Última escala de Santi Fernández Patón

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por Lara Vesga

Última escala de Santi Fernández Patón

Última escala de Santi Fernández Patón

Hay algo que comparto con el protagonista de «Última escala» y es el gusto por las historias. Me gusta escucharlas, me gusta leerlas, lleven a donde lleven, cuenten la versión que quieran o puedan contar y caiga quien caiga. Y en Última escala se cuenta una buena, o, más bien, varias buenas historias dentro de una, arrancando con una ruptura sentimental tras el encierro forzoso por la pandemia del Covid, que a su vez conduce a la narración de un viaje entrelazado con la memoria familiar y con cuestiones que atraviesan a muchas personas e incluso a generaciones enteras, como el desarraigo, la inestabilidad y la precariedad.

El escritor y periodista Santi Fernández Patón construye un relato íntimo y muy reconocible con la efímera “nueva normalidad” que se estableció tras la pandemia como telón de fondo. Con un protagonista desencantado y a la deriva que pretende reinventarse tras los cuarenta, impulsado sobre todo por una ruptura sentimental tras seis años de relación, la novela aprovecha para explorar las historias que contamos y que los demás nos cuentan para entendernos, para avanzar e incluso para sobrevivir. Entretenida, emotiva e inteligente, pretendiéndolo o no incita a una reflexión sobre aquellas certezas heredadas de un mundo que posiblemente ya no existe y quizá esté ya caducado.

Desde un padre ausente, pasando por una madre presente pero obsesionada con convertirse en una gran escritora, hasta una hermana que parece repetir patrones familiares y una sobrina luminosa y profundamente sabia pese a su corta edad, «Última escala» atraviesa de manera natural el peso de los recuerdos, la culpa, el perdón y la posibilidad de empezar de nuevo. Asimismo, con un suspense que se mantiene desde el principio al fin del libro, dosificado astutamente a través de pequeñas píldoras de información y pistas que van sirviendo para conformar el puzzle de lo que la novela cuenta, además de un estilo cercano que introduce al lector en la historia, más allá de otorgarle un papel como mero observador, «Última escala» deja tras su punto y final la agradable sensación que dejan las buenas historias: la de haber acompañado a unos personajes y sus avatares durante unos días, comprendiendo lo que les ocurría, por qué les ocurría y cómo les transformó todo ello, para finalmente despedirse de todos ellos con cierta nostalgia.