YORCH presenta su nuevo disco Curso de Armonía Persecutoria

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por Sandro Maciá

 

Jorge Naranjo. Foto: Lola García Garrido

Jorge Naranjo. Foto: Lola García Garrido

YORCH: “He escrito canciones antes que guiones”

 

El artista sevillano presenta Curso de Armonía Persecutoria

 

¿Qué puede hacer un sevillano en Madrid durante casi veinte años? De todo. Y todo bonito. Al menos este ha sido el caso de Jorge Naranjo, conocido así en el mundo del cine pero aclamado como YORCH en su faceta musical, en una esfera que cobra estos días especial relevancia gracias al lanzamiento de “Curso de Armonía Persecutoria” (Lunar Discos, 2026), su nuevo Lp, su tercer vástago en una descendencia artística que empezó a tomar forma cuando publicó en 2016 “Cosas y preciosas y Relojes Económicos” (Lunar Discos) y que ha continuado generando un bonito árbol genealógico conformado por su EP “Y la nave va” (Lunar Discos, 2019) y por su segundo trabajo de larga duración,“Fabulonia” (Lunar Discos), una colección de diez criaturas que salió a la luz en 2022 con temas como «Artista de la pista» o «Da igual», captando la atención de medios de todo el panorama nacional.

¿Familia numerosa, pues? Eso es, porque con el citado “Curso de Armonía Persecutoria” consigue la tripleta de Lps. Y lo hace a lo grande, ofreciendo un disco nacido entre septiembre de 2023 y la Navidad de 2024, con incorporaciones de la talla de Laura Solla (Nat Simons, Ariel Rot,  artista invitada de Coldplay…) a la guitarra, con el apoyo de la Aceleradora de Proyectos Musicales de la Fundación Paideia y con la preciosa cocción que siempre otorga el búnker de Paco Loco. Un tratado de diez temazos mezclado por Jordi Gil (Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Rocío Márquez) y masterizado por Brian Lucey (The Black Keys, Lucinda Williams, Liam Gallagher). Un decálogo de melodías que varían en forma pero sin perder una identidad común. Un compendio de cortes que suenan, en palabras del propio YORCH a “un pop que se arrima al rock, la electrónica, el flamenco, el folk e, incluso, la copla”. Un discazo que, como él mismo comparte con nosotros en esta entrevista, es, ante todo, “un disco de YORCH, signifique eso lo que signifique”.

¡Veamos!

Curso de Armonía Persecutoria de YORCH. Foto: Ezequiel Barranco

Curso de Armonía Persecutoria de YORCH. Foto: Ezequiel Barranco

¿Qué significa “Curso de Armonía Persecutoria” dentro de tu trayectoria?

Para empezar, es mi tercer LP, después de “Cosas preciosas y relojes económicos” (2018) y “Fabulonia” (2022), además del EP “Y la nave va” (2018), y siento que por un lado es la confirmación del proyecto pero, al mismo tiempo, tiene algo de fin de ciclo. Además, es un disco donde también he empezado a sentirme más seguro investigando universos sonoros, pero sin perder de vista este síndrome del intruso con el que vivo.

¿A qué suena “Curso de Armonía Persecutoria”?

 A muchas cosas y a una sola. Creo que, gracias al trabajo de Paco Loco en el estudio, y al de Jordi Gil en las mezclas, hemos conseguido un álbum de diez canciones donde cada una bucea en otras posibilidades armónicas a las que no estaba acostumbrado, pero sin perder la identidad. Es un disco de pop, pero un pop que se arrima al rock, la electrónica, el flamenco, el folk e, incluso, la copla. Y siempre sin perder de vista que es un disco de YORCH, signifique eso lo que signifique. En ese sentido, creo que son las letras y la voz las que se encargan de que dicha exploración tenga un lugar común.

 ¿Cómo nace y cómo se gesta este disco?

El disco nace poco después de grabar “Fabulonia”. En ese momento atravesaba cierta crisis a nivel creativo-musical. Me sentía anquilosado en fórmulas ya hechas y creí que no haría más discos por falta de recursos, talento o qué sé yo. Fue entonces cuando una amiga me habló de un taller de creación y composición de canciones que organiza Miguel Marcos en la Escuela de Escritores. Me apunté, y allí me vi obligado a buscar letras de una manera a la que no estaba acostumbrado y a probar texturas armónicas que no solía manejar. Así surgieron temas como “Fiestas de bailar”, “Munchausen” o “Tequila rosa”. Y claro, el título del disco, pero eso te lo cuento en la siguiente pregunta.

El título es bastante sugerente. ¿Qué hay detrás de “Curso de Armonía Persecutoria”?

