María República de Agustín Gómez Arcos.

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por Vanessa Díez

El inglés me dejó una infección. A mi y a muchas otras mujeres del pueblo. Eso lo descubriría tiempo después. Nunca había sufrido nada parecido a una vaginitis. Te duele, te escuece y lo sufres en silencio. Como pecadora, como mujer que ha traspasado el umbral de lo debido y callas mientras dura. Lo malo y peligroso es que quizá dura para siempre o durante mucho tiempo. Por primera vez mi citología dio positivo en Papanicolau. No era grave pero había que estar pendiente. No existe un tratamiento, tan sólo extirpar cuando es demasiado tarde. Así entré en las revisiones ginecológicas, mi útero estaba a salvo. Tres años después descubriría que eran mis ovarios los que habían estado expuestos y la endometriosis se convertía en una realidad. ¿Era mi fertilidad perdida parte de este proceso? Quizá si, desconocemos nuestros cuerpos. El silencio nos vende.

María ha conseguido gracias a una vida de pecado ser sifilítica, pero la Madre Superiora también compartía la misma enfermedad. Una por el hambre y la otra por el matrimonio. ¿El camino correcto nos da garantías? No. Agustín Gómez Arcos nos pone a las dos mujeres al mismo nivel, no importa su origen, ambas sufren la misma desgracia. Los hombres que han pasado por su vida las han utilizado como instrumento de placer sin importar las consecuencias. Conseguir el placer inmediato para un hombre es lo más importante, la fertilidad femenina perdida y su enfermedad es un coste bajo.

 María como está acostumbrada al sufrimiento aprovecha su enfermedad como arma. La Madre Superiora encubre su enfermedad para conseguir la misma vida libre que María ya disfrutaba. El cuerpo femenino y sus artes siempre han sido una forma de dominación encubierta que las mujeres han debido aprovechar para poder salir adelante en un mundo masculino. Eso sí, sufriendo siempre las consecuencias si se hacía a cara descubierta. Ser mujer libre siempre ha tenido un precio.

María llega al convento para ser recluida. Debe ser recuperada para la vida recta y decente. Va descubriendo que el tipo de vida del interior es el mismo que ella conocía en el burdel, pero sin tener conocimiento de ello el resto de los feligreses, la vida de clausura es otra bien distinta.

Agustín Gómez Arcos nos ofrece una crítica mordaz de aquella época oscura. El poder femenino recluido entre cuatro paredes se sigue desarrollando con los instintos más básicos a flor de piel, lejos de las miradas de la calle se ofrecía un mundo de perversión.

Agustín Gómez Arcos con María República nos regala un personaje femenino salvaje y auténtico. Su autor publicó su obra en Francia y en francés. Esta novela de Cabaret Voltaire nos llega en la versión del autor para castellano que tiene algunas modificaciones. Si no hubiera emigrado quizá María República no existiría. Gracias Agustín Gómez Arcos.

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