El vientre vacío de Noemí López Trujillo 

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por Gemma Juan Giner

Hace unos meses me invitaron a la presentación del libro “Tranquilas, historias para ir solas por la noche” en Madrid. Vi que la presentadora del acto era Noemí López Trujillo y no lo dudé ni un segundo. Fui a la librería Tipos Infames y me compré su libro “El Vientre Vacío”. Tenía que verla después de tanto tiempo y así, que me lo pudiera firmar.
Fácilmente hacía 10 años que no nos veíamos. Las dos estudiamos Periodismo en Elche, pero a mitad de carrera ella se vino para Madrid. A pesar de que podemos tener aspiraciones y vidas muy diferentes, la precariedad que hemos vivido de los 20 a los 30 años ha sido la misma.

Terminamos la carrera en tiempos difíciles. Si tenías suerte ibas enlazando de beca en beca por diferentes medios, pero eso tenía su fin. Y sí, te ves con un título debajo del brazo pero sin un sitio donde caerte muerta. Ayudada por mi familia, a los 23 años monté mi propio negocio, nada que ver con el periodismo, pero de algo había que vivir. Posiblemente, y a pesar de que ese negocio me sirvió para conocer a grandes amigos y a mi pareja actual, fueron los peores años de mi vida. Intentaba compaginar ese trabajo con cosas de televisión, pero efectivamente, muy mal pagadas o directamente no te pagaban.
Hace tres años decidí vender el negocio y venirme a Madrid. Admito que tuve suerte, en cuestión de meses conseguí un contrato fijo en un departamento de comunicación, en el que continuo a día de hoy.

En «El Vientre Vacío», Noemí me ha hecho reflexionar. Cuánta verdad y cuánto corazón hay en esas páginas. Pero también veo tristeza y rabia. Y es lógico. Habla de su interés por la maternidad. A pesar de la precariedad en la que vivimos, ella siempre ha querido ser madre.

Yo no quiero ser madre, tengo pareja y no nos queremos casar y vivimos en un pueblo cercano de Madrid, porque preferimos disfrutar de una casa más grande y habitable. Y es que, como dice Noemí, “todavía hoy decir que no quieres ser madre es impopular”. Mucha gente de mi alrededor no lo entiende. Durante años me han llamado egoísta por no querer tener hijos, rara, por no querer casarme, y la famosa frase de ¿por qué vives tan lejos? Pero yo disfruto igual de mi vida madrileña aunque no viva en el centro de Madrid.

Me quedo con un párrafo de El Vientre Vacío, donde Noemí hablar de volver a la infancia para comprar ese tiempo muerto, donde las horas se concatenaban hasta ser soporíferas y ahora, “incluso el descanso se entiende como una forma de producir”. Qué razón tienes Noemí…

A lo largo del libro, muy bien documentado, nos damos cuenta de que no tenemos la capacidad de predecir cómo serán nuestras vidas dentro de diez años, porque la precariedad ha dinamitado la posibilidad de visualizar nuestro futuro. Por más que hagamos planes, nos obligan a vivir al día. Motivo por el que muchas chicas, como Noemí, quieran y no puedan ser madres. ¿Hay algo peor que eso?

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