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Cosas que brillan cuando están rotas de Nuria Labari. 

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por Gemma Juan Giner

“No lograron apagar vuestras almas ni silenciar nuestra voz”.

“Desde ese 11 de marzo me estoy preguntando
por qué nos escogió
seguro que algún día te acabaré alcanzando
cuanto más tarde mejor
y ese día, no lo dudes,
te estaré interrogando”.

Estos versos son reales, recogidos del santuario de Atocha por la propia autora del libro, Nuria Labari, que tuvo que cubrir los atentados del 11 de marzo de 2004.

Hay fechas que no se olvidan, fechas que siempre recordarás lo qué estabas haciendo ese día y dónde estabas. Como el 11-M. Todos recordamos qué estábamos haciendo aquel fatídico día. Yo tenía 16 años, era mi último año de colegio y como éramos los “mayores” nos dejaban salir en el recreo a la librería para comprar material escolar.

Ese día, cuando mis amigas y yo llegamos a la librería, la dependienta, que conocíamos de sobra, nos contó lo que había pasado esa mañana en Madrid. En un principio, no nos lo podíamos creer. Éramos demasiado jóvenes. Unos años después, en la carrera de Periodismo, analizamos muchísimo cómo tratar un suceso así en los medios de comunicación. Años más tarde, conocí a un chico que estuvo en el tren ese día. Me contó las secuelas que le habían quedado y lo duro que fue no solo vivir aquello, sino todo lo que viene después. Los miedos, los prejuicios, las fobias.

Cuando vine a vivir a Madrid lo volví a recordar. Yo también cogía el tren y pasaba por el lugar de los hechos cada mañana. Habiendo pasado tantos años de aquello, todavía tengo amigas que tienen un enorme respeto al metro y evitan subir a los vagones de en medio.

“Cosas que brillan cuando están rotas” está escrita por Nuria Labari, periodista que cubrió los atentados del 11-M. Hacía mucho tiempo que quería leer esta novela que trata sobre la pérdida, sobre la pareja, sobre lo que tenemos y sobre lo que perdemos.

Brillamos porque estamos rotos. A veces la vida tiene que hacerse añicos para darnos cuenta de las cosas relucientes que hay en ella. Pero a su vez esta ruptura produce un dolor inmenso, y corremos el riesgo de no ser capaces de reconstruirnos.

La autora plantea dos crisis paralelas en la novela. Por una parte, la crisis sociopolítica del 11-M, y por otra, la crisis de un matrimonio con una hija adolescente. Un día antes de los atentados, Eric decide llevarse a su hija Clara a Berlín. Necesita distanciarse de su esposa Eva y estrechar lazos con su hija, a la que siente que no conoce. Eva tendrá que cubrir los siguientes días el atentado, sola. Los tres se sienten confusos, perdidos en una vida que creían tener bajo control. Tanto el viaje a Berlín como el atentado, harán replantearse muchas cosas a los tres protagonistas.

Sin ninguna duda, los capítulos más duros son cuando Eva relata los momentos compartidos con los familiares de las víctimas o cuando está en el hospital con los supervivientes. Toda esta gente sabe que podría haber muerto, ha visto los cuerpos mutilados, ha olido la carne quemada y se sabe viva. Sin embargo, es evidente que esta gente no siente que haya vuelto a nacer, es como si hubieran vuelto de morir y ni siquiera por propia voluntad. La vida ya no es un consuelo para ellos. Después de las bombas la vida no consuela, la vida duele.

Una novela dura, necesaria, conmovedora, una auténtica maravilla. ¡Enhorabuena Nuria Labari!

 

Cosas que brillan cuando están rotas

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