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Parra por Parra

Por Augusto Munaro

El Parra que surge del diálogo es fiel a la imagen que transmiten sus escasas apariciones públicas y sus libros: llano, inteligente, ingenioso; profundamente abierto a lo reflexivo y conjetural. Así, por estas conversaciones pasan Neruda, quien le recriminaba sus poemas por no ser lo “suficientemente explícitos”, Braulio Arenas, su siempre admirado Kafka, Rimbaud, Enrique Lihn, Baudelaire, los surrealistas franceses…

Entre 1970 y 1990 Leónidas Morales logró entrevistar a fondo al padre de la antipoesía. Estos encuentros brindaron una serie extraordinaria de conversaciones como medio para analizar sus ideas de carácter biográficas, sociales, de lecturas sobre fenómenos culturales o literarios. Un libro capital en la extensa bibliografía sobre el poeta y una guía fundamental para adentrarse en la lectura de la obra parriana.

El volumen sigue un orden cronológico. Su infancia y adolescencia se leen como una picaresca. Surgen decenas de anécdotas. Sus primeros alejandrinos en el liceo, la historia de su mítico cuento “Gato en el camino”, o sus frustrantes intentos como pintor mural. Historias las hay, y de todo tipo. El nacimiento de Revista Nueva, allá por 1935, fue un paso importante a la hora de iniciar su cosmovisión plagada de elementos antiheróicos. Capítulo aparte merecen las páginas referidas a la antipoesía. Esos poemas únicos en Hispanoamérica, narrativos, coloquiales, autobiográficamente violentos, parricidas (anti-Mistral, anti-Neruda, Anti-Huidobro, anticatólicos, anti-todo). Poemas cuya estructura por momentos dialogan con las formas clásicas, para luego dislocarlas a través del humor, la ironía y el sarcasmo, dinamitando las coyunturas tradicionalistas. Su arte consistió en desacralizar la poesía académica, cambiarla por una más accesible siempre con un tono irreverente, desafiante. “La función de la poesía es la retroalimentación del espíritu”, dice Parra, aludiendo al grado indudable de transformación a que se presta la verdadera poesía, permeable a incorporar otros criterios estéticos, otras experiencias humanas. Pues su poesía está libre de desarrollo, de argumento, es decir, puramente activa.

El Parra de este libro de Morales, es un hombre que conversa, no aquel que escribe; no relee para corregir ni redacta borradores para la “posteridad”; puede equivocarse (de hecho lo hace en ocasiones) y articular una palabra por otra; como no es un político, no está a la defensiva, cuidando su discurso, haciendo ideología. Sus conversaciones son un complemento preciso de su pensamiento vivo, la poesía del logos.

El conjunto de diálogos es espléndido pues Morales logra que el autor de tantos ingeniosos “artefactos visuales” revise algunos de sus poemas más emblemáticos como: “La víbora”, “La trampa”, “La cueca larga”, como así también diversos aspectos de los secretos de la creación poética (y antipoética), a través de agudas anécdotas y llamativas confesiones que echan luces sobre la personalidad del notable Don Nica. Como es de esperar, no deja títere con cabeza. Los hallazgos son infinitos. Su inestimable admiración por Macedonio Fernández, los experimentos alcanzados con El Quebrantahuesos, aquel periódico del absurdo; en el conmovedor recuerdo del último encuentro con su hermana, la folclorista Violeta Parra, horas antes de su suicidio; la ecología, Whitman, su estadía en Estados Unidos, su beca que lo llevó a Inglaterra con intensiones de estudiar cosmología en Oxford; sus amores suecos, el taoísmo, las “cabriolas” de Huidobro… Rara vez es conclusivo en sus apreciaciones. La vida guarda preguntas, por eso mismo convierte la contradicción en fuerza renovadora.

Con motivo al centenario de Parra, la Universidad Diego Portales rescata este precioso documento que lleva a redescubrir uno de los más imprescindibles (e inimitables) poetas que ha dado la lengua castellana. Testimonio cabal de un peculiar espíritu al borde del abismo del conocimiento.

 

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