EL ÚLTIMO BAILE de Mary Higgins Clark.

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por Ana Olivares

“El último chapuzón en la piscina”

Os presentamos la nueva novela de Mary Higgins Clark: El último baile. De género policial clásico, donde prima más el suspense y la labor de investigación que la propia trama en sí. Ya que ésta, tan solo es la excusa para continuar con la fórmula literaria de dicha autora: crimen, investigación y resolución del caso.

Aquí los personajes aparecen como peones de una estructura muy marcada, por lo que en algunos momentos echaremos de menos una mayor profundidad en su caracterización. Esto hace que cómo lectores, nos cueste conectar con ellos o sentirnos identificados de algún modo con su forma de actuar frente a los interrogantes que se nos plantean en el argumento. Por otro lado, nos ayuda a dudar desde un primer momento de todos aquellos que de alguna forma estén relacionados con la víctima, por lo que podemos entenderlo como otro recurso más de su autora.

Debemos comprender que se trata de suspense medido, un estilo propio y marcado donde Mary Higgins se siente cómoda, pues lleva más de cincuenta y siete títulos a sus espaldas. Su estilo es parecido a las británicas Ruth Rendel o a la mismísima Agatha Christie, pero carece de la tensión psicológica de la primera y por desgracia, de la genialidad de la segunda; aunque no por ello vamos a dejar de considerarla otra de las grandes damas del misterio. Quizá al ser americana, prefiera ser directa y concisa sin alargar demasiado la historia que realmente quiere contar, cuya finalidad no es otra que la de entretener.

La sinopsis del libro es demasiado evidente, al leerla sabes perfectamente en qué te vas a gastar el dinero.

Kerry Dowling ha organizado una fiesta en casa por su graduación. Aprovechando que sus padres están fuera el fin de semana se reúne con sus amigos para celebrar el paso a la Universidad. Al día siguiente, sus padres recogen a Aline del aeropuerto; la hermana mayor que viene de visita desde Inglaterra. Cuando llegan a casa encuentran todo desordenado y les inquieta que Kerry no haya aparecido para saludarlos. Cuando llegan al jardín y miran la piscina, se encuentran el cadáver de Kerry en el fondo. La tragedia se cierne sobre ellos de inmediato, no queda nadie en la casa y no saben qué ha podido ocurrir. Cuando llaman a la policía, enseguida ceden sus fuerzas a estos y confían en la resolución de un caso que en principio sólo tiene un sospechoso, el novio de Kerry, que había discutido con ella horas antes de la fiesta. Sin embargo parece tener una coartada sólida, y de nuevo, se quedan en nada. La policía sigue dando vueltas en círculo mientras los familiares de la víctima claman justicia. Desconocen que existe un testigo peculiar que no ha sido capaz de confesar lo que sucedió en realidad. Ante un caso que parece estancado, Aline decide sacar coraje por el bien de su familia y ayuda a los investigadores a esclarecer la muerte de su hermana pequeña. En ocasiones, está parece tener incluso mayor capacidad de deducción que los propios especialistas, lo que la convierte en uno de los personajes clave de la novela. Sólo en la tercera parte del libro se irá complicando una trama in crescendo, que nos deja un final esclarecedor y simple.

Una lectura amena y corta, que te deja con ganas de leer los primeros títulos de Higgins para comprobar el porqué de su fama literaria.

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