer de la lectura. Y es que es muy difícil definir o situar en una sola línea literaria los textos de Lola Nieto. ¿Hablamos de un cine Gore dispuesto para ser consumido y reproducido sobre páginas en lugar de sobre una pantalla en formato 3D? ¿Hablamos de poesía narrativa en la que lo humano se desvanece y todo se vuelve visceral? ¿Nos enfrentamos a predicciones futuristas del fin de los tiempos para los hombres desde la perspectiva de la ciencia ficción? ¿O quizás estamos visualizando un cuadro moderno en donde se disecciona con bisturí literario todo lo cárnico y lo orgánico al modo de Dino Valls? Han sido muchas las dudas y las asociaciones que he hecho con el mundo de la pintura, de la botánica, de la ciencia ficción e incluso del plano de lo religioso al leer este Apócrifas, así que ahora solo espero ser capaz de expresarlo con un cierto orden y rigor.

En primer lugar debemos analizar el título, porque el término en sí mismo deriva del plano religioso. Lo aprócrifo es aquello que se considera falso, fingido o de dudosa autenticidad, o incluso que parece pertenecer a otro tiempo, haciendo referencia explícita a esos evangelios que surgieron luego de los considerados únicos. En tal caso, ¿qué es este libro, una historia sobre mentiras, o algo que solo debemos creer a medias? ¿Se trata de un texto sacro o complemente profano? Pero es que además, no se habla de algo apócrifo sino de Apócrifas en femenino, para aludir de manera explícita a este género. Y he ahí una de las fortalezas de este libro a mi parecer, todas las protagonistas son mujeres, mujeres que surgen de la herida, del dolor, de la diferencia; que exploran su sexualidad desde el salvajismo y el extremo sin límites; que aparecen mutiladas a veces por otros, otras por sí mismas; que se transforman en diversas criaturas, todas ellas cargadas de gran simbolismo, como gatas, arañas, serpientes, ballenas… Aquí se habla de mujeres incomprendidas que fueron quemadas en la hoguera, que se consumieron en su propia culpa, que traspasaron los límites del espacio y el tiempo para volverse una suerte de heroínas contemporáneas. Y ellas son las que representan la falacia de este mundo, su verdadera falsedad. Las Apócrifas son pues esas criaturas llevadas al extremo que buscan una expiación contra lo homogéneo.

En segundo lugar quisiera destacar el estilo lingüístico de este libro, que no es para nada tradicional. Aquí las palabras se deshacen, se saborean, cobran sentido sinestésico, se resquebrajan como collages en su propia disposición y parecen propuestas, a veces, bastante dadaístas. De esta forma aquello que un principio parecía destinado a ser consumido solo desde un sentido, desde el entendimiento de la lectura en sí misma, se vuelve algo tremendamente sonoro-visual y táctil a un tiempo, lo que hace que el texto al completo parezca un tapiz tejido a base de ensamblajes y de nudos que reflejan lo convulso del ser humano. Pero además, dentro del propio libro se reflexiona sobre el lenguaje desde el lenguaje, aludiendo a él como una suerte de parásito alienígena que coloniza la imaginación de diferentes mujeres (niñas, pintoras, escritoras) volviéndolas una suerte de visionarias. ¿Tendremos acaso ese poder las que nos entregamos al mundo del arte? Me asusto de solo pensarlo.

“Cada relato”, se expone en la contraportada del libro “es una forma de sacrificio, un escenario apocalíptico y un ensayo sobre las posibilidades del habla como dispositivo lúdico, como geografía emocional y como invitación al enmudecimiento”. Y ciertamente es así, pues yo estaré después de haberlo leído sumergida en un mundo silencioso de reflexiones.

El tercer lugar necesito aludir al misticismo de este Apócrifas, pues aquí se referencian ritos atemporales como los que practican las mujeres Wa en las profundidades del cosmos, o propuestas derivadas de la filosofía hindú y la filosofía budista; aquí se habla de expiación y de metamorfosis; de símbolos de buena suerte como las gatas Calicó y todo se hace constantemente desde la insistencia de lo femenino. La fuerza masculina aquí está prácticamente ausente.

En cuarto lugar no puedo dejar de lado la cuestión apocalíptica. Algunos de los relatos del libro me han recordado a viejos textos de Asimov, especialmente los relacionados con virus, con contagios universales y con plagas irremediables. De repente miles de personas se paralizan y pasando por diversas fases terminan por desvanecerse en un estado de traslúcida caducidad. Y todo esto se mezcla con referencias aeroespaciales, llevándonos más allá del territorio conocido y conquistado para ampliar nuestra visión del universo.

Finalmente quiero resaltar el valor que para mí ha tenido el último texto del libro, o penúltimo, pues éste está dividido en dos partes. En esta historia, titulada Primera y segunda parte, se relata la vida de dos siamesas que al separarse no se separan del todo, quedando una parte del oído de una dentro del oído de la otra, proporcionándole este hecho a la última el poder de percibirlo todo desde el tacto. La siamesa número dos oye el sentido interno de las cosas a través de la yema de los dedos; posa sus manos sobre los cuerpos y siente sus fluídos, y tanto da si estos son cuerpos humanos, vegetales o animales, caso de la gata calicó. “Nadie se detiene a comprender el mundo desde la yema de los dedos. Cuando no entiendo algo toco (…) palpo su sonido por dentro, una especie de tintineo que hay en todo, lo que llamamos vivo y lo que llamamos muerto”. Y de eso creo que se trata finalmente todo, de percibir las cosas con todo el cuerpo dejando por fin de usar un único sentido.