Pleibak de Miren Amuriza
por Lara Vesga
No sé si existirá algún ser humano en el mundo que haya conseguido sortear el trance de perder alguna amistad importante durante la adolescencia. Lo dudo. Y me ciño a esta etapa vital porque es la fase vital protagonista de Pleibak: la adolescencia en su más pura efervescencia y todas las idas y venidas, subidones y bajones que trae consigo, aunque también resuenan fuertes los ecos de la infancia.
La última novela de Miren Amuriza (Berriz, Bizkaia, 1990) cuenta la historia de Jone y Polly, dos amigas inseparables durante la infancia cuyos caminos comenzaron a separarse en la adolescencia. Y hoy, si se cruzan por la calle, ni se miran. Pleibak es el relato de una relación rota, de lo que fue, de lo que no fue y de lo que pudo haber sido. “Me duele más que ninguna otra cosa no llegar a saber nunca qué clase de amigas hubiéramos sido de mayores”, dice Jone, visceral narradora de la historia, que es un monólogo interior de su versión de los hechos.
Mezcla de ajuste de cuentas, confesión y declaración de amistad/amor, Pleibak se ubica en Euskal Herria y se mueve en el ambiente milenial de finales de los años noventa y principios de los dosmil. Y, la verdad, nunca había desbloqueado tantos recuerdos seguidos de mi infancia y adolescencia: las referencias de la época son constantes y encantarán a una nostálgica generación milenial que se las goza con toda la panoplia de aquellos años y en la que yo también me encuadro.
La novela viene a llenar también un vacío temático de la literatura. Y es que abunda la literatura sobre los finales amorosos, pero no tanto sobre el final de una amistad y todo lo que ello conlleva. “Todos conocemos las posibles frases y escenas que pueden ocurrir cuando una pareja se separa, pero últimamente, en torno a la amistad, este discurso ha ido surgiendo cada vez más. Sentí que había un territorio en la ficción por explorar y quería llevarlo allí”, cuenta la autora en una entrevista en El Diario Vasco. Y es que la amistad y el amor se parecen mucho cuando se acaban en aquello de la idealización y exaltación truncadas, las promesas incumplidas, los planes cancelados y la sensación de fracaso por un proyecto vital que ya no será.
Con un lenguaje callejero, afilado y milenial, Pleibak tacha ese friends for ever que pintábamos en la puerta del baño del insti y pone voz a todo lo que viene después en una crónica universal que tan pronto rellena huecos como abre fisuras y que consigue escarbar en nuestros recuerdos, nuestras examistades y nuestra vida.