El título es un juego de palabras entre el curso que decía anteriormente y mis propias dificultades para aprehender algunos conceptos armónicos. En mi clase había bastante gente con buena base de solfeo, algo que yo no tengo, y no les costaba nada entender las operaciones matemáticas que a veces supone un pentagrama. Siempre me he sentido muy cómodo haciendo letras, pero esa parte se me hacía bola. Supongo que también tiene algo sobre la obsesión y, por supuesto, sobre la manía persecutoria.

Ya conocemos algunos adelantos como “Maldita dinamita”, “Tequila rosa” o “Fiestas de bailar”. ¿Cómo dialogan estos temas con el resto del disco?

Esto es algo que tendría que decirlo el público, pero creo que muy bien. Justo por eso han sido adelantos, porque estoy especialmente contento ellos y con lo que significan dentro del disco. Hasta “Maldita Dinamita”, que es un tema que me llegué a plantear dejar fuera. Por suerte, fue Paco Loco el que dijo: “Esa canción no la quites”. Y acertó.

En Y la nave va, EP que vio la luz en 2019, después de tu debut,  ya se percibe una evolución clara, y de ahí sigue la progresión… Pero, a nivel compositivo, ¿ha habido cambios en el proceso de dar forma a las canciones en este nuevo disco respecto al anterior, Fabulonia (2022)?

Ha cambiado todo y nada. Hasta los temas que surgieron como ejercicios han acabado siendo resultado de la vida y de cierta necesidad de creación inmediata y espontánea.

Y tirando de autocrítica, mirando hacia atrás, desde tu primer disco hasta hoy, ¿qué dirías tú que se ha mantenido intacto en YORCH y qué ha cambiado por completo?

Jesús Gutiérrez, el bajista. Es el único que ha grabado en todos mis discos y tocado en casi todos mis conciertos. El resto ha cambiado. Hasta mi pelo. Ahora me lo tiño. 

En otros discos has colaborado con compañeros de la talla de Miguel Rivera o Álvaro Suite. Y en este, cuentas con el “featuring” de Nat Simons ¿Qué te aportan las colaboraciones a nivel creativo? 

Cada colaboración es una nueva capa creativa y un cerebro que se adhiere al acto de producir una canción. Quizás por mi trabajo en el cine, una profesión eminentemente en equipo, o porque siempre he sido un tipo bastante social, siempre me ha gustado rodearme de gente. Es la forma más sencilla de hacer crecer las canciones y, al mismo tiempo, la más divertida a la hora de currar. Estoy convencido de que, al menos en mi caso, es la única manera que tengo de llegar a sitios donde jamás podría llegar solo. Asimismo, considero igual de importante una colaboración vocal como la participación de una guitarrista como Laura Solla, un baterista como Rojo Rodríguez o los arreglos musicales de Agustín Orozco, que se ha encargado de ayudarnos a escribir los vientos. 

¿Y, concretamente, cómo ha sido colaborar con la gran Nat Simons? 

Un lujo. Y muy fácil. Nat es colega desde hace tiempo, además de una genia generosa que dijo que sí en cuanto escuchó la canción. Luego sólo tuvimos que acordar el día y pedirle el Uber. Vino al estudio. Grabó con una facilidad inaudita y esa sonrisa tranquila y, minutos después, se fue en otro Uber. Fui a su concierto en la Changó. Es un cohete. 

Lo mismo ocurre en cuanto a la producción, mezcla y masterización… Has sabido rodearte de grandes profesionales. ¿Cómo ha influido eso en el resultado final?

Fundamental. Cada nombre que aparece en los créditos del disco está ahí porque, de un modo u otro, ha puesto su cabeza y su corazón para que este álbum sea lo que es.

De hecho, uno de los “cracks” con los que repites es Paco Loco. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación artística con el tiempo? 

Con Paco hemos grabado ya dos álbumes. En el primero recuerdo que llegué nervioso, un poco inseguro ante su figura y con sus dos libros estudiadísimos al dedillo pensando que así podría entenderle (un poco es así), pero desde el primer día hubo una conexión clara y directa que generó confianza creativa y personal. Me encanta trabajar con Paco y es una experiencia divertida a todos los niveles. Él dice que es una Universidad, pero para mí es un parque de atracciones. La diferencia con el anterior disco es que ahora  hemos decidido que las mezclas las haga Jordi Gil; así, todo el tiempo invertido dentro el estudio de Paco se podía dirigir a grabar, inventar y probar cosas con él. Después, es Jordi quien ha aplicado su precisión quirúrgica para que todo estuviera en su sitio. 

¿Eres de los que dejan que técnicos, productores, etc., “metan mucha mano” en tus canciones? ¿Te dejas aconsejar?

