A mi no me iba a pasar de Laura Freixas.

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por Vanessa Díez

Desde el desayuno habían acusaciones, ni siquiera había tomado el primer café de la mañana y ya los oía atacándose. Desde la adolescencia albergaba rechazo a su forma de tratarse. No quiero esto, me decía. El matrimonio si es esto no es para mi, no de esta forma. A mi no me va a pasar. Después encontré otro tipo de relación con un buen hombre callado como decía mi abuela “búscate un buen chico trabajador”. Relación estable, piso propio de él, mantenida y tan sólo se esperaba de mi que fuera una buena chica y tuviera hijos. Aquella jaula de oro me asfixiaba y tuve que caminar por mi propio foso para darme cuenta. Al salir de una depresión me dije que aquella no era mi vida. Empecé de cero después de trece años de relación y cinco de convivencia. No sabía que iba a pasar pero no podía vivir una mentira y morir día a dia.

En “A mi no me iba a pasar” Laura Freixas hace un recorrido por su vida y sus contradicciones, sus miedos y sus sueños. Los padres nos ofrecen la primera muestra de realidad. A través de su forma de tratarse representaremos la vida. En la infancia seremos espectadores pero como adultos seremos partícipes y desarrollaremos sus enseñanzas sin darnos cuenta. El padre callado y burgués con una mujer que está por debajo de su posición social (las mujeres de su posición no lo aceptaron), así él se lo hace notar, necesita engrandecer su ego. Ella cumple su papel pero termina evadiéndose con la lectura. Después la hija representará este tipo de matrimonio con un hombre callado y con dinero, se lo hace notar, además él se distancia y ella se evade. Ella termina ahogándose en este tipo de relación y más desde que ella debe renunciar a su trabajo para dedicarse a la crianza, aunque encontrase muros en la editorial la ayudaba a respirar al tener una vida fuera del hogar, “cada mañana me pongo un cuchillo entre los dientes” jugando con las reglas de los hombres y al final renuncia con las reglas de las mujeres, ella primero rivalizaba con ellos y después valora apostar por su presente.

En los primeros tiempos de su juventud lo acepta como marido, existe el miedo a quedarse sola ¿qué hace una mujer sin marido y sin hijos? Vivir. Pero como mujeres nos inculcan este tipo de miedos. Renuncias a una carrera profesional por no estar sola. Es más tarde cuando ella toma conciencia y valor para romper con las cadenas de su infelicidad. Una hace la gran apuesta, va con todo, y si sale mal hay que ser valiente para seguir adelante aunque te quedes sola de verdad. Una relación desigual se paga, pues establece roles de poder, el que trae ingresos puede dominar al otro.

Laura también debate sobre la maternidad, se cuestiona y no calla nada. Quiere tener hijos sí, pero ella quería jugar con las cartas de su padre y no con las de su madre, las cartas de mujer suelen estar marcadas. Ella quería trabajar fuera de casa y traer el dinero, llegar y dar un beso a los niños antes de acostarse, compartir unos juegos quizá, pero no sufrir las fiebres altas ni cambiar pañales. Tener hijos sí, lo que ella no quería era ser madre, quería ser padre. En el camino hacia la maternidad debe enfrentarse a los obstáculos, hablamos de infertilidad y endometriosis, de la regla y de la incertidumbre, de dolor y tratamientos, del deseo de tener y no saber si llegará, “ese deseo visceral de entregarse, de ser fértil, de madurar y florecer, dar fruto”, de la obsesión por conseguir el embarazo y la lucha, de ver mujeres embarazadas por todas partes a su alrededor y de no saber qué vendrá después de un test positivo. Y se encuentra sola sin referentes dónde leer sobre la experiencia más intensa de su vida. Así narra su cesárea y su descubrimiento del mundo femenino al que no había querido pertenecer.

Además como mujer artista existe el miedo al fracaso y la correspondiente renuncia. Se deja de escribir por los demás. Todo se aplaza. Como artistas es nuestra parte racional nuestro mayor enemigo, es quien mata a nuestra obra creativa, pues todo es más importante, siempre nos sacrificamos. Matamos a nuestros hijos creativos en favor de nuestros hijos de carne. “Mantenerse al margen y en formol” y si no encajar un puzle que a veces nos supera por momentos. ¿Cómo gestionar la emoción visceral y contradictoria? ¿Cómo digerir la mentira que nos hicieron creer? La igualdad aún queda lejos queridas y cuántas más voces distintas me alcanzan más claro lo veo. Pero si no se siembra siempre será como dijo Esther Tusquets, yo de pequeña pensaba que los hombres viven y las mujeres leen. Hay que proteger la vida propia, nuestro rincón.

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