Montrouge debuta winds, primer single de su ep.

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por Sandro Maciá

El Libro de la Autodestrucción y la Melancolía, primer Ep de Montrouge

Yo siempre pensé que Frenadol debería patrocinar las reseñas del aquí escribiente. Ya os lo digo. O, si no todas, al menos sí las que se enmarcan en los meses de diciembre a marzo, pues este periodo, donde los cambios de temperatura y las consecuencias de comer mal -mucho sí, pero mal- y no dejarme ningún vicio pasan factura con una asiduidad alarmante, empieza a hacerse cada año más y más intenso que un disco de Russian Red…

Sin embargo, como suelen decir que “rectificar es de sabios” y, pese a que mi salud no es de hierro, mi orgullo sí, he decidido aferrarme al refranero español como si de mi amor propio se tratara y emprender este proceso de rectificación hacia la búsqueda de nuevas maneras de hacer más llevaderas mis secuencias de estornudos y mis litros de mocos… ¡¡Y vaya si lo he conseguido!! Como que ya no pienso meterme más pastillas -medicinas, entiéndase- en mi carnoso cuerpo para superar cualquier estado griposo, sino que ahora, ya con la sabiduría por bandera, encontré la manera de volver a la vida sin química, sólo con la que segrega mi cerebro al entrar en contacto con el descubrimiento musical semanal que, si no cura catarros, sí los hará más llevaderos: el primer Ep de Montrouge, que lleva por título El Libro de la Autodestrucción y la Melancolía (2019).

Lo sé, puede parecer que esta original forma de dar nombre a un debut no denote un positivismo tal como el que les he vendido para superar sus virus, pero ¿acaso lo han escuchado? Porque yo sí, y ya les comento que Adolfo Mazuecos (Guitarra, Piano), Pedro Velardo (Batería), Javi Olivares (Bajo, Sintes), Efrén Gaz (Guitarra) y Lorena Prieto (Voz) -componentes de la banda, todos con trayectorias de avalada calidad, como: Apartamentos Acapulco, Royal Mail, RYM, Underwater Tea Party o The Shame- han conseguido que la profundidad de lo ofrecido en este primer Ep lleve a evocar ambos términos contenidos en el título, como la autodestrucción y la melancolía, pero con una intensidad que atrapa hasta el punto de hacer olvidar cuán embotada puede tener uno su cabeza.

Al menos, esto es lo que se deduce del suculento aperitivo que es en sí Winds, el single de presentación del citado trabajo, un corte donde el sigiloso comienzo musical entre percusiones y arpegios reverberados dan paso a la voz de Lorena, cuya irrupción no resulta brusca, sino todo lo contrario: empasta a la perfección con la propia estructura de la canción, recitando los versos con delicadeza, transmitiendo en forma lo que se dice en contenido -”Silencio, saca afuera los momentos de silencio. Y respira, la mañana por fin llega, todo queda en silencio”-, al tiempo que la fuerza de los instrumentos se impone, segundo a segundo, hasta estallar en una última parte que pasa del post-rock al shoegaze.

Asimismo, la aireada canción -tanto por su estructura como por la buena difusión de la misma en redes sociales- no deja de lanzar, melódica y rítmicamente hablando, pistas sobre las influencias del grupo, que también pasan por el dreampop, pese a las atmosféricas vibraciones, y que, seguro, nos harán disfrutar en cada uno de los otros cuatro cortes que componen el tracklist de El Libro de la Autodestrucción y la Melancolía.

Grabado en La Resinera Estudio con producción de Jaime Beltrán (Pájaro Jack) y masterizado en Kadifornia Mástering por Mario Alberni, tampoco podemos olvidar que este buen debut llega tras el éxito de su demo lanzada en 2018, dónde consiguieron colarse entre los finalistas del Proyecto Demo de Radio3 y FiberFib.

 

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