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Barrido de noticias comunes

Por Rubén J. Olivares

Si alguna vez han deseado hacer un repaso de los principales acontecimientos que han marcado la historia contemporánea del s. XX, éste es su libro. Arrancamos desde el Mayo del 68 francés hasta los atentados de las Torres Gemelas, desde la I Guerra del Golfo hasta el terremoto de Sumatra o el Carnaval en Río de Janeiro, sin perder en ningún momento el presente, desde una perspectiva narrativa anclada en simultaneidad, en la que el narrador es capaz de incluir en su presente todos los momentos y lugares que repasa en su relato.

El relato de Valdez es una acumulación de paisajes y épocas conexos abierto a múltiples interpretaciones. Por un lado, el estilo narrativo de Valdez, que recuerda al Ulises de Joyce o a Tiempos de silencio de Luis Martín Santos, puede ser leído como una confesión catártica que busca la redención a través de la enumeración de desastres y culpas comunes, un repaso a la memoria colectiva que busca la redención a través de una especie de zapping mental, saltando de un acontecimiento a otro, sin detenerse en ningún momento en ninguno de ellos más de lo necesario para ser evocado por el lector. Las descripciones de Valdez de estos hechos históricos guardan un enorme paralelismo con las presentaciones televisivas narradas por los informativos televisivos y provocan en el lector reacciones similares: nos horroriza su recuerdo, su visionado, pero cuando estamos a punto de sucumbir saltamos a otra noticia, a otro recuerdo. Por otro lado, puede ser leída como una crítica a nuestra dependencia cotidiana hacia Internet. La red, compendio de información, datos, imágenes y vídeos, nos permite conectar todos los sucesos contenidos en ella en una especia de conciencia colectiva cibernética.

Por encima de cualquiera de las interpretaciones que se haga de la misma, esta obra es una denuncia de nuestra condición de espectadores de un mundo que nos bombardea constantemente con múltiples estímulos mediáticos, penetrando en los rincones de nuestra intimidad.

El estilo narrativo es otra de las herramientas de las que se sirve Valdez para acentuar la sensación de simultaneidad, de fugacidad y presente continuo. En la narración principal hay un único punto, el punto final que cierra la narración. Las historias encadenadas, trágicas, dramáticas y no por ello menos reales, se integran las unas en las otras, amoldándose en una amalgama narrativa. Todo ello se entrelaza con metarrelatos que se suman a la historia principal: mails, narraciones de fútbol, etc. todo se encadena en el devenir narrativo de la historia principal. Esta es una de las muestras del dominio narrativo de Valdez, que logra hacer de cualquier discurso una narración atractiva cuya suma transciende su contenido individual.

A caballo entre la novela de amor trágico y los informativos, Valdez logra una historia atractiva, que mezcla de forma experimental, el análisis cotidiano de los medios digitales con la tradición literaria de las cartas de amor. Y si tras leer Crasheado aún quedamos con ganas de más, podemos disfrutar de un par de relatos en los que se mezcla la tradición mixteca, con el horror y el presente cotidiano.

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