Emoción acústica con La Habitación Roja en Alicante.

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por Sandro Maciá

El castillo de Santa Bárbara y el éxtasis del pop

Riánse ustedes del éxtasis de Santa Teresa cuando, como narraba en sus escritos, experimentaba aquellos episodios de felicidad plena y fanatismo exacerbado que tan vulnerable como plena le hacían sentir. Sí. Riánse ya mismo. Pero no porque el que aquí golpea las teclas quiera convertirles al más profano de los ateísmos, ni porque tenga intención alguna en querer echar por tierra estas vivencias que, literal y literariamente, han inspirado y nutrido nuestra cultura popular desde lo religioso a lo histórico.

No. Nada de eso. Si por algo me siento con la potestad de poder incitar a restar importancia a los místicos momentos que la citada santa dijo vivir, es porque yo, que poco tengo de santo y aún menos de místico, superé su estado de extasiante y fantástica emoción y fervor hace sólo dos días, cuando ni las actuales restricciones sanitarias ni la pesadumbre que conllevan, pudieron impedir al aquí presente y a todos los asistentes al ciclo de conciertos Momentos Alhambra -anualmente organizado por Meet and Live-, disfrutar del precioso concierto acústico que La Habitación Roja brindó entre los muros del patio de armas del castillo de Santa Bárbara, en Alicante.

¿No es para morir de amor, como diría La Bien Querida? ¡Sin duda! Y así fue. Una muerte amorosa fue lo que aconteció. Una muerte de todos aquellos problemas, desasosiegos y tristezas que nos persiguen en este 2020. Un entierro de lo malo para, a base de romanticismo, cercanía, arte y sensibilidad, celebrar la vida entre hits de ayer y hoy, entre temas que han ido dando forma a una carrera de 25 años y que, esta vez junto al mar Mediterráneo, volvieron a la vida en las manos y guitarras de Pau Roca y Jordi Martí -con el magistral acompañamiento de Endika al teclado-.

Llámenme exagerado, pero bien corto me quedaría si no me refiriese así a lo vivido en el emblemático lugar de la costa alicantina, en ese clásico patio donde, si antaño apoyaban sus espadas los caballeros, el pasado miércoles fueron los de la Eliana los que empuñaron sus armas para ejecutar, con un talento admirable y tras una entrevista muy divertida a cargo de los compañeros de Corrientes Circulares, su mejor ataque: un tracklist que comenzó a tomar forma potentemente con Nuevos románticos y que combinó, de la manera más natural, una hoja de ruta marcada por la lista prevista de temas preparados con las improvisadas peticiones del público.

Fruto de ello fue el disfrute de Posidonia -primera de las peticiones-, Volverás a brillar, Berlín, Mi habitación -atemporal, también concedida tras la solicitud del público-, La noche se vuelve a encender, Líneas en el cielo, Quiero, la archiconocida Indestructibles -ya amada por quienes nos dejamos encandilar antes de la cuarentena, los videos-homenaje y la aparición estelar en Élite-, y la animada -y más que bien traída al territorio de lo acústico- Febrero.

Todo esto, sin robar protagonismo a las composiciones estrella de su último trabajo, Memoria (Mushroom Pillow, 2018) y sin menospreciar los highlights de un show, marcados por la alegría que dieron al retomar La edad de oro, al resucitar El fotógrafo del alma -¿habrá regrabación próximamente?-, al afianzar el clímax con La moneda en el aire y al no caer en los tópicos de los bises, cerrando intencionadamente con Las canciones para, entonces sí desde la autenticidad y desde el reclamo real del público tras encontrarse ya casi en fase de desalojo del lugar, volver al escenario y hacer caso nuevamente a los presentes al tocar Estrella herida de muerte.

Lujazo. Lo dicho: riánse del éxtasis narrado en las escrituras, porque lo mío, y lo de todos los que allí nos congregamos, sí fue digno de emoción colectiva y de disfrute máximo del cuerpo y el alma. Amén.

 

Habitación Roja Alicante

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