Una dacha en el Golfo de Emilio Sánchez Mediavilla.

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por Rubén Olivares

Si preguntáramos al azar a nuestros allegados dónde está Bahréin o qué saben de este país, pocos sabrían contarnos algo más allá de su circuito de Fórmula 1. A Mediavilla le ocurrió lo mismo, hasta que se trasladó a esta pequeña isla del Golfo Pérsico arrastrado por la persona amada, a la que le ofrecieron un trabajo en este desconocido país. Gracias a esta aventura personal, podemos disfrutar de un libro original, entretenido y estimulante que nos invita a sumergirnos en la realidad de un país desconocido para la gran mayoría, un libro a través del cual contaremos con un manual para reconstruir este complejo puzzle sociopolítico y cultural que conforma la sociedad de Bahréin, que ha sido premiado por su calidad periodística y literaria, un acicate más para acercarse a su lectura.

“Una dacha en el Golfo” es un relato en primera persona, casi un diario íntimo de un cronista, escrito con una mirada inocente y perpleja, pero carente de prejuicios hacia lo que ve, con un gran sentido del humor delicado, sin perder en ningún momento el compromiso periodístico de relatar lo que se ve y vive. A lo largo de este impar y bizarro paisaje, en el cual se mezclan los intereses geopolíticos, estratégicos y los intereses empresariales millonarios, desfilan personajes singulares que conforman un complejo caleidoscopio que sustentan la sociedad de Bahréin, desde trabajadores asiáticos que viven en un régimen de semiesclavitud, expatriados occidentales que buscan nuevas oportunidades laborales pasando por jóvenes autóctonos que ejercen la oposición contra el gobierno, arriesgando su vida, un retrato periodístico que dibuja la realidad social y política de este país, una compleja disección sin más pretensiones que la mirada de su autor.

A través de sus páginas, vamos descubriendo Bahréin al mismo tiempo que lo hizo su propio autor. Los primeros capítulos del libro son una introducción, una visita guiada a través de un espectador privilegiado, mediante una narrativa más propia de quien escribe a sus amigos sobre lo que está viviendo que como un cronista, revelándonos el choque cultural y las impresiones y confusiones que va viviendo en sus primeros días. Una vez que conocemos un poco más sobre este país y nos hemos familiarizado con su realidad, cuando somos capaces de imaginarnos paseando por sus calles, encontrarnos con sus ciudadanos, ver su paisaje y no evocar simplemente una noticia o la imagen de una entrada en Wikipedia, es cuando Mediavilla nos invita a sumergirnos en la crónica periodística de su obra. A través de su mirada en primera persona, iniciamos una crónica periodística en la que se nos muestra la represión, la violencia, la tortura policial, la connivencia de Arabia Saudí a la hora de sofocar revueltas y la hipocresía en las relaciones que mantiene con Occidente -quien condena tibiamente la represión a la oposición mientras suscribe negocios millonarios con el gobierno-, las aspiraciones de conquistar un régimen democrático por parte de la oposición y los anhelos de vivir una vida más plena y lejos de los dictámenes de la familia real de la juventud de Bahréin. Todo ello a través de las voces de sus protagonistas, las amistades que hizo allí, su propia experiencia vital así como algunas entrevistas con exiliados que hizo en el extranjero.

Este recurso a la primera persona, nos hace más creíble el relato que nos narra su autor, periodista comprometido con la realidad en la que vive y que se arriesga a ser, en el mejor de los casos, expulsado del país cuando su relato resulta incómodo. No obstante, gracias a periodistas como Mediavilla, podemos conocer la realidad de las pésimas condiciones en las que deben desenvolverse, o más bien sobrevivir, los ciudadanos de los rincones más alejados de nuestra realidad occidental.

Ahora, toca leer “Una dacha en el Golfo”, relato que, pese a la crudeza de algunos de sus capítulos que nos muestra la realidad que subyace tras el escaparate de riqueza, Formula 1 y paisajes de ensueño, nos lleva a descender a los infiernos del totalitarismo, al tiempo que nos relaja a través de sus anécdotas cargadas de humor, haciéndonos más creíble lo relatado. Un relato que nos pone fácil su lectura, incluso para el lector menos exigente, que todos deberíamos leer, para disfrutar de una buena crónica periodística y comprender una realidad que, pese a la distancia, no nos queda tan lejana, dada las estrechas relaciones personales que el padre del jefe del Estado mantiene aún con estos gobiernos tan poco democráticos.

 

Una dacha en el golfo

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