Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el juicio Pelicot de Manon Garcia

k

por Rubén J. Olivares

Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el juicio Pelicot de Manon Garcia

Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el juicio Pelicot de Manon Garcia

Hay libros que nacen de la urgencia y el dolor, y este es uno de ellos. La filósofa francesa Manon Garcia, profesora en la Universidad Libre de Berlín y especialista en filosofía feminista, asistió al juicio de Mazan que conmocionó a Francia: el proceso contra Dominique Pelicot y otros cincuenta hombres acusados de violar sistemáticamente a Gisèle Pelicot durante más de una década. Lo que Garcia trajo de vuelta no es un mero testimonio periodístico, sino una reflexión filosófica profunda sobre una pregunta que atraviesa toda su obra y que cobra aquí una dimensión casi insoportable: ¿es posible la convivencia entre mujeres y hombres?

El libro se construye sobre una tensión fundamental: por un lado, las anotaciones que la autora tomó durante las sesiones del juicio, con su carga de realidad brutal; por otro, el análisis filosófico sobre la dominación, el consentimiento, la sumisión y las estructuras de poder que sostienen el orden patriarcal. Garcia no busca el sensacionalismo ni el morbo. Su mirada es la de quien sabe que en ese tribunal no sólo se juzgaba a cincuenta hombres, sino todo un sistema de relaciones que hace posible —y a menudo tolera— la violencia sexual.

Lo más perturbador del análisis de Garcia es su identificación de lo ordinario en lo extraordinario. Los acusados no son monstruos excepcionales, sino hombres de todas las edades y profesiones: bomberos, enfermeros, periodistas, padres de familia. Hombres normales que, en palabras de la autora, evidencian que el problema no es individual sino estructural. Esta normalidad es precisamente lo que hace el caso tan inquietante y lo que permite a Garcia expandir su reflexión más allá del juicio para cuestionar la educación masculina en el deseo, la socialización en la violencia y la invisibilización sistemática del dolor de las mujeres.

Hay un momento a lo largo del libro que hace que el lector se quiebre ante lo que está leyendo y comprenda, sino lo había hecho, que es lo que Manon Garcia trata de denunciar cuando habla de la “cultura de la violación”: uno de los acusados confesó que contó a sus amigos lo que había hecho, y éstos le respondieron que aquello era una violación. Sin embargo, ninguno denunció, ninguno intervino, nadie recriminó nada. Siguieron con su vida y con su amistad como si nada. Este fragmento condensa una de las tesis centrales del libro: la complicidad silenciosa de una sociedad que conoce la violencia hacia las mujeres pero prefiere mirar hacia otro lado.

Garcia escribe desde una posición personal y profesional compleja. Se declara mujer de casi cuarenta años, madre, que desearía existir sin el temor constante a la violencia de género. Ha vivido los avances del #MeToo y también la reacción machista que intenta revertirlos. Su prosa combina el rigor académico con la urgencia emocional, lo que hace que el texto sea accesible sin perder profundidad. No se trata de un ensayo árido, sino de una conversación honesta con el lector sobre cuestiones que nos conciernen a todos.

El libro dialoga con sus trabajos anteriores sobre la sumisión femenina y las injusticias de género en la sexualidad heterosexual, pero aquí hay algo más: una herida abierta. Garcia dudó en asistir al juicio, pero supo que como filósofa y como mujer tenía la responsabilidad de estar presente y de pensar sobre lo que allí ocurría. El resultado es un texto que no ofrece respuestas fáciles ni consuelos, pero que plantea las preguntas correctas.

Entonces, ¿por qué deberías leer este ensayo? Aunque sea una lectura incómoda, es un libro necesario para comprender las revindicaciones del feminismo contemporáneo, que se apoya en la filosofía política y nos permite entender mejor el mundo que habitamos. Debería ser lectura obligatoria para los hombres, a quien Manon Garcia invita a reflexionar sobre sus propias construcciones del deseo. Como señala Garcia respecto al deseo masculino de algunos hombres hacia las mujeres, desear tener una sirvienta y una pareja sexual no es amar a alguien.

El gran mérito de «Vivir con los hombres» es su capacidad para conectar un caso judicial específico con preguntas universales sobre el poder, la dominación y la posibilidad misma de relaciones equitativas entre los sexos. No es un libro optimista, pero tampoco es derrotista. Es, ante todo, un ejercicio de lucidez necesaria en tiempos en que la violencia machista sigue siendo estructural y cotidiana. Garcia nos recuerda que el cambio no vendrá sólo de modificaciones legales, sino de transformaciones profundas en la educación, en los medios, en las narrativas que contamos sobre el amor y el deseo, en cómo contribuimos a transformar el concepto social de una relación equitativa entre hombres y mujeres.

La vergüenza, como dijo Gisèle Pelicot, debe cambiar de bando. Y este libro contribuye precisamente a ese cambio necesario.