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Los ritos mudos de Nerea Pallares. 

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por Vanessa Díez Tarí

La maleta del muerto está en el asiento de atrás. Cuatro mudas, un cinturón, dos pares de sandalias, una gorra y unos pañuelos de tela. Ya no lo va a necesitar. Su mujer vino a recoger sus cosas. Voló expresamente para hacerse cargo. Dejó su maleta en recepción para caridad. Nadie quería aquel rastro. ¿Quién  nos recuerda cuando ya estamos muertos? ¿Qué queda de nosotros? La última noche de tragos en Lanzarote junto a su amigo, fue realmente la última. Ya no despertó.

La muerte nos atrapa y seduce. Nos atrae llevar al límite la vida para sentirnos vivos. Sin pensar el perjuicio para otros o qué no haya sendero de retorno. La angustia de los personajes de Nerea Pallares nos atraviesa. Sentimos a través de ellos ese último momento antes de desaparecer. Antes de dejar de ser ¿alguien te buscará?¿te echarán de menos? ¿te llorarán? ¿alguien creerá que no estuvieras de acuerdo y decidiste terminar con todo?

«Los días salados» te lleva de la mano por aquel verano en el pantano. Nos cuenta un crudo cuento de niñas tantas veces repetido. Pero sigue siendo necesario escuchar las voces de las víctimas ultrajadas. Bello en su oscuridad. «La ciudad cardinal» es un viaje delirante a tu propia psique. Pasado, presente y futuro. «La espera» nos habla de la muerte animal. Seguimos comiendo carne y en vez de venerar se mantiene la muerte cruel y mecánica. Más rápido, más rápido. «La mascarada» es una fiesta que termina de forma abrupta. Drogas y alcohol nunca sabemos hacia dónde nos llevan. Estamos indefensos sin importar el género. «Todavía estamos buscando» es el residuo del amor, el the end de la vida en pareja. «No recuerdas la noche» es la muerte que viene a buscarte. La Santa Compaña y aquellas historias de viejas ¿qué es real y que no? La muerte ha sido venerada y temida. Alrededor de ella se levantan costumbres y rituales ancestrales. También la fuerza del miedo se apodera de las víctimas. Estamos demasiado expuestos. En «Adoración» se muestran las huellas que dejan las imágenes y el uso que se le puede dar a la tecnología. Nuestros selfies y hashtags nos muestran al mundo. Pero esa fama puede usarse para llegar a nosotros y hacernos perder la vida. Como en Fa, una ecoaldea en las afueras de Estocolmo. Un paraíso envenenado que capta a través de las redes. ¿Quién no querría vivir en mitad de la naturaleza? ¿tranquilidad y comida healthy? ¿cuál es el precio a pagar? Incluso el terror psicológico es seductor en la madre narcisista de «La madre araña» que espera pacientemente. 

La sumisión es el objetivo de muchos depredadores. Ocultos tras la maleza en noches oscuras. Cuando vienen a cara descubierta y a plena luz son más peligrosos. Se sienten seguros y actúan en consecuencia. Nerea Pallares nos muestra en sus relatos de «Los ritos mudos» las rendijas por donde la muerte se cuela. Siempre están al acecho. No importa la edad, sexo o lugar. Podemos ser la siguiente víctima. Aunque también nos habla de muerte con la angustia de la soledad. La enfermedad en la vejez que nos vuelve vulnerables al paso del tiempo. ¿Cuál es la salida del laberinto?¿vendrá la Parca a nuestro encuentro o nos tocará ir a buscarla? Deja un bonito cadáver.

 

Los ritos mudos de Nerea Pallares

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