Original trabajo de Pilar Barrachina: Agua Piscina.

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por Sandro Maciá

Agua Piscina, 26 partes de un todo

 

Por más locos en el mundo. Ese sería mi slogan si se me hubiera ido la cabeza hasta el punto de querer formar un partido político -¡ja!- y, encima, querer atraer a algún depistado para que me diera un voto de (des)confianza. Pobre alma de cántaro. Votos a mí. Pero no, como aún no me ha dado por ahí -nunca debe uno cerrarse puertas ni pillarse los dedos-, lo único que me empuja a seguir reivindicando esta gran frase es, además lo bien que me viene para no desentonar en un mundo de cuerdos, hacer de ella el máximo y necesario exponente de un lenguaje figurado que nos anime a dejar de ser como el resto, a olvidar de los miedos y a no temer al simple devenir de la vida provocado por dar rienda suelta a nuestras ganas de crear y disfrutar.

Sólo así seremos libres. Cierto. Y sólo así podremos, además, hacer de nuestras pasiones dulces locuras que nos lleven a ser tan fieles a uno mismo y a implicarnos tanto en las hazañas propias como lo hacen los verdaderos amantes de la creación, siempre responsables de ofrecer al mundo joyas como la que, musicalmente hablando, nos brinda estos días alguien que no ha tenido miedo en, literalmente, “producir música por el simple hecho de jugar, por el placer de divertirse y sin estar pensando si alguien lo va a escuchar o valorar”, Pilar Barrachina, autora del álbum Agua Piscina (Mascarpone Discos).

De esta forma, con la ausencia de límites creativos y formales como punto de partida, la también componente de grupos influyentes en la música experimental de la escena valenciana en los 80 y 90 como Fitzcarraldo y Felpudo Tos, demuestra en Agua Piscina que es posible liberarse de todo prejuicio estilístico y estructural, haciendo del ejercicio de construir un disco un juego donde, pese al carácter despreocupado de cada parte y su consiguiente relax por no tender a sentirse presionada por la posterior valoración, resulta imposible no encontrar lugar para el comentario.

¿Cómo no destacar esa fluidez entre los temas? ¿Cómo dejar que caiga en el olvido la rapidez y el dinamismo de un trabajo donde cada corte, con su minuto de media de duración –salvo dos o tres excepciones-, es una sorpresa en ya de por sí? Imposible. Craso error. Porque las 26 canciones de Agua Piscina tienen algo, bien sea el contraste que generan respecto a otras –como ocurre con la disposición inicial entre la misteriosa Hyp y la animada Hahahahahaha-, el propio giro que contienen en sí mismas -como podemos escuchar en Sopitas o Melón 2-, o las diferentes reminiscencias conceptuales y semánticas correspondientes a sonidos industriales –véase How japanese estudents multiply-, electrorockeros –como 226 o 5 à table-, cálidos –encontramos Ooh una canción o Nadia Comaneci- e, incluso, discotequeros, como pasa en La festa.

La originalidad toma forma en esta –entiéndase bien- locura que ha sido concebida entre 2016 y 2018, en forma de improvisadas señales de arte al mundo y que, ahora, han sido recopiladas por Mascarpone para distribuirse en una edición limitada de 50 copias en formato casete y en una inmortal propuesta digital.

Por suerte, de momento, hay quien sabe encontrar la manera de no seguir un orden.

 

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