La pared de enfrente de Abraham Guerrero Tenorio
por Lara Vesga
No conocía a Manolita Chen antes de toparme con «La pared de enfrente» de Abraham Guerrero Tenorio, pero su sinopsis me llamó poderosamente la atención. Esta novela narra la historia de Manuela Saborido Muñoz. Cabaretera, diva queer, empresaria, activista, madre, dice la contraportada. Nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) en 1943 con el nombre de Manuel, dice acto seguido. Y, esto ya lo digo yo, forjó su historia tras hartarse de recibir palos e insultos en su pueblo, convencida de que la libertad no es de este mundo, marchándose a Barcelona, donde comenzó una nueva y fascinante vida que acabaría por llevarla a alcanzar la fama en toda España bajo el nombre de Manolita Chen.
Rellenando con imaginación aquellas lagunas en su investigación sobre esta figura, el autor emociona con un relato vibrante sobre una vida no exenta de problemas y baches en el camino, sorteados únicamente desde la fuerza interior de quien sabe que ser una misma es la clave de todo. A Manolita la insultaron por las calles de muchos lugares, en muchas ocasiones la fue a buscar la Guardia Civil a su casa con un trapo para quitarle el maquillaje, Guardia Civil que también la encerraba en celdas porque sí, porque era ella. La trataron de ocultar de todas las formas posibles, la golpearon, la humillaron e incluso la violaron. Pero también la vitorearon, admiraron y reconocieron su talento en los escenarios, cantando coplas junto a Paco España y seduciendo a los espectadores de Madrid y París en sus famosos espectáculos eróticos.
Narrada a varias voces, las de quienes compartieron más de cerca los avatares de Manolita,»La pared de enfrente», ganadora del Premio València de narrativa en castellano, es una novela ageneracional que habla sobre una mujer con sus luces y sombras, pero con los suficientes arrestos y valentía para ser ella misma en una de las etapas más oscuras de nuestra historia reciente. Travestis, prostitutas, poetas, transexuales y artistas conversan para dar forma a una historia que es en parte la historia de todas ellas y la historia de la sexualidad clandestina y disidente del franquismo. Y que es también nuestra historia, porque se ha avanzado mucho, pero aún queda un largo trecho por recorrer en la lucha por la no violencia y exclusión sobre personas y cuerpos. Aún quedan muchas paredes y muros por tirar para sobre sus escombros y cascotes poder comenzar a construir una libertad que sí sea de este mundo.
