Niñas vírgenes de Yanina Vidal.

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por Vanessa Díez Tarí

Niñas vírgenes de Yanina Vidal

Niñas vírgenes de Yanina Vidal

Doña L. nos hacía rezar cada mañana antes de empezar las clases. Fue una profesora cariñosa, pero todavía enseñaba a la antigua usanza. Nunca fui a un colegio de monjas. Mis primeros colegios fueron colegios públicos rurales. Mi abuela también me hacía rezar cada noche en la infancia. Dormía en su cuarto con una cama junto a la suya. La última vez que me confesé fue una semana antes de la comunión. Llegar limpia de pecados a un acto de fe. Tomé la sagrada hostia y tardé en conseguir deshacerla al pegarse en mi paladar. Así se alargaría mi rezo silencioso de rodillas y con las manos juntas. Después en la adolescencia empecé a hacerme preguntas, algo que todavía perdura, así decidí no confirmarme y salirme de la senda trazada. Aún cuando asisto a cualquier misa recuerdo cuando levantarme, sentarme o qué decir en murmullos. Cuando me siento en un templo buscando paz cierro los ojos, pero no hay intermediarios. Es algo interno.

En «Niñas vírgenes» de Yanina Vidal nuestra protagonista empieza a hacerse preguntas. Las primeras veces llegan y algunas se atragantan. Ella sí va a un colegio de monjas católico y debe rezar por la mañana antes de empezar las clases. A través de su abuela y su madre irá descubriendo los rituales de otras religiones. Y aunque no comprenda todo, empezará a sentir afinidad por las costumbres culturales de sus ancestros.

Nuestra protagonista es negra. Esto será un problema para algunos. La violencia atraviesa a las mujeres de esta familia. La rabia alcanzará a esta niña. Tardará años en considerar el perdón a quien le hizo daño. ¿Pero cómo culparla? Su madre ante ella en su fiesta de quince no invitó a su familia negra por vergüenza. Su abuela la llevó a un ritual de su religión, donde todos vestidos de blanco adoraban a una virgen que ella no conocía, pero era un acto ocultado a los demás.

Su madre y su abuela vivirán en una guerra eterna que ella heredará. Bisabuela, abuela, madre e hija. Mujeres de una misma familia envenenadas entre sí. Controladoras ante sus hijas para guardar su porvenir, aunque ellas mismas tengan qué callar de su pasado. La libertad de una mujer la arrastra al pecado y el diablo no puede entrar en esta familia. Llevar el cirio a la gruta de la virgen para alzar una plegaria de salvación. Guárdame a mi niña.

La ferocidad del mundo femenino a través de una niña que descubre  muerta de miedo lo que su cuerpo puede hacerle sentir, pero el goce va de la mano de la culpa y nadie puede salvarte. Pasarán años hasta que sea capaz de poner palabras a la sexualidad y al placer al haber crecido entre silencios. La mujer se debe al marido y a sus hijos y no a sí misma. ¿Y si ella en cambio quiere ser fiel a su cuerpo y a su alma?

La autora uruguaya con su primera novela ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura de Uruguay (2023) y  finalista de los Bartolomé Hidalgo (2024). Pero Yanina Vidal (Montevideo, 1987) es la segunda vez que consigue el Premio Nacional de Literatura de Uruguay, la primera vez fue en 2019 por el ensayo «Tiemblen: las brujas hemos vuelto (2020)».