Personaje secundario de Sofía Balbuena.
por Ana Valín García
PERSONAJE SECUNDARIO: UN CORO FEMENINO QUE EXPLORA LAS NECESIDADES ACTUALES DE LAS MUJERES EN EL MUNDO DE HOY.
Sofía Balbuena se alza con el IX Premio Ribera del Duero con este texto de colectividades femeninas en el que lo más invisible resulta lo más necesario.
Personaje secundario. Este ha sido quizás el libro más interrogativo que he tenido que reseñar hasta el momento. Y es que todo parte de preguntas, preguntas que sin duda todos nos hemos hecho alguna vez en nuestra vida. ¿Las elecciones que he escogido son las acertadas? ¿Realmente estoy hecha para ser madre o ser esposa? ¿Cómo hubiesen sido las cosas simplemente no optando por ninguna opción? ¿Es posible no escoger ningún camino? Y el resultado de todas estas cuestiones resonando en nuestra cabeza al final es siempre el mismo. Ya no hay vuelta atrás. Este ha sido el camino seleccionado y no queda otra que recorrerlo.
De este modo, y en cinco relatos de lenguaje sencillo y directo, Sofía Balbuena nos presenta a un coro femenino muy particular, uno que sinceramente yo aún no tengo claro si es un personaje secundario colectivo o lo que se transforma realmente en tal cosa es ese mundo interior tan espeso que todas cargan; un mundo que se opone a lo masculino, que lo circunda y lo rodea para poder ser sin mezclarse en exceso y que nos hace a todas reflexionar sobre lo que puede significar ser mujer y estar en el mundo tal y como lo concebimos actualmente.
Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve 2026, este texto nos lleva de la mano así hacia un bestiario femenino en el que el monstruo habita muchas de las veces dentro de cada una de sus componentes, siendo el centro de la historia esa lucha interna por controlarlo, silenciarlo, no dejarlo salir y a la vez evitar con ello que las rasgue por dentro.
Pero analicemos ahora los relatos uno a uno. En el primero, La mejor persona del mundo, una madre joven reflexiona sobre como le sobrevino el embarazo de manera inesperada, no buscada y sobre como habiendo múltiples alternativas ella escoge la más tradicional, la aparentemente más lógica, porque es foránea en un país que no le pertenece y no tiene otra opción más que vincularse con lo que ya conoce. El relato parte de un presente que ya está asentado y regresa al principio de la historia, al accionador, a ese embarazo no pedido; para valorar si la inercia de esa decisión fue o no la acertada.Y tal y como empieza, termina, zanjándose en el mismo punto, el de “y qué pasaría si” para acabar por consolidar esa decisión como si fuese un ciclo a cerrarse.
En el segundo relato, Avenida Rivadavia, una mujer situada en una oficina en un día de huelga piensa en su pasado amoroso y termina por rememorar a ese hombre que la hizo sentir viva y muerta a la vez, que la usó como a un tributo, igual que a muchas otras y que la llevó a escoger una vida tranquila, alejada del ruido emocional al lado de alguien aburrido pero sin posibilidad de alteración.
En el tercer relato, Tsunami, se exploran los vínculos femeninos entre un grupo de mujeres que trabajan y estudian juntas y que terminan por establecer relaciones amorosas entre sí, reconociéndose en una sexualidad antes totalmente desconocida para ellas. Se habla aquí también del peso de la soledad y de la necesidad de aligerar desde el contacto físico.
En Mejores amigos, cuarto relato, se nos cuenta la crianza entre dos primos postizos (hijos de dos mejores amigas) y como ese vínculo familiar se sobrepasa cuando surge la atracción entre ambos. Se plantea aquí el riesgo de romper las tradiciones para descubrir qué puede ocultarse detrás de una simple percepción.
Finalmente, en Felicidades, se vuelve a la temática del primer relato, la maternidad, en este caso no escogida y escogida a la vez. Un grupo de amigas explora aquí la manera de ayudar a una de ellas en su embarazo no deseado mientras otro de los personajes lidia con su dolor, al llevar años intentando el ejercicio de la maternidad sin lograrlo. Se nos plantean aquí cuestiones como la fortaleza femenina que cede ante la necesidad de otro y sacrifica su propia ruindad para atender y priorizar necesidades ajenas.
Termino esta reseña analizando el título y la imagen de la portada. ¿Somos un personaje femenino en la historia de la humanidad? ¿Podemos trascender ese papel en la retaguardia? Tal y como se nos plantea en el título de este libro y en la imagen que lo acoge parecería que no. Una mujer está sentada en camisón sobre una silla blanca, pero no se le ve el rostro, porque cualquiera de nosotras podría ser ella. Una especie de sábana llena de rosas le tapa la cabeza por completo y solo se ve un ojo que nos mira directamente desde un agujero en la tela, una rasgadura que no sabemos si es voluntaria o no. En la mano sostiene algo que yo no he podido distinguir que es, algo aparentemente electrónico pues se vincula a un cable, un cable negro que constrasta con el blanco de la silla. Y lo único que podemos distinguir de la mujer es que es una mujer y que oculta su condición porque quizás aún nos quede demasiado por avanzar para entender un mundo más femenino
