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Diario con sabor a mujer

Por Vanessa Díez

Vivir por encima de tus posibilidades siempre ha resultado estresante y más cuando otros dependen de ti. Querer ir a la moda, poner sobre la mesa alimentos delicatesen o hacer regalos en cualquier ocasión. Ser la buena anfitriona del manual no siempre se corresponde con la cuenta bancaria, uno debería ser realista. Pero como de sueños también se vive nuestra protagonista intenta codearse con círculos sociales exclusivos para sobrellevar el casi aislamiento social que significa vivir en el campo lejos del bullicio de Londres, para ello debe ocultar a su esposo en ocasiones que lleva joyas de la familia al prestamista o que realiza envíos a tiendas de segunda mano con su ropa para hacer bailar las facturas e ir sorteando las reclamaciones de los proveedores cuando existe algún descubierto por su ligera cabeza.

E.M. Delafield a través de un diario fresco y ameno nos descubre el día a día de una familia de clase media de provincias inglesa, revelándonos sus estrecheces, aunque tengan servicio, al querer asistir por su parte a eventos a los que es invitada, para los cuales en muchas ocasiones considera que no tiene que ponerse y aún teniendo problemas de liquidez acaba encontrando la forma de conseguir sus objetivos. Todo aquello que normalmente callaría como dama educada ante sus invitados nos es revelado, sus pensamientos contradictorios sobre la maternidad, sobre lo que querría decir realmente ante alguien que no ha sido invitado en su casa y al que ofrece un té por cortesía, ante una visita que se ve obligada a realizar y todo aquello que calla y ante sus actividades como mujer en la comunidad, ya sea con el Instituto de la Mujer o con las que realiza junto a la mujer del párroco.

Diario de una dama de provincias es de lectura fácil y divertida en algunos de sus pasajes. Nos hacemos una idea de los habitantes de aquella casa, pues no existe ninguno que no caiga sobre la ácida descripción de la dueña de la casa, pues todo la supera en cierta medida: los niños, la nana francesa de su hija, la cocinera e incluso su marido. Un matrimonio bien avenido, pues realmente no se dicen todo aquello que piensan, ahorran en altercados, ella acaba haciendo lo que quiere y él aunque se queja de alguna de sus ideas acaba cediendo en la mayoría de las ocasiones. Ella sueña con otra vida, menos gris, en la que pudiera viajar sin sentirse culpable por dejar a los niños y a su marido, en la que pudiera comprarse algún vestido sin justificarse, en la que pudiera alejarse de todo. Las responsabilidades diarias a veces nos superan a todas, todo depende de cómo nos adentremos en los acontecimientos.

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