Andrea Abreu.

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por Vanessa Díez Tarí

“Panza de burro” es una especie de exageración de mi vida.

Alguien le dijo a Andrea Abreu que no pasa nada en esta novela. En “Panza de burro” hay bulimia, homofobia, menstruación, envidia, abandono, masturbación, maltrato, homosexualidad, desigualdad y tristeza. Esta novela ya comienza como un volcán en erupción y con su crudeza nos va adentrando en el monte, metiéndose casi bajo las faldas del volcán. “El vulcán estaba tapado por las nubes y una neblina baja se balanceaba entre las sábanas que estaban tendidas en las azoteas de las casas”. La panza de burro en la novela se describe y se siente, esa tendencia a la tristeza que arrastra a sus personajes. Su editora ya nos advierte “Panza de burro” no es una historia que refleje el habla canaria, porque es solo el habla de un lugar concreto, de un barrio concreto, de dos niñas concretas, de cien viejas concretas”. Y aún así te identificas con la historia. “Panza de burro” ya está en su cuarta edición en tan poco tiempo. 

Andrea ya tenía decidido mudarse. Volver a su tierra. El confinamiento cambió los tiempos. Todo se detuvo. Estuvieron mucho tiempo en Madrid sin poder hacer prácticamente nada. Y hasta junio no pudo regresar. Ahora aprovechamos para hablar con ella de su primera novela y del momento que nos ha tocado vivir con todas las medidas, pues fue una llamada de WhatsApp estando ella en Tenerife y yo en Lanzarote. Queda un café pendiente.

V. Panza de burro es un libro atravesado por la precariedad y después por la pandemia.

A. Está escrito en unas circunstancias de precariedad y si lo pienso es un privilegio porque yo hambre no paso. Realmente yo no vivo de la escritura. Ahora voy a dedicarme un poco más. En ese momento estaba trabajando en tienda y tenía que compaginar eso con escribir. Los alquileres en Madrid son super caros y queriendo dedicarte a algo que ves resultados con el tiempo como es escribir a veces te sientes como que estás perdiendo un poco el tiempo.
Así está escrito en unas circunstancias económicamente difíciles y cuando va a salir la promoción llegó todo lo de la pandemia y todo se complicó. Pero a pesar de eso ha salido bastante bien. No me puedo quejar de nada.

V. ¿Entonces las presentaciones con Barret cómo las lleváis? Tú en Tenerife y ellos en Sevilla.

A. Al principio cuando dije que me iba a venir a vivir a Tenerife antes de que pasara lo del coronavirus como que medio nos asustamos y pensamos que iban a ser difíciles las presentaciones pero la pandemia nos enseñó entre comillas que se podía hacer todo a distancia. Y al final lo estamos haciendo bien porque no puedo ir a los sitios presencialmente. La mayoría de cosas que he hecho son on line. No he hecho casi presentaciones presenciales por las circunstancias que existen. Al final el resultado ha sido el mismo desde Tenerife que estando allí porque hubiera tenido que presentar las cosas on line.

V. La presentación que hiciste en Tenerife en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes) si fue presencial.

A. Sí, también es verdad que fue un poquito más adelante. Fue presencial porque el TEA que en Tenerife es el Espacio de las Artes que es un museo donde se pueden hacer presentaciones y actividades y es enorme y tiene plazas para un montón de gente y se podía mantener la distancia de seguridad. Por ejemplo las presentaciones en librerías están más complicadas porque no hay tanto espacio. Entonces claro se pudo hacer porque había mucho espacio. Ahora mismo no estamos haciendo las mismas actividades que se hacían antes.

V. El tema cultural si ya estaba crítico ahora mismo frenado en seco ¿Qué piensas de todo lo que está pasando con la cultura? Estamos yendo de bares pero estamos prohibiendo eventos culturales. Y cosas que se estaban haciendo van a desaparecer.

A. Ya. Creo que es un reflejo hiperbolizado de lo que tenemos metido en la cabeza. No nos puede faltar nuestro café pero sí nos pueden faltar los eventos culturales, los libros, la música, ¿no? Y creo que eso es un mensaje que nos da el sistema. Como que la cultura es lo último, es lo menos importante. En realidad es una incongruencia. Se me va a pegar el coronavirus por ir a una presentación pero no se me va a pegar por ir a tomar café a un sitio cerrado como una librería. Es como la exageración máxima de la mentalidad que tenemos en general. Desde que se restringe el mercado de actuación lo que prioriza es el consumismo de ropa y comida. Tampoco es que se esté haciendo nada para que la cultura pueda subsistir. Negocios como librerías que ya antes de la pandemia lo tenían difícil ahora están cerrando.

