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Serch y su Concept.

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por Sandro Maciá

Un largo conceptual

Como ese brochazo que dejas para el final cuando pintas un cuadro o como ese último bocado que apartas en el plato porque, consciente de que va a ser el más sabroso, no quieres degustarlo con prisa. Valga la redundancia del concepto para poder dar a entender lo que me venía a mi pasando con un buen grupo desde que cayó en mis manos uno de sus últimos trabajos, o, lo que es lo mismo, sirva el artístico y comestible ejemplo para sugerir mis ganas -y a la vez respeto- de hincarle el diente a lo último de Serch, que bajo el título de Concept (Flor y Nata Records, 2020), quedó en mi memoria como ese capricho que uno quiere conservar con la ilusión de recurrir algún día a él y con el cuidado de saber cómo hacerlo.

Y así hasta hoy que, con la misma ilusión pero con el convencimiento de que no hay mayor cuidado que el de la sinceridad, me planto frente a frente de este conceptual disco del veterano grupo catalán -hagamos memoria: Sergio Salesa (voz y teclados), Miquel Cellalbo (secuencias, teclados y guitarras) y Jorge Arroba (bajo)- para comprobar que sí, que como anticipa la fama que precede al disco, dos son los pilares que sustentan su exitoso recorrido: la posibilidad de palpar la combinación propuesta de influencias electropoperas tomadas de Bowie, Suede, Depeche Mode o Nick Cave, y esa “manera muy subliminal” -en palabras de los propios Serch- de plasmar la “idea recurrente sobre el lado salvaje de cada uno y cómo lo mostramos o escondemos”.

Dos ideas, dos vértices sobre los que bascula un disco que mantiene un paralelismo estructural respecto al eje temático central de esas dos mitades y/o verdades complementarias que todos poseemos y que logra, a modo de “pulso entre belleza pura y más perversa”, ofrecer una exhibición de nueve canciones demoledoras, capaces de generar un impacto certero a base de electrónica, glam-rock y grandes melodías.

¿Qué me dicen del inicio de Little God y esos ecos que van adquiriendo protagonismo a lo largo del corte? ¿Y de las guitarras y secuencias de Strangers with nothing to lose, que fue presentado en su día junto a un remix de Pedro Pina? Nada malo. Seguro. Nada malo pueden decirme porque no sólo esos dos primeros hits son representativos, sino que también contamos con el claro y vivo arranque de Lonely man, con la magia espacial y adictiva de Pure child, la atmósfera relajada e instrumental de Cup of tea, las combinaciones de capas sonoras y marcados pasos de Elisabeth, el bailable pero paradisíaco dueto -por sus sigilosos primeros segundos- Boy after the nightmare (con colaboración de Sigmund Wilder), la romántica y cautivadora The Light (con acompañamiento de Isabel Atmeller, de Rooms) y Rock saint, un cierre conjunto con Santi Rex (Niños del brasil) que no deja tiempo ni para dudar, con unos versos que no cesan más que para dar paso a unos amplios coros que se mezclan con un mar sintético de texturas electrónicas.

Motivos para iniciarse en Serch, pensarán algunos. ¡Pues no! Más bien razones para seguir disfrutando de su música, que a sus espaldas ya cuentan con una trayectoria marcada por tres discos: The Bastard Remixes (2018), Bastard (2017), New (2015); y eso por no mirar al frente, ya que también han sido padres, tras la cuarentena, de una nueva criatura, su THE FACTORY SESSIONS, un guiño a New Order/Joy Division que cuenta con los directos de temas de Concept y con dos nuevas versiones.

¡¡Imparables, estos chicos!!

 

Serch y su Concept

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