Almas silenciosas, de Ann Cleeves.

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por Lara Vesga

Vera Stanhope, una inspectora de policía poco o nada convencional, descubre el cadáver de una mujer en la sauna de un gimnasio al que hace poco que se ha apuntado para intentar perder peso. No es políticamente correcto reconocerlo, pero a Vera le emociona el caso de asesinato que se abre ante ella, aburrida de lidiar con conflictos de poca monta.

¿Quién mató a Jenny Lister? Esa es la pregunta que tratará de responder Stanhope junto a su equipo, aunque al principio solo darán palos de ciego. Lister era una trabajadora social intachable, una profesional admirada en su sector, dedicada a casos de acogida y adopción de niños. En el plano personal, la víctima era una madre perfecta con una inmejorable relación con su hija Hannah. Amigos, vecinos y exparejas sólo tienen buenas palabras para ella. Entonces, ¿quién y por qué la ha asesinado? ¿Cuál ha sido el móvil del crimen?

“Almas silenciosas” es un ovillo que habrá que ir desmadejando capítulo a capítulo para descubrir las historias de todo el entorno de Jenny Lister, así como a algunas personas que tuvieron un papel importante en su pasado. Y otras, ocultas, que quizá lo tenían en su presente. Cuando la investigación lleva a que se desvelen algunos secretos, son varios los que resultan sospechosos. Puede que Lister solo viera algo inapropiado en el gimnasio del hotel donde fue asesinada. O puede que algunos de los implicados en los casos en los que había trabajado a lo largo de su carrera quisieran revancha por algún motivo.

Infancias traumáticas, muertes dramáticas, secretos familiares y relaciones paterno-filiales complicadas son los ejes sobre los que se vertebra la tercera entrega de la saga literaria protagonizada por Vera Stanhope, de la autora Ann Cleeves (Reino Unido, 1954). Y para quitarle hierro a la situación y aliviar la presión está la cotilla inspectora Stanhope y su falta de tacto y espontaneidad, que dará más de un momento hilarante en la novela. La policía, hija de un taxidermista ya fallecido del que no guarda muy buenos recuerdos, pasa de todo salvo de su trabajo. No le interesa su aspecto físico, bastante desaliñado. Su dieta consiste básicamente en alcohol y comida precocinada. Y tampoco se esfuerza mucho en cultivar su vida social. No tiene pareja y el único que podría considerar algo parecido a un amigo es su segundo a bordo, el policía Joe Ashworth, quien en más de una ocasión más que por placer acompaña a su jefa por huir de su hogar, plagado de niños pequeños y gritones.

A priori la escena del crimen de “Almas silenciosas” no es tan truculenta como lo suelen ser en las novelas negras, que pretenden generar un golpe de efecto fuerte en el lector. Sin embargo, capítulo a capítulo se van descubriendo los secretos porqués, y los giros hacen que sea imposible dejar de leer el libro hasta haber descubierto quién mató a la irreprochable Jenny Lister.

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