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Por Vanessa Díez.

He pasado alguna noche viendo películas de Rock Hudson y Doris Day como Confidencias de Medianoche (Pillow Talk), formaban una gran pareja en aquellas comedias románticas americanas de los sesenta. Fue un éxito tanto de crítica como en taquilla, le dio a Day su única candidatura a los  Oscar en la categoría de mejor actriz. Así que hicieron dos películas más juntos Pijama para Dos (Lover Come Back) y No me Mandes Flores (Send Me No Flowers). El estereotipo que proyectaban aquellos guiones eran los de la época, aunque la mujer americana ya fuese una mujer independiente y trabajadora el fin en sí mismo de su vida era el de ser esposa y madre. Muchas de aquellas películas acababan en propuesta de matrimonio, el mejor final que recuerdo es el de El Apartamento en el que terminan juntos con una simple partida de cartas, se queda con la chica, no importa nada más.

Doris Day explicaba así aquellas comedias que protagonizó con Rock Hudson: “Me he convertido en una nueva clase de ‘sex symbol’: la mujer con la que los hombres querrían acostarse, pero no antes de casarse con ella. Sexy, pero pura. Algo que cuidé en estas películas fue evitar la vulgaridad, que me repugna de verdad. Me gustaban estos guiones sobre el juego hombre-mujer mientras se hacían con estilo, ingenio e imaginación. En mi vocabulario, la vulgaridad empieza cuando la imaginación sucumbe a lo explícito.” En sus dos primeras películas eran dos personajes antagonistas hasta casi el final en el que el amor triunfaba, claro está; pero las discusiones y los enfados eran muy divertidos. Él, como siempre, un caradura, y ella, doña perfecta, siempre enfadada con él. El mundo de Pijama para Dos me trae recuerdos … el mundo de la agencia de publicidad que tantas veces se ha recreado y también se ha hecho en los últimos años como en En qué piensan las mujeres (2000) con Mel Gibson y Helen Hunt, en la que son dos creativos publicitarios peleados eternamente que también acaban juntos con happy end y beso romántico al final. Eso sí, las situaciones de metedura de pata de Mel Gibson no tienen desperdicio con baile al estilo clásico incluido con Sinatra de fondo, esos homenajes que uno se permite.

Hudson fue el galán por excelencia de los 50, compartió pantalla con actrices como Gina Lollobrigida, Paula Prentiss o Leslie Caron. Todas las mujeres suspiraban por él, por vivir las situaciones que representaba en las películas y ser la protagonista que abrazaba y besaba. Aunque él realmente nunca suspiraría por ninguna y tuvo que ocultar durante 40 años que era homosexual, llegando a casarse durante tres años con su secretaria. Representó un papel dentro y fuera de la ficción. El 30 de julio de 1985 Hudson declaró públicamente que tenía sida. Cansado de interpretar una vida que no era suya, dio una lección de honestidad y se convirtió en un símbolo de la lucha contra una de las enfermedades más terribles de la historia. Burt Lancaster leyó el último mensaje del actor antes de su muerte: “No estoy feliz por tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo”. Rock Hudson murió el 2 de octubre de 1985 en Los Angeles. Tenía 59 años. Dediquémosle un minuto de silencio a unos días del aniversario de su muerte.

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