Iván de Aldénuri. El bosque de los Thaurroks de Juan Pérez-Foncea
por Ana Valín
La nueva obra de Juan Pérez-Foncea nos traslada a paisajes antiguos al estilo el Señor de los Anillos con personajes en constante evolución que maduran a lo largo de la historia
«Iván de Aldénuri» podría haberse titulado de cualquier otra forma, pero resaltar en el título de esta obra al personaje principal, tiene todo el sentido aquí, pues esta una historia sobre la evolución psicológica de un niño que tiene que enfrentar numerosos obstáculos para entederse como parte de un espacio, así como de los habitantes que lo pueblan. “De Aldénuri” es así un gentilicio y no un apellido, pues esto no le sucede a cualquier Iván, sino justamente al que vive en estas tierras recreadas a partir de la fantasía, inexistentes en la vida real, y sin embargo muy similares a las propuestas medievales de sagas como El Señor de los Anillos. Es por ello que el carácter descriptivo de esta propuesta resulta tan *salientable, pues los paisajes aquí descritos condicionan toda la historia, convirtiéndose casi en un personaje más. Hay montañas, hay precipicios, hay acantilados, bosques tenebrosos, torreones, mares repletos de monstruos legendarios y criaturas feroces con nombre extraordinario como los Thaurroks o los Grazkos. Y he ahí un segundo factor elemental en este libro: los monstruos y la necesidad de derrotarlos.
En este caso nos encontramos con una propuesta al estilo David y Goliat, pues Iván no es más que un niño de apenas 12 años que se ve de pronto expuesto a la necesidad de luchar por su vida y por la de los suyos frente a unos seres inmensos, los Thaurroks, con pinta de Trolls al modo de David el gnomo. Los Thaurroks son monstruos antiguos que tras siglos de letargo retornan para aniquilarlo todo a su paso ofreciendo oscuridad, frío y temor a quien se ve en la obligación de enfrentarlos. Pero lo más interesante aquí no es su grandiosidad o su fuerza, sino el hecho de que a pesar de ello, los monstruos también presentan puntos débiles como los ojos, el cuello o su terrible temor al agua y a la luz, esto es, son derrotables, como los miedos humanos. Los Thaurroks atacan de noche, se esconden en lo profundo del bosque y allí, aletargados en su guarida esperan a que los incautos se atrevan a penetrar en sus dominios para ofrecerles pesadillas y una profunda tristeza. Ese es el gran poder de estos monstruos, producir angustia en el interior de las personas, una angustia solo vencible a través de la fuerza de voluntad, algo de lo que sin duda Iván no carece.
Pero la pregunta aquí sería, ¿por qué Iván y no otra persona? Pues porque él posee un poder especial que nadie más tiene en esas tierras. Iván puede volar. Y he ahí el inicio de esta historia. Cuando este pequeño descubre que puede flotar se eleva hasta lo alto de un árbol y ahí, en uno de sus recovecos encuentra una vieja medalla con un Thaurrok dibujado en ella. Nada más encontrar este tesoro, los monstruos regresan e Iván con su poder deberá descubrir el origen de su retorno y la manera de derrotarlos. Para ello deberá dejar atrás su hogar y emprender un periplo como los grandes *hérores al estilo Ulises o los argonautas hasta llegar al entendimiento de que todo ya estaba dentro de él, de que su luz propia y personal será la clave para acabar con estos terribles seres. Y todo este conjunto de factores se enlaza además con el *resaltimiento de valores tan elementales como la lealtad, la familia, la amistad o la perseverancia, convirtiéndose ésta en una propuesta muy apta para cualquier lector, independientemente de su edad.
Resaltar finalmente que si bien la historia planteada en este texto tiene un final redondo, muchos *flechos quedan abiertos y sin respuesta a la espera de un nuevo libro. Y es que Iván de Aldénuri, como muy bien se nos advierte en el preámbulo es una historia cerrada en sí misma pero que forma parte de una colección más amplia, una trilogía sin la que no nos es posible entender el principio de los monstruos, los cambios del protagonista que parecen prepararlo para algo que aún no ha llegado realmente, o las menciones constantes a tierras totalmente desconocidas y que sólo aparecen reflejadas en mapas. Es por ello de esperar que en esta saga Iván vaya creciendo hasta alcanzar la adultez, monstrándosenos así una verdadera evolución del protagonista desde su infancia hasta su verdadera madurez.
Calificar a esta novela de histórica tiene pues cierto sentido, pero también debemos entenderla como propuesta fantástica y de aventuras o… quizás como fantasía épica en la que el destino se convierte en algo imprescindible contra lo que no se debe luchar sino vincularse para alcanzar nuestra máxima plenitud.
Como elemento de crítica debo sin embargo reseñar que los personajes femeninos están aquí poco definidos, son transitorios y totalmente secundarios, excesivamente delicados y extremadamente maternales. Si bien esto puede responder al propio contexto de la obra -hablamos de una época adaptada al medioevo- noto en falta un mayor protagonismo de lo femenino más allá de los cánones habituales.
*NOTA: expresiones gallegas de la autora en el texto.
