Solo tierra, solo lluvia, solo barro de Montse Albets.
por Vanessa Díez Tarí
Frío. El dolor me atraviesa y sólo siento frío. Este vacío. Un abismo bajo mis pies que amenaza con engullir me. Ya nada importa. Verlo ante mí es lo único que me queda. Muerto. Sin vida. Ya fue. No se quedó conmigo. ¿Y que vale mi vida sin él? ¿Para qué seguir? Sólo quiero partir con su alma y poder descansar. Ya nada tiene sentido. Esta soledad se me encaja y no me deja respirar y ni siquiera ver o pensar. Retenerte en mis brazos vida mía, no sentirte tan frío. Que el último beso en tu frente hubiera sido más cálido. Mi vida.
María, nuestra protagonista sufre la muerte de su niño de cuatro meses y todo pierde sentido. La vida se derrumba a su alrededor. Vuelve a la casa familiar. Ca la viuda. Aquella de la que huyó por la opresión que sentía. Aquella que no le dejaba hacer su vida con libertad. En aquel pueblo que se quedaba pequeño. Ya nada de eso importa. No queda nadie. Sólo ella y su dolor. Encerrada entre aquellas paredes pasará un año casi sin comer. Ya no queda nadie. Y el peso de los muertos aún sigue allí junto al polvo de las fotografías. Su madre y su abuela la miran desde la repisa. Ella habla con ellas. Ella siente el peso de sus miradas. Y cada vez se hunde más en su duelo. La muerte la atraviesa. Ponzoña y podredumbre. Ni aire queda en esa casa, tan sólo oscuridad. La vida marchó hace tiempo. Las historias sobre las desgracias de esta familia corren por el pueblo. Ella tan sólo se encierra. Pone toda su fuerza en dejar de existir. Porque si todos se han ido ¿qué te queda?
«Solo tierra, solo lluvia, solo barro» de Montse Albets es una novela triste, pero muy bonita sobre el duelo de una madre por su único hijo. Es un homenaje a los muertos y a los vivos. Hay que establecer un tiempo para sentir y dejar que duela y otro para volver a vivir. ¿Y cómo volver a vivir tras un golpe tan duro? Nadie lo sabe ni tiene el secreto, pero el tiempo ayuda. El personaje del vecino, Manel, es uno de los más entrañables de esta novela. Su ayuda anónima es crucial. Su acompañamiento silencioso. Estar sin decir nada. Tan sólo permanecer. Presente ante el dolor del otro. Y el personaje de la vecina, Cristineta, nos ancla en el presente y nos da la perspectiva del pueblo, un golpe de realidad. Porque los personajes principales de esta novela, tanto María como Manel, al perder a sus seres queridos pierden el contacto con la realidad y crean un refugio seguro para sí mismos, donde no tengan que enfrentar el peso de la sociedad y no verse obligados a hablar de su dolor. Aún es pronto para que la palabra surja sin llanto. La pérdida todavía quema en el alma. Quizá dejar de estar presente y en contacto con la dura realidad no sea tan malo ¿no? Inventar otro final para esta historia, más dulce, más cálido.
Ca la viuda es otro personaje de esta historia. Muy presente. El aire que no se respira. El polvo que se nos atraganta. Nuestros pulmones sienten demasiada tristeza. Los ojos que nos atraviesan desde la repisa. Los muertos que nos vigilan. Te lo dije resuena en nuestra mente.
La maravillosa imagen de la portada de Marta Orlowska me atrajo en una librería de Madrid. Esta edición de Hoja de Lata es la edición en castellano de «Solo tierra, solo lluvia, solo barro» de Montse Albets traducida por Natàlia Cerezo. Esta novela fue Premi Llibreter de 2025 y novela nominada al Premi òmnium como Mejor novela del año. Muy recomendable.