Gótico botánico: Cuentos de un verdor perverso. VV.AA. Edición a cargo de Patricia Esteban Erlés.

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por Ana Olivares

Gótico botánico Cuentos de un verdor perverso. VV.AA. Edición a cargo de Patricia Esteban Erlés.

Gótico botánico Cuentos de un verdor perverso. VV.AA. Edición a cargo de Patricia Esteban Erlés.

«Cuentos de un verdor perverso»

 

Me ha costado terminar esta maravilla de recopilación de relatos góticos basados en la naturaleza perversa. Me gusta tomarme con calma este tipo de lecturas. Están escogidas con un acierto y sensibilidad exquisitas, por lo que nunca defraudan. De alguna manera, todas ellas convergen en la idea de que la Naturaleza en todas sus formas, es capaz de protegerse o ha de ser protegida por ser vital para la vida. Es capaz de hacer justicia donde la justicia humana es insuficiente; capaz de sustentar el recuerdo de un hecho traumático más allá del tiempo, siendo testigo incansable de la verdad oculta. También, puede superar las propias leyes que rigen a los humanos, y castigarlos o recompensarlos, según le plazca, solo por cumplir con el dicho de que la Naturaleza es caprichosa… Vamos a contemplarla como nunca antes supimos, con más respeto, y con un nuevo miedo adquirido hacia el verde en todas sus gamas.

Compuesta por dieciocho relatos inspirados en el terror de lo vegetal, sus diez autores y ocho autoras de diferentes rincones de Estados Unidos, ofrecerán su visión única, contribuyendo a esta especie de ecosistema literario que utilizará tu oxígeno a su antojo. O nos dará un respiro, o nos quitará el aliento; lo que no nos dejará, será indiferentes. Desde el Experimento del Doctor Heidegger de Nathaniel Hawthorne (1837), que descubre el elixir de la eterna juventud a través de una planta; Wood’stown, de Alphonse Daudet (1873), en el que unos árboles talados tomarán su venganza contra los humanos. En la Glicina Gigante de Charlotte Perkins Gilman (1892), el terror psicológico se apodera de los lectores ya que su protagonista sufre un calvario familiar del que sólo será testigo esa especie de enredadera. El Terror Púrpura de Fred Merrick White (1898), en la que una amante de la botánica se obsesiona con una planta carnívora que devorará a todo el que se cruce en su camino de raíces…La Rosaleda de M.R. James (1911) es la representación de la hibridez entre el humano y una especie animal del modo más espiritual. En La Amanita Mortal de Eli Colter (1925) es una historia concéntrica, muy de corte oriental en la que esta seta venenosa, representa la belleza y la maldad femenina…El Roble, de Richmal Crompton (1928), en la que una mujer es capaz de rejuvenecer a este árbol gracias a un ritual ancestral. La Guerra de la Hiedra de David H. Keller (1930), una historia de ciencia ficción donde una planta intentará dominar el mundo. Pensamientos Verdes, de John Collier (1932), quien se obsesiona con una orquídea asesina. O el Árbol de la Colina de Lovecraft y Duane Weldon Rimel (1940). Publicada años después de la muerte del primero, contenía la inquietante lucha de un hombre, que por la invocación de fuerzas ancestrales transitaría por un trance del que no podría escapar por contemplar aquel árbol mágico. El Jardín de la Adompha de Clark Ashton Smith (1938) nos transporta a un ambiente palaciego de corte oriental que une terror clásico con ciencia ficción por ese engendro verde que acecha entre los arbustos. Una Cortina de Follaje de Eudora Welty (1941), nos habla del extraño jardín de la señora Lark, odiado y amado a partes iguales que refleja la propia alma de nuestra protagonista, bastante perturbadora, al igual que la vegetación. La Victoria de los Hermanos Verdes de Maria Moravsky (1948) es muy bonita; narra la batalla de dos aliados inesperados que sólo quieren salvar su entorno natural frente al avance del capitalismo y la globalización. La Máquina del Sonido de Roald Dahl (1949), del autor de Charlie y la Fábrica de Chocolate, que continua con su tenebrismo estrambótico con un hombrecillo obsesivo que se empeña en fabricar una especie de grabadora que detecta las conversaciones y sentimientos de las plantas. El Jardinero de Margaret St.Clair (1949), de ciencia ficción, en el que un terrícola arrogante corta uno de los árboles sagrados del lugar y una especie de criatura maléfica pero entrañable decide darle una lección a su manera. En La Esposa del Árbol de Mary Elizabeth Counselman (1950), un cuento con protagonistas femeninas independientes, en el que un Roble Blanco acaba siendo el eje central. Un Lugar en el Bosque de August Derleth (1954), es un suceso infantil dentro de un pequeño edén vacacional repleto de vida y vegetación que acaba desatando la ira de una antigua divinidad oscura. Por último, Una Niña Pequeña de Zenna Henderson (1959), en la que la protagonista es una anciana y una misteriosa niña que es capaz de ver más allá de lo que ven los ojos humanos, descubriendo una especie de animales vegetales que asomarán por la colina.

He conseguido condensar en apenas unas frases cada uno de los relatos que componen esta bella recopilación. Pero la esencia de todos ellos es el rico vocabulario, las diferentes ideas y conceptos naturales que podrían encajar en cualquier género de terror o misterio, y la maestría de sus voces narrativas; algunas más cercanas, más familiares, más extrañas o excéntricas; casi mágicas u oníricas; muy sencillas o directas; pero todas ellas capaces de sorprendernos por su forma de contar historias.