Los Fresones Rebeldes hacen grande el V Concurso de Bandas de la Sala Revólver.

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por Sandro Maciá

Los Fresones Rebeldes arropan a Yogures de Coco, Playa Nevada y Casino Boogi en Murcia

Perder las buenas oportunidades es de ser tonto. Muy tonto. Bueno, o muy despistado, que uno, en esto de agendar eventos, se queda a veces en el mero trámite y se deja fuera del tiesto alguna que otra cita, la verdad.

Por eso, casi un crimen habría sido no pisar el sábado noche tierras murcianas para, haciendo gala el aquí presente de que aún no he llegado a terminar con todas mis neuronas y de que todavía no he caído en las garras de la tontuna, volver a disfrutar de uno de los eventos ya tradicionales en el panorama musical de la bonita capital de la región por la que pasa el Segura. Una oportunidad -en mayúsculas- para seguir descubriendo el valor del talento emergente de una forma digna, cuidada y respaldada por compañeros y amigos del sector. Un “must” –como dicen los modernos- en el calendario de todo buen fan de la música que se descubre y disfruta de primera mano y a pie de escenario: el clásico Concurso Pop-Rock de Bandas de la Sala Revólver.

Ya instaurado como una de las paradas obligatorias en los circuitos de la emergencia sonora y del afán por la promoción del talento al ritmo de nuevas propuestas, la presente edición, quinta en su haber, hizo que las paredes de la Sala Rem de Murcia atestiguaran, como en otras tantas ocasiones, que el arte de combinar los sonidos con el tiempo esta ¿vivo?, ¡no!, ¡vivo y joven!

Y, si no, que se lo pregunten a cualquiera de los asistentes que el sábado se dio el gustazo de dejarse llevar por el amplio pop de Yogures de Coco (Madrid), el poprock de Playa Nevada (Madrid) o el rock de Casino Boogi (Almería), las tres bandas finalistas, protagonistas absolutas de una noche que, si ya de por sí y tras la proclamación de los almerienses como ganadores del certamen fue emotiva y brutalmente emocionante, finalizó con un regalazo de valor incalculable: la actuación de los archiconocidos –y, en mi caso, archiamados- Los Fresones Rebeldes. Regalazo de los que ya no se hacen, seamos claros. Porque invitar a un referente del pop casi atemporal pero tan contemporáneo como sus canciones, es un detalle de los que pocos certámenes pueden presumir.

Ahora, que si de presumir hablamos, bien orgullosos pueden estar los propios Fresones de mantenerse en forma y, aún siendo igual de rebeldes e igual de fresones –entiéndanme, que pocos grupos pueden gozar de ese punto canalla en algunos versos combinado con una dulzura que, lejos de empalagar, enamora-, de demostrar una frescura que ya quisieran para sí bandas del mismo corte.

Así, a través de temas como Esa chispa, ¿Por qué me tengo yo que enamorar?, Algo hay o ¿Tienes novia?, el conjunto nos dio una lección de pop de esas que ya no se suelen recibir. Una “masterclass” sobre envidiable actitud –aun pudiendo endiosarse hasta el infinito y más allá, ellos siguen siendo cercanos con el público y no dudaron en dar la enhorabuena a los participantes en el concurso en varias ocasiones, así como tampoco escatimaron en darles ánimos y desearles la mejor de las suertes-, sobre saber hacer -¡qué gustazo ver que no sólo las canciones no envejecen a cada directo, sino que mejoran!-, sobre no rendirse nunca -hasta dos estrenos hubo en la tracklist que tocaron- y sobre la admiración que hay que profesar a otros compañeros –emotivo momento cuando tocaron Medio drogados en honor a la fallecida Kim Shattuck, de The Muffs, o cuando resurgió La Monja Enana por unos minutos-.

Un lujo, vaya. Un fin de fiesta que nos dejó con muy buen sabor de boca y con la ilusión de saber que el pop vive y vivirá mientras sigamos teniendo referentes de esta talla y mientras permanezcan en nuestra cultura popular –porque ya son parte indivisible de la misma- himnos como el que el sábado cerró la actuación de estos grandes, su hit por excelencia, su “Al amanecer”.

No-cha-za. Absolutamente.

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Revisitamos Driving home for Christmas, con Soak.

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por Sandro Maciá

Pues… que seguimos en Navidad. Sí, en Navidad. No se crean que hemos terminado con las felicitaciones, con las comidas infinitas y con las largas tardes en familia así como así, porque, por mucho que queramos empezar ya con los cursis batidos detox y con la vida sana, aún nos quedan por delante unos días de reencuentros y cebamientos varios con los que terminar este periodo que, quieran o no y a juzgar por las veces que todavía escucharemos aquello de “feliz año”, aspira a no olvidarse fácilmente.

Sin embargo, ¿acaso no es esa la magia de este tiempo? ¿No es esta estación del año, precisamente, más bonita por sus tradiciones, su intensidad -a veces agobiante, vale- y su halo de misticismo en cada cálido momento condenado a ser un futurible recuerdo? ¡Ya lo creo que sí, compañeros! Por eso mismo, sin querer faltar a la honestidad que brota en mis dedos en estos días y tras haber tomado la decisión de seguir avivando la llama de la hoguera músico-navideña que pronto se apagará, propongo que dejemos sobre la mesa el polvorón que aún estaréis agarrando y que centréis toda vuestra atención en el single que hoy decora, como si de un abeto se tratase, las letras de esta página: Driving home for Christmas, la nueva joya que ofrece Soak en estas fechas tan señaladas.

 

Llegado de la fría Irlanda y aún con la escarcha deshaciéndose entre sus acordes, el clásico tema navideño -hagánme caso: si prestan atención, les sonará- vuelve ahora a ser parte de la banda sonora de nuestros momentos frente a la chimenea -ok, me vale que usen una estufa- gracias al saber hacer de una jovencísima artista. Una dulce -en apariencia- muchacha que ha sido calificada como “la voz de una generación” que cuenta con dos álbumes en su currículum -Before We Forgot How to Dream (2014) y TBA (2018)- y que, pese a haber comenzado en esto de contagiarnos su arte a ritmo de indie, folk y dream pop con sólo 16 años, parece tener claro que lo suyo es transmitir con cada nota de sus composiciones una experiencia vital digna de muchos adultos y a la altura de músicos de renombre.

Sirva como ejemplo el propio single que ahora presenta, una canción a voz y guitarra donde los sigilosos susurros de Bridie Monds-Watson -así se llama doña Soak en realidad- se mezclan

con las cuerdas de dicho instrumento para narrar, con delizadeza pero sin aburrir, una letra apropiada para disfrutar en la intimidad, en el recogimiento y en la felicidad propia de esos momentos de relax que a todos nos gustan y que, con unos giros vocales y una sencillez que contrasta con las reverberaciones -justas, pero en su correcta medida- bien traidas a cada estrofa de éxitos como su Everybody loves you, acaba por enganchar a lo largo de unos cuatro minutos y medio dulces y adictivos.

No tendremos tanta nieve ni tanto frío como los paisajes que evocan los versos de Soak en este navideño single, vale, pero cerrar los ojos y viajar a estos lugares será, con este Driving home for Christmas, más fácil que nunca.

Navideño descubrimiento, atemporal talento.

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