Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

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por Lara Vesga

“Imagínense lo felices que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género”. Perlas como esta aparecen en Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977), escritora y una de las máximas portavoces del feminismo a nivel mundial. 

El libro, que reproduce una charla TED de la autora de La flor púrpura, es una joya de tapa dura y unas bellísimas ilustraciones de Leire Salaberria (Andoain, 1983). A primera vista parece un cuento infantil, y no en vano uno de los mensajes más repetidos a lo largo de sus páginas es la educación desde la niñez como motor para el cambio y el inicio de un mundo más justo. “Tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos”, dice la escritora.

Se puede leer rápido, pero conviene leerlo lento. Merece la pena saborear cada historia que se cuenta, cada reflexión. Muchas mujeres se sentirán identificadas con lo que se narra. Pero también muchos hombres. “El mejor feminista que conozco es mi hermano Kene, que también es un joven amable, atractivo y muy masculino”. 

Adichie aboga por erradicar falsos estereotipos de la mujer feminista. Por que no se permitan pequeños gestos machistas diarios que están tan normalizados que pocos y pocas los discuten. Habla sobre las ventajas históricas por el hecho de ser hombre que todavía aún perduran. Sobre las malas excusas para minimizar la inferioridad de las mujeres en tantos ámbitos de la sociedad. “Hay otros que dicen: – Bueno, los hombres pobres también lo pasan mal. Y es verdad. Pero el género y la clase social son cosas distintas. Los hombres pobres siguen disfrutando de los privilegios de ser hombres, por mucho que no disfruten de los privilegios de ser ricos”. 

Pero en “Todos deberíamos ser feministas” también se tocan otras situaciones que el feminismo busca cambiar y de las que no se suele hablar tanto. Una de ellas es la vinculación de masculinidad y dinero, la presión que los hombres suelen tener para ser quienes provean a la familia, para demostrar su hombría a través de medios materiales. “¿Y si a los chicos y a las chicas no les enseñáramos a vincular masculinidad y dinero? ¿Y si su actitud no fuera <<debe pagar el chico>>, sino más bien <<que pague quien más tenga>>?”

El libro es una joya tanto en el fondo como en la forma. Hace reflexionar y acerca de una forma amena su revelador mensaje feminista y de igualdad y colaboración entre hombres y mujeres a las nuevas generaciones y el público familiar. Ojalá hubiera sido una de las lecturas “obligatorias” de mis tiempos de colegiala. Con suerte los niños y (no tan niños) de hoy en día podrán aprender y disfrutar con obras como esta.

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