V. ¿Quién no ha estado encerrado durante el confinamiento y no se ha puesto a ver una película o serie o se ha leído algún libro?

A. La cultura en realidad es una necesidad. Creo que nunca ha habido una época de la historia en que hayamos tenido acceso a tantos productos culturales. Y sin embargo podríamos darle un poquito más de valor. Sin embargo yo soy bastante positiva con eso, porque pienso que cada vez más estamos acostumbrados a pagar por ese tipo de cosas porque pensamos que tienen un valor importante en nuestras vidas. Antes era impensable pagar por una película o suscribirse a un sitio como una plataforma de series. Hoy en día creo que vamos incorporando más eso. Pagar por cosas culturales. Al menos en mi caso me da sentido consumir productos culturales. Me da sentido leer un libro o ver una peli porque estoy como adicta a las historias y supongo que nos pasa a todas que continuamente queremos consumir historias.

V. Volviendo a Panza de burro ¿Qué te cuentan los lectores?

A. Me están pasando cosas muy curiosas. Me está leyendo mucha gente que por lo general no lee. Y eso me interesa mucho. Me gusta más cuando los productos culturales llegan a gente que normalmente no accede a ellos. No me gusta el gueto intelectual. Que la gente tenga un grupo exclusivo al que no se pueda acceder siendo gente de barrio, la gente más normal. Yo me siento de barrio, lo que pasa es que he tenido la suerte de tener acceso a la cultura porque mis padres me han dado una educación. Pero me gusta que un producto llegue a mucha gente y creo que cada vez más gracias a determinadas vías como las redes sociales principalmente mucha gente que apenas tenía acceso a productos culturales como un libro por ejemplo lo está teniendo. Y vivir la experiencia de leer un libro que es una experiencia maravillosa de la que muchas veces se nos priva porque se plantea como una cosa realmente difícil de acceder si solamente pertenece a un grupo muy cerrado de gente. Estoy contenta por esta parte porque el libro está llegando a gente que por lo general no lee.

V. Detrás de ese deseo de llegar a todo tipo de gente está ese uso coloquial del lenguaje. A mi con esa libertad me has recordado a autoras sudamericanas que he ido leyendo con el paso de los años más que con autores españoles, digamos peninsulares. Se usa generalmente el español normativo cuando en cada zona hay unas palabras propias.

A. Escribo de igual manera para gente de aquí, como para gente de la Península, como para gente de Sudamérica, como para gente de cualquier lugar. Es como dices, en realidad pienso no sólo que en cada ciudad, en cada provincia, hay una forma de hablar propia, en cada barrio hay una historia y unas realidades que son contables con una peculiaridad y una variedad como para aparecer en un libro. Para mi la clave está en tomar conciencia de ese tipo de historias de gente normal como se considera, pero que en realidad no lo es, es gente extraordinaria a la que le pasan cosas inusitadas e increíbles. Cuando pones valor a eso surge un libro así.

En realidad parece que intento como enfrentarme a la academia o medio reírme del concepto de español estándar cuando en realidad lo que hice fue dejarme ir y usar el lenguaje de mi barrio. Dejar pasar a través de mí a todas las personas que he escuchado a lo largo de mi historia.

Y lo que tú dices es importante, porque sí que es verdad que las culturas que me han enseñado a hacerlo y me han dado la legitimidad para hacerlo son autoras latinoamericanas. Buena parte de ellas han bebido de la tradición oral que allí es super importante y en Canarias también lo es. Lo que hago así es relatar una realidad que por lo general se queda fuera de los libros. Hay que usar la riqueza de los lugares, de lo local, de lo propio. Que los libros tengan diferencias y no sean como libros que no parecen de ningún sitio como libros traducidos.

Parece que tenemos que llegar a homogeneizarnos y responder a un estándar. Cuando para mí lo interesante es leer un libro en el que no conozco el sitio y es totalmente diferente al mío y al mismo tiempo soy capaz de identificarme con las vivencias humanas. Al final de lo particular nace lo Universal. Y creo que si al final se conecta con un libro que habla de un lugar completamente diferente al tuyo es gracias a la experiencia humana que hay dentro de él.

