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La otra madre de Carol Schaefer. 

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por Vanessa Díez Tarí

Aún no tenía catorce años y apareció el primer hombre de mi vida. Era todavía una niña pero mi cuerpo por tamaño y forma ya eran de mujer. Estábamos enamorados y las hormonas estaban en su momento de ebullición. Éramos jóvenes. Durante aquellos años acumulé un gran miedo a un embarazo no deseado. Era una frase repetida por mi madre y mi abuela: un embarazo temprano significaba matrimonio. La vida de una mujer cambia ante la llegada de un hijo. Para mi durante aquellos años significaba dejar de estudiar algo que me hubiera dolido en el alma. Fui de las pocas universitarias y más tarde licenciadas de mi familia. Mi formación era importante para mi aunque la vida me haya llevado por otros caminos. Siempre he pensado que será mejor tener herramientas para reaccionar ante los cambios que estén por venir. Y si reconocemos la verdad, un embarazo adolescente hubiera sido traumático. La maternidad para mi madre no fue un camino de rosas por sus enfermedades, su estado emocional y la escasa empatía de mi padre ante ciertos hechos. Su enseñanza de la maternidad fue de dolor y sacrificio. Eso hacía que me diera más miedo. El matrimonio y la maternidad era algo lacerante por lo que la mujer sacrificaba vida, salud y libertad. Así durante años puse distancia ante el hecho de formalizar mis relaciones estables y dar el paso de ser madre.

En “La otra madre” de Carol Schaefer se nos relata la experiencia de la autora ante un embarazo adolescente. La presión ante la situación lleva a los futuros padres a dejar el peso de decisiones demasiado importantes para su futuro en manos de sus padres. Dos familias católicas, los años sesenta del siglo pasado, un embarazo fuera del matrimonio ya podemos imaginar la resolución. Solía ser matrimonio o adopción, nunca aborto. Nos puede parecer lejano y más siendo una historia real sucedida en suelo norteamericano, pero no nos engañemos nuestro país es tradicionalmente católico y hasta no hace tanto tiempo se mantenían en las familias ciertas costumbres de buen comportamiento y decoro, cuidando no alimentar el qué dirán y guardando la decencia de las mujeres de la familia. Además en zonas rurales cómo en la que yo me crié esto todavía sucedía en los noventa. Ahora es más fácil que una mujer se ponga el mundo por montera ante las habladurías del pueblo y haga su propia vida cómo mujer activa sexualmente pero tiempo atrás las malas lenguas lapidaban su vida.

Carol Schaefer nos confiesa su calvario. No llegaba a los veinte años y su novio no se decidió a casarse ante aquel embarazo inesperado. Los dos querían estudiar en la universidad y haberse casado significaba directamente trabajar para mantener a ese niño y a su futuro hogar. Les pondría de golpe en la edad adulta. Sus padres lo pusieron todo muy negro. Era importante lo que dirían los vecinos ante aquella tripa creciente. El tiempo corría. No importó dejar a su hija sola varios meses en un hogar para madres solteras. No importó dejarla sola con las monjas sin abrazarla ni consolarla. Aparentar normalidad era lo más importante. Mantener una mentira.

Carol Schaefer no hace caso a los consejos de las monjas. Aprovecha los escasos momentos con su recién nacido para darle calor y cobijo. Atesora recuerdos para cuando se quede sin él. Después quedarán vacíos sus brazos y su alma. Nada la consolará ni los estudios, ni las experiencias, ni las parejas. Después de años de depresión silenciada reunirá el valor para comenzar su búsqueda. Esta es su historia. La autora nos habla de su dolor, de aquellos años, de su soledad y de todas las dificultades. No edulcora la realidad. Si acabáis de ser madres no es una lectura adecuada en este momento pues esta es una historia de pérdida. Aunque aquellos padres y monjas no fueran conscientes gracias a sus actos traumatizaron a muchas mujeres. Su pecado fue dar vida fuera del matrimonio. En este país ha habido muchísimos niños robados durante el franquismo que pasaron a familias adineradas católicas, al menos en este caso aunque la mujer se vio coaccionada por sus padres firmó los papeles pero ¿y todos esos casos en que la mujer recién parida recibía la triste noticia de que su bebé había nacido muerto y no era cierto? Algunos de aquellos casos con la democracia se pudieron ir esclareciendo. Otros sin embargo quedaron impunes en el olvido. Aunque el dolor sufrido en silencio por madres e hijos separados a la fuerza sigue existiendo hasta que se reencuentran.

La otra madre de Carol Schaefer

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