Galleteras de Laura Sanz
por Rubén J. Olivares Puertas
En «Galleteras», Laura Sanz nos invita a cruzar el umbral de la mítica fábrica Fontaneda, el gigante que convirtió a Aguilar de Campoo en la «Villa Prodigiosa» y en el epicentro del dulce en España. Ésta no es sólo la crónica de una empresa que desafió los tiempos grises de la postguerra; es el relato de cómo una industria moldeó la identidad, el urbanismo y el destino de un pueblo palentino que aprendió a vivir al compás de las sirenas de los turnos.
Pero, por encima de todo, este libro es un tributo al verdadero motor de ese progreso de esta ciudad: las mujeres. Ellas fueron las manos que, entre nubes de harina y el calor sofocante de los hornos, no sólo fabricaron galletas, sino que conquistaron una independencia económica y social impensable para su época.»Galleteras», es un viaje en la historia de la voluntad de unas mujeres obreras y el empuje de una fábrica icónica que levantaron los cimientos de una comunidad entera.
La trama de «Galleteras» nos traslada a la montaña palentina de mediados del siglo XX. El escenario es Aguilar de Campoo, un enclave que se convirtió en el epicentro de la industria galletera española. Sin embargo, la novela no es sólo un ensayo histórico industrial: es un tapiz humano vibrante. La historia sigue a un grupo de mujeres de diversas edades y procedencias que convergen en las líneas de producción de fábricas icónicas como Fontaneda o Gullón.
El argumento se despliega mostrando la fábrica como un microcosmos. Para las protagonistas, entrar a trabajar no es sólo una cuestión de supervivencia económica en una España de posguerra marcada por la cartilla de racionamiento; es una vía —a veces dolorosa, a veces liberadora— hacia una autonomía inédita. A través de sus ojos, asistimos a la evolución de un pueblo que deja de mirar al campo para mirar al reloj de la fábrica. Sanz narra con maestría las dinámicas de poder, el acoso silencioso, las envidias inevitables, pero, por encima de todo, la sororidad. La trama nos muestra cómo estas mujeres tejieron una red de apoyo invisible pero irrompible, compartiendo desde secretos de familia hasta el peso del cansancio físico, demostrando que la unión era su única moneda de cambio frente a un sistema que las prefería sumisas y calladas.
Lo que realmente atrae a leer «Galleteras» es el pulso narrativo de Laura Sanz. Su estilo es profundamente sensorial. La autora posee la habilidad casi mágica de impregnar las páginas con el olor a vainilla, el polvo de la harina y el estruendo metálico de las máquinas. No se limita a describir; te sumerge en una experiencia inmersiva donde el lector puede sentir el calor sofocante de los hornos y la textura de los uniformes de trabajo.
Su lenguaje es honesto, directo, sin figuras literarias innecesarias, lo que lo hace más directo, casi una conversación en la que nos va narrando los recuerdos de unas mujeres que dieron forma a un imperio galletero mientras buscaban conquistar su propia independencia. Sanz huye del sentimentalismo barato, tratando la dureza de la vida obrera con una dignidad que sólo nace del respeto profundo por sus personajes. Destaca especialmente su «oído» para los diálogos; las conversaciones fluyen con una naturalidad asombrosa, capturando el habla popular de la época sin caer en el costumbrismo rancio. Es una prosa equilibrada: cruda cuando debe denunciar la injusticia laboral o el machismo estructural, pero luminosa y poética cuando se detiene en los pequeños gestos de humanidad que florecen entre saco y saco de azúcar. La autora escribe mirando a los ojos a sus protagonistas, logrando que el lector sienta una conexión inmediata con las mismas, al sentirse un invitado al que narran lo que vivieron.
«Galleteras» es mucho más que una novela histórica; es un acto de justicia poética. Es un homenaje necesario a esa generación de mujeres —nuestras abuelas, bisabuelas y madres— que, con las manos manchadas de masa y los pies hinchados tras jornadas interminables, fueron el verdadero motor económico y emocional de la reconstrucción española.
“Galleteras” es un recordatorio de que la verdadera resiliencia es el trabajo diario y colectivo. Un libro que me dejó con un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, con el corazón henchido de orgullo por la lucha de unas mujeres que levantaron con su sudor a una marca que, no sólo alimentó los desayunos de millones de niños de España, sino el orgullo de un pueblo como el de Aguilar de Campoo. Al cerrar sus páginas, es imposible volver a mirar una galleta como antes; en ella reside el símbolo de una lucha silenciosa por la libertad. Te invito a déjarte atrapar por el aroma de Aguilar de Campoo y descubrir la épica de lo cotidiano. Una invitación a leer, recordar y honrar a aquellas mueres que levantaron en silencio la economía de todo un país, que Laura Sanz homenajea en “Galleteras”.
