Atticusfinch y su nuevo Ep, Amantes de lo Elegante.

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por Sandro Maciá

Elegancia de la buena: Atticusfinch

Va a ser verdad eso de que, entre buenas noticias, el tiempo pasa más rápido. O, como mínimo, menos lento, que no es poco. De hecho, ¿soy el único al que le parece que casi hemos pasado de pegarnos por los abrigos en las rebajas –y eso que, frío lo que se dice frío, tampoco es que hayamos tenido los que estamos cerca del Mediterráneo- a luchar en las farmacias por conseguir el último tarro de colirio para superar la alergia primaveral?

Igual sí, no se crean. Puede que aquí uno no haya perdido su visión exagerada del mundo. Puede. Pero, ¿cómo no sentirme así si cuando aún no he vuelto de mis vacaciones en Shangri-la, ya estoy surfeando de nuevo entre ritmos de surfer-pop? O lo que es lo mismo –no se asusten de mi metáfora, sigo cuerdo-, ¿cómo no sentir una brutal emoción al tener ya en mis manos lo nuevo de una banda que, sin haberme dado tiempo a recobrar el aliento perdido entre los bailes que supusieron el disfrute de sus canciones de debut, vuelven por la puerta grande con nuevo Ep?

Imposible. No hay forma de contener la alegría de ver que los meses vuelan si es al ritmo de Atticusfinch, que vuelven a la carga con su flamante Ep, Amantes de lo Elegante (Flor y Nata Records, 2019), para recordarnos que, pese a ser difíciles de olvidar, ahora ya se consagran en nuestro panorama musical sin pedir permiso, con toda la intención y a través de cuatro nuevas canciones donde la destreza del grupo toma forma con un aire más fluido, incluyendo bases rítmicas de mayor potencia e, incluso, nuevos instrumentos como marimbas, trompetas o trombones.

Como si a la velocidad de un bravo Ford Mustang se hubieran desplazado por el tiempo entre los meses que separan el año anterior y el presente, los autores del frenético Vacaciones en Shangri-la –también editado por Flor y Nata Records-, no sólo han seguido la estela de las olas que levantaron con sus acordes y animados versos, sino que en este Amantes de lo Elegante han conseguido que cada canción , además de convertirse en una razón para querer seguirlos allá donde vayan, llegue cargada de unos mejores arreglos –¡benditas guitarras!- y no pocas sorpresas.

Concretamente, dos son los grandes hitos marcados por nuestros aguerridos y cañeros “powerpoperos”, tanto en forma –pasando a compartir filas Quili Muñoz (guitarra) y Antonio Córcoles (bajo) con Javi Carrasco al teclado (Franky Franky y el Ritmo Provisional), Terry Simarro (No) a la guitarra, Alberto López a la percusión y Tania Delgado a las voces-, como en contenido, contando en su primer single con el “featuring” del gran Emilio Elegante, figura de referencia en el pop español que ha volado directamente desde Miami para prestar su voz a Si tú te vas, canción rica en matices, de comienzo arpegiado, estribillo incandescente e ilustrativo videoclip grabado a caballo entre Albacete y la ciudad de Florida.

Sin embargo, ambas novedades no son más que la punta de un iceberg que va emergiendo del mar al ritmo de la divertida El mundo de la mano –sesentera y ágil en letra y estructura, dando cabida a un imaginario semántico ambientado en los viajes siderales (como recoge el vídeo “cartoon” que hizo Alvaro Ortega para el tema) pero con referencias tan reales como sus giros vocales, punteos y coros-, la decidida Nada que decir –de letra sinceramente admirable y ocurrente, acorde a unos acompañamientos que contribuyen a recrear esa estética inocente pero de ideas claras- y la rockera (al menos inicialmente) Pensando en llorar, también rebosante de carácter en lo textual y lo sonoro, compuesta por hilarantes metáforas que no llegan a perder ese halo de chulería gracias al acompañamiento musical que las arropa.
Veloz paso del tiempo cuando la dicha es buena. Sin duda. Y con Atticusfinch bien dichosos podemos estar, pues sus canciones -compuestas por Antonio Córcoles, excepto “Nada que decir” (Sara Iñíguez “Rubia”) y “Pensando en llorar” (Los Fabiolas), y grabadas en Perdido Studios de Albacete con Pepe Cifuentes y Javi Milla- vuelven a darnos esa marcha que necesitamos durante la astenia primaveral, ahora más llevadera.
¡Larga vida surcando mares –y espacios- con su Amantes de lo Elegante!

 

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