EL MAÑANA SIN MÍ de Emili Bayo.

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por Lara Vesga

Cuando la bella Elena Izbasa, toda una institución en Lleida, es encontrada muerta en el cementerio de la ciudad con un impacto de bala de un arma antigua, su escasamente afligido viudo, el famoso anticuario Justo Aragay, utiliza sus contactos en las más altas instancias para que sea el sargento Abel Claramunt quien se encargue de encontrar al asesino de su esposa.

Claramunt, que pese a su sobresaliente currículum ha sido condenado por sus superiores a la penitencia de encargarse de la montaña de casos sin resolver de la comisaría debido a su carácter conflictivo, recibe este encargo como una oportunidad de despedirse por todo lo alto. Porque el sargento sabe que tiene los días contados.
Sin embargo, el empeño de Justo Aragay por reclutar a Claramunt se acabará volviendo en su contra cuando se descubre que su esposa tenía un amante y que él los había descubierto. Entonces Aragay acabará convirtiéndose en un sospechoso demasiado evidente que jugará al despiste con los mossos d´Esquadra haciendo uso de sus habilidades como experto jugador de póquer.
Mientras todo esto sucede y no muy lejos de Lleida, Laura, la hija adoptiva del anticuario y de la difunta Elena, se mantiene oculta con una falsa identidad huyendo de un pasado que nunca ha dejado de perseguirla y que está a punto de volver a alcanzarla de la forma más casual posible.

“El cadáver apareció anclado entre dos tumbas”. Emili Bayo (Lleida, 1962) no espera más allá de la primera línea de El mañana sin mí para introducir al lector en la trama, de una forma extraordinariamente visual. En su segunda novela en castellano, el autor catalán ha escrito una historia original en donde ante todo sobresale la construcción de unos personajes muy potentes que le han valido la concesión del Premio València 2019 Alfons El Magnànim de Narrativa.
El cínico Abel Claramunt, con un empate a dos de matrimonios y divorcios, una complicadísima relación con su padre y una difícil situación personal que marca la historia de principio a fin ejerce como uno de los ejes vertebradores de El mañana sin mí. Su compañera y prima Azucena es el segundo de a bordo ideal, dedicada a frenar los peores impulsos de Claramunt y aportando la sensatez que a este le falta, salvo cuando se pone al volante, momento en el que ella también desbarranca. El turbio anticuario de halitosis fulminante Justo Aragay y su esposa, incluso fallecida, son dos personajes que dan también mucho juego. Y su hija Laura, que copa parte de los capítulos, ofrece estructura al libro gracias a su inteligencia y su potente y camaleónica personalidad.
Pero en la novela de Bayo no solo tienen peso los protagonistas. Hasta secundarios como podrían parecer la sirvienta, la niñera, el frágil hermano biológico de Laura o el taxista tendrán un papel trascendental en el devenir de los acontecimientos, y todo ello envuelto en la niebla que casi nunca abandona la ciudad de Lleida.

 

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