V. Decía Sabina Urraca en el prólogo “Panza de burro” no es una historia que refleje el habla canaria. Siempre es un barrio, siempre es una zona, incluso dentro de Tenerife es tu barrio, es tu gente, es una forma de vivir. Cada sitio tiene su manera. Y además también de que forma tú lo hayas vivido.

A. Claro, un lugar en concreto a través de la mirada de una persona, a través de la mirada del personaje que esta persona creó. Puede haber varias miradas sobre una realidad. Al final hay infinitas historias que contar. Una cosa que ocurre con el libro es que hay gente que me dice que no ocurre nada. El sopor ese del verano, la sensación de aburrimiento de no salir del barrio está ahí presente, pero en realidad esa era mi intención. Una de las cosas que tiene narrar la vida del barrio es que narras lo cotidiano y no se parece tradicionalmente a lo que asociamos con ocurrir cosas, con la acción.

V. Pues no estoy de acuerdo. A parte de que narras lo cotidiano sí que pasan cosas. Es un libro de iniciación. Las chicas empiezan a tener sus primeras experiencias y hablas incluso de sexo y menstruación y de homosexualidad.

A. Claro, nunca había pensado que no pasaba nada porque para mí las cosas que pasan dentro de “Panza de burro” es la acción de la vida. Son cosas importantes que deberían aparecer en un libro como el descubrimiento de la sexualidad y las cosas que ocurren de puertas para adentro como la menstruación. Muchos de esos momentos que han estado en la escena privada de la vida. Hablar de lo cotidiano, de lo privado y de lo que ocurre dentro del hogar como hace Natalia Ginzburg aunque su literatura no tenga nada que ver conmigo.

V. ¿Cuáles son tus referentes? ¿Qué autoras y autores has leído que te hayan aportado a la escritura? ¿Último libro leído?

A. Acabo de terminar de leer “Las malas” de Camila Sosa que es una historia que va en esta senda de contar la realidad de los márgenes.

Entre los libros que me influenciaron para escribir “Panza de burro” está “Papi” de Rita Indiana que narra la infancia desde una perspectiva que me gusta mucho con toda su crueldad y su tristeza. También “Conjunto vacío” de Verónica Gerber Bicecci que es un libro muy diferente en el que juega con la micronarrativa. “La perra” de Pilar Quintana que es un libro que tiene una estructura muy bien hecha y me ayudó mucho con la estructura de “Panza de burro”. Hay también en Canarias un autor que me ha influenciado mucho que es Víctor Ramírez en lo que respecta a reflejar la oralidad de los barrios rurales de Canarias. Él siempre ha estado en esa senda y me ayudó muchísimo. Siempre que empezaba a escribir “Panza de burro” acudía a sus libros y volvía a releerlo y releerlo para quedarme con esa sensación de escribir desde lo oral. Necesito escuchar música o leer a Víctor Ramírez para tener un arranque. Estamos acostumbrados a escribir de una forma demasiado académica. Acudir a lo oral a veces es complicado. Ahora me he acostumbrado gracias a “Panza de burro” pero al principio me costaba.

V. ¿En qué momento te llega un personaje como Isora? Tremendo personaje.

A. Isora ha estado toda la vida en mi cabeza. Es un personaje muy ficcionado pero está basado en una experiencia que yo tuve en la infancia. La relación que esas dos niñas del libro tienen está basada en una relación que yo tuve y la llevo contando toda mi vida. Me di cuenta de que si seguía tirando del hilo de la realidad podía tener una ficción interesante porque cuando contaba esas historias la gente o se sorprendía de las cosas tan extrañas que hacía o directamente se reía porque eran cosas muy absurdas o se asustaban porque viví cosas que realmente eran para asustarse. Lo que dije es que si interesa a nivel oral voy a llevarlo a lo escrito con una parte ficcionada mucho más exagerada. Al final escribir es como mentir. “Panza de burro” es una especie de exageración de mi vida. Al final los personajes no tienen nada que ver con mi vida real. Incluso la protagonista que en un principio estaba basada en mis vivencias se alejó tanto de mí que la considero una persona que no conozco. Los personajes han tomado una vida propia. Isora tomó forma cuando empecé a escribir “Panza de burro” es la hipérbole de esa amiga que tuve en la infancia

V. ¿Durante el confinamiento te dio por escribir o todo lo contrario?

A. Pues es curioso porque yo pensé que me iba a bloquear porque me sienta muy mal el encierro. Soy una persona que si paso mucho tiempo sin salir de casa me agobio. Pero resulta que sí escribí muchísimo. Empecé a escribir un libro de relatos. Y una vez salí del confinamiento he tenido la sensación de que quiero aprovechar la vida y a parte con la promoción del libro y se me cortó. Y ahora es cuando no puedo escribir. Es curioso.

