El coste de vivir de Deborah Levy.

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por Vanessa Díez

El espejo no miente. Te devuelve el reflejo de en qué te has convertido. El paso del tiempo no se detiene. No es fácil reconocer lo que se ha ido perdiendo. La oscuridad de tus cabellos ya no es absoluta. Ha caído la venda de los ojos. La angustia sube por la garganta. Se desencadenan los fantasmas guardados. Has abierto la puerta y ya no volverán hasta tiempo después. Le recibes mostrándote vulnerable, como nunca antes. Le pides que asimile cómo te hizo sentir. El hecho concreto ya es lo de menos. Él se convierte en espectador de tu llanto. Frío te deja deambular por la habitación. Entras y sales de las estancias, de la habitación al baño y vuelta, al final vuelcas un llanto profundo de dolor sobre la almohada, una herida que no es tuya. Al menos esta vez fuiste capaz de escupir la oscuridad y él tras dejarte desahogarte se acercó y reconoció “siento haberte hecho sentir así, no pensé que fuera tan importante “.

“El coste de vivir” de Deborah Levy nos habla de un nuevo comienzo. En un momento de la vida de una mujer en que supuestamente ya lo tiene todo resuelto vuelve a la casilla de salida. Se enfrentará al cambio sola y no volverá a ser la misma. Mucha gente no está contenta con su vida y se queja sin tomar medidas al respecto y siguen con sus parejas o trabajos aunque les causen una úlcera y les alejen de sus sueños. Así se desperdician vidas pero vivir un sueño es de valientes, porque no es fácil salirse del tipo de vida que se supone debemos llevar, y si te sales del camino hecho no debe importarte que opinen los demás ni que juzguen tu locura.

Deborah Levy se enfrenta al cambio de casa, abandonando la casa familiar y yendo a un piso con su hija, a la necesidad de mantener las facturas con un trabajo creativo remunerado, la manera de vivir, el hábito de escribir y encontrar un lugar para ello, abastecer y cargar con la compra, las nuevas relaciones y las amistades de siempre que no mienten, la soledad impuesta y los fantasmas del pasado, la vida de madre y la vida de escritora. Sacar la familia adelante.

Se pregunta sobre la representación agotada de la feminidad. La mujer era serena y aguantaba. Aguantaba y sufría. No tenía voz. Y afirma “cabía la posibilidad de que la feminidad, tal como me la habían enseñado, hubiera llegado a su fin”. Salirse del personaje y detener la historia. Es un personaje difícil de interpretar, está en lo cierto, papel que ha enloquecido a algunas. Ella nos muestra a sus referentes como Simone de Beauvoir o Marguerite Duras. Vivir sin amor es una pérdida de tiempo pero es complicado. Una vida en común necesita un trabajo constante mutuo y a veces las dos partes no están dispuestas. Nos ofrece primero los hechos globales para terminar con lo concreto, nos habla de la opresión a las mujeres y de enfrentar la feminidad establecida para terminar con su madre y su matrimonio hundido, pues todo empieza en el origen. 

Mientras narra y se reconstruye nos ofrece su cotidianidad, su forma de ver y su forma de vivir. Suya, nadie puede rebatirla, ya que en cada experiencia hay un modo de sentir. Lo importante es que aparezcan mujeres que narren qué les sucede para que otras podamos mirarnos en ellas y reconocernos o no, pero ver que sí existen otras formas de hacer, aunque tengan un coste. “La libertad nunca sale gratis. Cualquiera que haya peleado por ella sabe cuánto cuesta”.

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