Los amores de Nishino de Hiromi Kawakami.

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por Rubén Olivares

Como anticipa el título, en esta obra de la escritora japonesa Hiromi Kawakami se nos invita a explorar las historias de amor que su protagonista ha tenido a lo largo de su vida. A través de diez capítulos narrados por diez mujeres que conocieron a Yukihiko Nishino en distintas etapas de su vida recorremos el perfil de este casanova japonés. Nishino posee un carisma especial que consigue que las chicas acaben en sus brazos mucho antes de que éstas sean conscientes de que se están dejando arrastrar hacia su cama.

A lo largo de la obra se nos muestran las relaciones que desde niño ha tenido su protagonista con las mujeres hasta sus cincuenta años, sin dejarse llevar por la narrativa empalagosa o un romanticismo impostado que nos embote la lectura. Desde sus primeros encuentros amorosos en la escuela, Nishino desprende un aura especial que hace que las mujeres que le conozcan acaben atrapadas en su red y se dejen llevar por su personalidad, dominada por la complejidad que el trauma del suicidio de su hermana mayor impregna en él, hecho que guiará el complejo carácter de este hombre y su relación con las mujeres.

A media que avancemos en la obra, descubriremos que Nishino se ha convertido en un ejecutivo exitoso, que vive rodeado de mujeres mucho más jóvenes que él, aunque realmente le resulta imposible conectar emocionalmente con ninguna de ellas. Nishino es un hombre marcado por la tragedia, que es incapaz de profundizar en ninguna relación con una mujer, alternando entre el final de una relación y el inicio de una nueva conquista. En su funeral asistiremos al desfile de amantes con las que compartió su amor, a través del cual descubriremos que Nishino se ha llevado un poco de cada una de ellas. Antes de morir, la última conquista de Nishino es Ai, nombre que significa amor en japonés y con quien su autora parece querer indicarnos que por fin ha encontrado el amor y está listo para despedirse de todas las mujeres a las que conoció.

Las distintas amantes de Nishino nos ofrecen un nuevo aspecto de éste a medida que vamos avanzando en la lectura del libro, un caleidoscopio amoroso unido por un único eje: la incapacidad de amar de su protagonista. Al parecer, para éste es imposible establecer relaciones amorosas que duren más de unos meses pues sus amantes acaban abandonándolo, y no por que éste se canse de ellas. En todos los casos el final siempre viene precedido de una misma pregunta, “Nishino, ¿me sigues queriendo?”, pregunta que anuncia el fin de una relación agotada.

A medida que acabamos un episodio es inevitable que nos planteamos la misma pregunta: ¿qué es el amor? Cada personaje, cada nueva amante que se nos presenta nos plantea un nuevo concepto sobre el amor y las relaciones personales, que Nishino y sus amantes se cuestionan a lo largo de su relación. No es que Nishino no sea capaz de amar, es que su amor es incapaz de madurar hacia un compromiso duradero con sus parejas; él es un adicto a la conquista, a la seducción y el enamoramiento que acaba aburriéndose de sus amantes cuando siente que éstas han cedido a sus pretensiones. Por el contrario, las mujeres que ha conocido son un collage que nos ofrecen diferentes perspectivas del amor y el compromiso, desde aquellas que sólo buscaban en los brazos de Nishino la pasión y el cariño que éste les ofrecía, hasta aquellas que esperaban establecer una relación de pareja estable y consolidar su amor. Compañeras de clase, jefas, amigas, colegas de trabajo, madres, todas las mujeres que conocieron a Nishino nos muestran con melancolía, una mirada sin rencor y repleta de cariño, de quien fue Nishino. A la vez, en un ejercicio de retrospección, acaban explorando y descubriéndonos sus propias vidas.

Kawakami logra armar una peculiar biografía de conquistas amorosas, con una visión femenina que nos muestra que, quizás fueron ellas las que conquistaron a Nishino y no éste, como en un principio nos podría parecer. Una novela escrita con una prosa melancólica, que navega entre la poesía y la nostalgia que los recuerdos de amores pasados nos evocan. Una obra excelente para dejarse llevar por otra visión distinta a la del amor romántico.

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Revisitamos Driving home for Christmas, con Soak.

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por Sandro Maciá

Pues… que seguimos en Navidad. Sí, en Navidad. No se crean que hemos terminado con las felicitaciones, con las comidas infinitas y con las largas tardes en familia así como así, porque, por mucho que queramos empezar ya con los cursis batidos detox y con la vida sana, aún nos quedan por delante unos días de reencuentros y cebamientos varios con los que terminar este periodo que, quieran o no y a juzgar por las veces que todavía escucharemos aquello de “feliz año”, aspira a no olvidarse fácilmente.

Sin embargo, ¿acaso no es esa la magia de este tiempo? ¿No es esta estación del año, precisamente, más bonita por sus tradiciones, su intensidad -a veces agobiante, vale- y su halo de misticismo en cada cálido momento condenado a ser un futurible recuerdo? ¡Ya lo creo que sí, compañeros! Por eso mismo, sin querer faltar a la honestidad que brota en mis dedos en estos días y tras haber tomado la decisión de seguir avivando la llama de la hoguera músico-navideña que pronto se apagará, propongo que dejemos sobre la mesa el polvorón que aún estaréis agarrando y que centréis toda vuestra atención en el single que hoy decora, como si de un abeto se tratase, las letras de esta página: Driving home for Christmas, la nueva joya que ofrece Soak en estas fechas tan señaladas.

 

Llegado de la fría Irlanda y aún con la escarcha deshaciéndose entre sus acordes, el clásico tema navideño -hagánme caso: si prestan atención, les sonará- vuelve ahora a ser parte de la banda sonora de nuestros momentos frente a la chimenea -ok, me vale que usen una estufa- gracias al saber hacer de una jovencísima artista. Una dulce -en apariencia- muchacha que ha sido calificada como “la voz de una generación” que cuenta con dos álbumes en su currículum -Before We Forgot How to Dream (2014) y TBA (2018)- y que, pese a haber comenzado en esto de contagiarnos su arte a ritmo de indie, folk y dream pop con sólo 16 años, parece tener claro que lo suyo es transmitir con cada nota de sus composiciones una experiencia vital digna de muchos adultos y a la altura de músicos de renombre.

Sirva como ejemplo el propio single que ahora presenta, una canción a voz y guitarra donde los sigilosos susurros de Bridie Monds-Watson -así se llama doña Soak en realidad- se mezclan

con las cuerdas de dicho instrumento para narrar, con delizadeza pero sin aburrir, una letra apropiada para disfrutar en la intimidad, en el recogimiento y en la felicidad propia de esos momentos de relax que a todos nos gustan y que, con unos giros vocales y una sencillez que contrasta con las reverberaciones -justas, pero en su correcta medida- bien traidas a cada estrofa de éxitos como su Everybody loves you, acaba por enganchar a lo largo de unos cuatro minutos y medio dulces y adictivos.

No tendremos tanta nieve ni tanto frío como los paisajes que evocan los versos de Soak en este navideño single, vale, pero cerrar los ojos y viajar a estos lugares será, con este Driving home for Christmas, más fácil que nunca.

Navideño descubrimiento, atemporal talento.

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