Rosa de Alfonso Casas Moreno.

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por Lara Vesga

Rosa de Alfonso Casas Moreno

Rosa de Alfonso Casas Moreno

Un duelo, dice Alfonso Casas Moreno (Zaragoza, 1981) en su nuevo cómic Rosa, dedicado a su madre, fallecida a causa de cáncer, se parece al after que sigue a una fiesta increíble. Ambos comparten no querer que se acabe lo vivido, pero a la vez ya es la mañana del día siguiente y el hechizo pronto se desvanecerá inevitablemente, dice una de las frases del libro. En Rosa acompañamos a Alfonso Casas Moreno y a su séquito de monstruos en uno de los procesos más universales que existen: afrontar la pérdida de un ser querido. Aunque como recuerda el autor, este no es un libro sobre la muerte, sino sobre la vida y sobre la celebración del tiempo compartido con nuestros seres queridos.

Profundamente emotivo, el cómic construye un relato íntimo y delicado sobre la memoria y la necesidad de convivir con la ausencia a través de un texto cercano y profundo y unas ilustraciones minimalistas y preciosas que potencian lo que se dice con palabras. Y también lo que se calla, marcando un ritmo que refleja el vacío de la pérdida. Es fácil sentirse identificado con el proceso interno que atraviesa el protagonista, alter ego del autor, intentando asumir la ausencia de su madre. Y es que todos hemos transitado, o si no lo haremos irremediablemente, ese camino de vulnerabilidad, dolor, pensamientos contradictorios, recuerdos y fantasmas que irrumpen sin aviso, plagado de obstáculos para aceptar que el mundo sigue girando y la vida continúa se quiera o no.

Alfonso Casas Moreno abre en Rosa un espacio para que cada cual conecte con sus propias experiencias, reconociendo que existen tantos procesos de duelo como personas y dejando latente el bonito mensaje de que sanar no significa, ni mucho menos, olvidar. Sin caer en clichés y dando forma a los monstruos que a todos nos han perseguido, nos persiguen o nos perseguirán, Rosa es una obra breve pero hecha para releer y releer, un refugio de empatía al que acudir y donde conectar y guarecerse en caso necesario, una forma preciosa de recordar (del latín recordis, que significa volver a pasar por el corazón), a todos aquellos que formaron parte de nuestra vida y que siguen con nosotros, aunque sea de una manera diferente.