La comadrona de Bibbiana Cau.

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por Vanessa Díez Tarí.

La comadrona de Bibbiana Cau

La comadrona de Bibbiana Cau

Mi madre contaba que la bisabuela S. y su cuñada se asistían los partos la una a la otra en el altillo de la casa familiar, lejos de las miradas curiosas de los niños. Aquella que les decía a sus nietas que ante los días de mujeres había que ir bien limpias y que aquello era algo natural. La misma que tenía casi diez bocas, varios animales, su propio huerto y hacía su pan a falta de un marido de provecho. Mi abuela sacaba el mal de ojo con aceite caliente y unos vasos de agua. El empacho se aliviaba con unos rezos. El sol de la cabeza con una toalla blanca y un vaso de agua. Hierbaluisa para el malestar de estómago. La ruda para ahuyentar lo malo. Saberes ancestrales enseñados de una mujer a otra en cada generación. Menospreciados con el tiempo y tratados de habladurías sin consistencia. Pero salvaron vidas cuando las mujeres quedaban aisladas en aquellas tierras yermas de largos inviernos y trabajo duro. Cuando llamar a la comadrona no daba garantía de que llegase a tiempo y que apareciera el médico era un lujo que no se podían permitir, pues había muchas bocas que alimentar y poco que repartir.

La comadrona de Bibbiana Cau nos sitúa en Norolani, un pueblo aislado de la Italia de principios del siglo XX. Cerdeña, 1917. Una guerra se ha llevado a los hombres y sólo quedan en el pueblo viejos, mujeres y niños. Además de el alcalde, el médico, el farmacéutico y los cuatro integrantes del Consejo del Ayuntamiento. Además de alguno que no consiguió pasar el examen médico. A la guerra van los de siempre, los cuales no volverán y recibirán honores o lo harán tan maltrechos que agonizarán atravesados por el dolor, abandonados a su suerte en su casa, y tan sólo su familia se hará cargo. Ningún poder humano o divino mirará a la muerte. Agacharán la cabeza y huirán, para seguir sus vidas de privilegio sin culpa alguna. Otro muerto y ya está.

Mallena es la comadrona de Norolani desde hace dieciséis años. Su madre le enseñó este saber ancestral femenino. Atiende partos y resuelve las necesidades de madre y recién nacido con paciencia y presteza. Nunca pudo ir al colegio, porque hubo que trabajar desde temprano. En cambio, se conoce el monte y sabe obtener sus dones que usa para sanar a otros.  No cobra por sus servicios, atiende a gente muy necesitada en el pueblo, cada uno le da a cambio lo que tiene, ya sea queso, licor casero o papas. Es la única mujer del pueblo sin horarios ni verdugo. Entra y sale a necesidad de día o de noche. Trabaja duro y alimenta a sus hijos con su sudor.

El marido de Mallena vuelve a casa. El pueblo se prepara para recibir a un héroe, pero cuando ven al hombre maltrecho y enfermo que les devuelven todos se apartan. Los gritos del pobre lisiado se escuchan de día y de noche desde las casas vecinas. Mujer e hijos sufren al ver a aquel desconocido atravesado por la tragedia, pues la guerra lo ha trastornado completamente. Las pesadillas no terminan y él siente el miembro amputado. Arrastra con él a su mujer que despierta sus propios demonios y difuntos.

Mallena ante la situación del marido reclama al Ayuntamiento el dinero por su trabajo de todos aquellos años. Ellos como respuesta contratan a Angélica como nueva comadrona diplomada, pero las mujeres del pueblo no la aceptan. El pulso entre los hombres poderosos y las mujeres del pueblo se encarniza y ellas ante la desgracia y sin nada que perder más que sus vidas luchan por aquel derecho.

Bibbiana Cau nos traslada a aquellos pueblos humildes de Cerdeña, donde sus gentes hablan en sardo y son fieles a sus costumbres. Ni los avances médicos ni las leyes harán que dejen de parir como se ha hecho siempre. Ni aceptarán a una forastera. La autora nos ofrece un personaje femenino fuerte y resiliente. Una mujer criada a golpes por la vida que le tocó sufrir. Echa a sí misma. Bibbiana Cau en su primera novela realiza un merecido homenaje a los orígenes de su profesión. Aquellas mujeres de saber ancestral que salvaron vidas aisladas en los pueblos antes que los médicos y trajeron vidas al mundo. Remangarse y lavarse manos y brazos. Agua caliente y paños limpios. Un buen fuego y un caldo de gallina con gachas de pan.