EL INTERVINIENTE PETRONI, DE FRANCISCO DEL POZO.

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por Lara Vesga

Frank Wells no es ni la sombra de lo que fue. Ya nada queda del afamado profesor de Derecho Penal, del secretario judicial más competente, del creador de Themis, el sistema informático modernizador de los juzgados. Hace mucho tiempo que se acabaron las condecoraciones, los titulares en prensa y las palmaditas en la espalda. Todo eso se esfumó. Y el culpable tiene un nombre y un apellido que están grabados a fuego en su cabeza: Vicenzo Petroni.

Por su culpa llegaron la desidia, el desinterés en lo laboral, el insomnio, las apuestas en tugurios de mala muerte y una dieta estricta a base de ginebra. Porque Petroni se llevó lo único que daba sentido a la vida de Frank Wells. El borracho, maltratador y violento Petroni se llevó a su hija pequeña. Y esa herida no solo no ha cicatrizado pese a los años transcurridos, sino que cada vez sangra más. La obsesión de terminar con el ser despreciable que acabó con la vida de su hija y prácticamente con la suya propia guía los pasos de Wells y le lleva a tomar unas decisiones cada vez más nefastas.

Si a ello se suma un divorcio en muy malos términos, un chantaje de un miembro de uno de los cárteles más sanguinarios de México, un nuevo magistrado que quiere volver a los tiempos de gloria del juzgado y está dispuesto a levantar todas las liebres agazapadas en él por la corrupción, y una deuda gorda, muy gorda, gordísima, cuyo tiempo de liquidación está a punto de expirar, el cóctel acaba siendo más que explosivo.

Algo sabe Francisco del Pozo (Sevilla, 1973) sobre el mundo del poder judicial. Licenciado en Derecho y funcionario en el sector de la justicia, “El interviniente Petroni” es su ópera prima, basada en años de experiencia profesional. Sin embargo, no solo se aprecia el conocimiento sobre el mundo judicial del autor sino también sobre el musical y el cinematográfico, ya que el libro está escrito en muchos párrafos a modo de guión de película, lo que hace que no solo se lea sino que también se vea y se escuche una banda sonora casi constante de fondo.

Por su lado, la trama arrastra al lector al profundo pozo por dónde va cayendo Frank Wells y acaba contagiando el agobio y la desesperación que siente el protagonista al ver que todo se tuerce cada vez más, que nada mejora sino que todo empeora y que la posible salvación y el comienzo de una nueva vida podrían ser solo quimeras.

Los personajes que rodean a Wells y los que van a apareciendo en su vida contribuyen a crear una atmósfera aún más sofocante. Y, sobre todo, el vil Petroni inunda la novela desde su título. Está cuando aparece en sus líneas y mucho más cuando no. Tanto su presencia como su ausencia consumen al protagonista y por extensión al lector. Tanto que Petroni acaba siendo más que una persona, una voz de la conciencia. Una voz que Frank Wells no tiene los arrestos suficientes para apagar. Una voz que perdura en el lector mucho después de terminar la novela.

Solo una compañera del juzgado excesivamente complaciente, una amante mucho más joven que él, un magistrado que cree en su redención y un exalumno y actual amigo relajan los ánimos y aportan la nota de humor de “El interviniente Petroni”. Ellos son el máximo apoyo de Wells. Al menos hasta que se demuestre lo contrario…

“El interviniente Petroni” retrata un mundo en el que en un abrir y cerrar de ojos una persona puede pasar a ser una silueta de tiza sobre el suelo, y lanza una crítica velada acerca de la lentitud de la justicia, de la responsabilidad que en ello tienen quienes cortan el bacalao, y el olvido al que por ello quedan sometidas en muchos casos víctimas que acaban siendo un simple número de expediente que coge polvo en un archivador.

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