V. ¿En la misma línea? ¿O todo lo contrario?

A. Por un lado sí en la misma línea en el sentido de que son personajes canarios, personajes que viven en medio de la realidad en barrios empobrecidos y son personajes que están reflejados desde la oralidad. Pero la voz que estoy creando ahora es mucho más adulta.

V. ¿Sigues contando una crónica de lo que pasa a tu alrededor en el barrio en la vida cotidiana?

A. Suelo usar cosas que viví de pequeña o simplemente cosas que me contaron y me llegaron como una especie de rumor aunque no sepa si es real y lo uso como material de inicio. A partir de ahí empiezo a imaginar como sería la vida de esa persona de la que me contaron un chisme y me invento una historia para esa persona.

V. ¿Has pensado retratar lo que está pasando ahora?

A. Me cuesta mucho hablar del momento que estoy viviendo. Como que no tengo perspectiva a veces me cuesta definir como me siento en mi vida a día de hoy. No soy capaz de integrar una historia sobre la pandemia. Empecé a escribir cuando empezó todo lo de la pandemia una columna de opinión en Alegando sobre cómo me sentía y me di cuenta que en realidad no tenía perspectiva suficiente. No soy capaz de hablar del momento actual. Necesito distancia para aportar lucidez. Por eso suelo escribir sobre la infancia porque creo que tengo la distancia adecuada para escribir sobre ello.

V. Además te han reeditado “Primavera de sangre” en Demipage.

A. Sí, ya salió quedó super bonito. Es un fanzine que yo hice en 2017 porque yo siempre he tenido una relación muy complicada con el dolor menstrual. Se supone que tengo endometriosis pero nunca me han dado un diagnóstico de verdad. No te dan seguimiento. No te dan soluciones. No te informan adecuadamente. Me sentía desamparada. No tenía compañía en la literatura y a nivel médico no tenía directamente porque no sabían decirme qué era esto que me pasaba. Lo que hacían era normalizar mi dolor “la regla duele” y en realidad no es así. En esa época yo sentía la necesidad de crear una genealogía literaria de autoras que trataran el tema. Entonces empecé a investigar y preguntar a gente y me di cuenta de que había muchísimos poemas y textos que trataban eso pero estaban bastante escondidos. Me apetecía tomar esa senda. De tratar algo propio. En realidad si escribí sobre eso fue por necesidad. Lo que sentía tenía que expresarlo. Finalmente fueron unos poemas y varios collage y unas fotos.
Años después leí el texto “Menstruación” en el Festival de La Palma y ahí lo escuchó el editor de Demipage y le gustó. Me dijo que lo quería sacar en una colección que se llama Tite Page. No pensé que iba a tener un recorrido. Lo hice para tener un diálogo con otras personas que se sintiesen como yo. De hecho, durante un montón de tiempo lo regalé.

V. ¿Fue positiva la experiencia de leer “Primavera de sangre” en un instituto delante de las chicas?

A. Sí, eso me llamó muchísimo la atención. Pensaba que iba a recibir mucho más rechazo. Es verdad que en la parte de atrás siempre estaban los chicos que se reían y se daban codazos y hacían como la fiesta del asunto. Pero me acuerdo que cuando terminé de leer
“Menstruación” que es muy visual y explícito vinieron un montón de chicas a decirme que estaban super contentas de que hubiera hablado de ese tema. Y me pidieron que si les podía dar el fanzine para que ellas lo leyesen. Es una de las cosas que me ha ocurrido a lo largo de estos años que más alegría me ha dado porque me di cuenta que en realidad hay un interés de llegar a estos temas a través de la cultura. Muchas veces se dan libros en el instituto que hacen perder interés en la literatura. Hay obras de autores actuales que se podrían leer en el instituto que tratasen sobre la menstruación o sobre la homosexualidad no sé.

Ahora se adentra en la aventura de dedicarse al periodismo y a la escritura “Panza de burro me está dando la oportunidad de por primera vez dedicarme a escribir” afirma. El miedo a morir de hambre existe como en todos los autores pero será valiente y por un tiempo dará ese paso. Enhorabuena canarios habéis ganado una nueva escritora con voz propia y eso es motivo de celebración y más con los tiempos que corren debemos aprovechar y celebrar la vida cada día.

Andrea Abreu

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