Todo el tiempo. Al estudio llego con las canciones desnudas, con una demo en el móvil donde solo hay acústica, voz y algún arreglo de teclado. Y a partir de ahí, nos ponemos a inventar desde casi cero. Tanto Paco como Jordi como cualquier integrante de la banda o del proceso han claves en el desarrollo del álbum. Y creo que siempre ha sido así. Recuerdo, por ejemplo, el single independiente que sacamos en 2024, “Hoy (He salido a pasear)”, producido por Miguel Rivera (Maga). Yo canté y grabé una acústica de referencia que, con criterio, Miguel quitó. Solo dejó la voz. El resto es suyo, así que la canción no sería así sin su aportación, que es (casi) absoluta. Y en este disco, con Paco Loco, también ha sido así. Por ejemplo, al afrontar “Sevillana a mi padre” le dije que no sabía cómo enfocarla. Sí sabía que no quería una sevillana clásica y tampoco una rockera. Propuso contactar con un pianista de San Fernando que le podría dar un toque coplero interesante. Llamó a Rafa Foncubierta. Y con él, encontramos el camino.

Viniendo del éxito de discos como Fabulonia, tu anterior trabajo, que tuvo muy buena acogida. ¿Sientes ahora presión al lanzar este nuevo trabajo?

Aunque me halaga ese comentario, no siento que “Fabulonia” fuera un éxito. De hecho, con él tuve ciertas expectativas que no se cumplieron. Sin embargo, creo que ha sido un aprendizaje íntimo que me ha permitido hacer “Curso de armonía persecutoria” sin prisas ni expectativas. No he sentido ninguna presión más allá de mi propia obsesión por llevar a cabo el trabajo lo mejor posible dentro de mis posibilidades económicas y artísticas. Eso ha permitido que ahora mismo esté tranquilo, satisfecho y, quizás, feliz.

A lo largo de tu carrera has pasado por festivales como el Interestelar, has abierto para artistas reconocidos como Ángel Stanich o Juan Perro y has tenido no poca presencia en medios importantes. ¿Cómo ha influido todo eso en tu evolución?

Cada paso que hemos dado me ha ayudado a creer un poco más en mi carrera como músico y a pulir cierto síndrome del impostor que me acompaña desde el primer disco.

Además de músico, eres cineasta. ¿Cómo se cruzan ambas disciplinas en tu trabajo?

Creo que ese síndrome del impostor que mencionaba antes tiene mucho que ver con eso. Es curioso, porque hace poco caí en la cuenta de que he escrito canciones antes que guiones, pero siempre me ha costado aceptar que, además de guionista o director, soy músico. Al mismo tiempo, estoy seguro de que esto no me pasaría si en lugar del cine me dedicara a otra profesión menos artística y, de algún modo, también he sentido esa extrañeza por parte del gremio e, incluso, algunas amistades. Sin embargo, para mí es todo parte de una única cosa, y esa es escribir. En el fondo, solo soy un escritor que, a veces, escribe una canción; otras, un relato; otras, una película. Y en ocasiones, utiliza los acordes o las imágenes para darle formato a esa narración. Azorín decía que escribir es poner una cosa detrás de otra. Es lo que hago, pero usando distintas cosas.

¿Y cómo se compaginan las críticas? 

Conozco a artistas a quienes les afectan mucho las críticas y les he visto sufrir mucho por ellas. No es mi caso. Tengo la suerte de que no me duelen. Cuando surgen, suelo haber reflexionado tanto sobre la obra que conozco bien sus defectos y sus virtudes..

Si tuvieras que definir el disco con una sola imagen o sensación, ¿cuál sería?

Cualquiera de los increíbles diseños de portadas que ha creado Ezequiel Barranco. 

¿Y si tuvieras que compararlo con una película? 

Quizás por las portadas de Ezequiel, este álbum tiene algo que me recuerda a Fellini. 

¿Qué esperas que sienta el/la oyente al escuchar Curso de Armonía Persecutoria?

Me encantaría que, al menos una vez, lo escucharan en orden, de principio a fin, desde ese “Érase una vez un cuento” con el que se abre “Technicolor” hasta el último verso de “La décima”: “…en cada cuento de amor”. Creo que el álbum contiene una narración compuesta de distintas tramas, una historia distinta para cada persona que lo escuche, pero esa historia solo termina de crearse en la escucha completa y ordenada del disco.

¿Cuándo vamos a poder escuchar este disco en directo? 

En otoño.

¿Dónde podemos encontrar toda la info de tus proyectos y conciertos? 

Aquí está casi todo, canciones, redes y otros cachivaches: https://linktr.ee/yorch.band 

Y…¿qué viene ahora para YORCH?

En la primera pregunta, comentaba que este disco tiene algo de fin de ciclo, y es verdad que siento esto desde hace tiempo. Sin embargo, un periodista me corrigió hace unos días en otra conversación. Según él, no estoy cerrando un ciclo, sino abriendo uno. En realidad, es una manera diferente de decir lo mismo, pero me gusta más esa forma de verlo. Además, creo que tiene razón… pero todavía no podemos decir a dónde vamos.

Lo que tenemos claro es que vaya donde vaya YORCH, ¡allí estaremos!