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Dicen que no hablan las plantas, una propuesta poética de Raquel Lanseros y Fernando Marías. 

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por Ana Olivares

Pero es mentira. 

Dicen que no hablan las plantas, pero es mentira. Así se inicia esta fabulosa propuesta poética de Raquel Lanseros y Fernando Marías, con una de las poesías más representativas de Rosalía de Castro, que a su vez, sirve de bienvenida y adelanto de lo que vamos a descubrir en este libro ilustrado por Raquel Lagartos.

Cómo en el concierto de Vivaldi de Las Cuatro Estaciones, cuatro son los apartados por los que recorreremos la mejor selección de poesías de autoras y autores hispanos que han elevado este género con diferencia. Se trata de la compilación de las poesías más bonitas y significativas que puedan acompañarnos en este paseo por el bosque, de mano de un género que se mantiene vivo a pesar de los ciclos del tiempo. Cómo todo en la Naturaleza, se transforma, para poder seguir alimentando a ese espíritu libre bañado de sol, que sonríe a cada verano con el mismo entusiasmo que el primer día; que se enamora de la Primavera y de su explosión de colores y olores y que recogía los frutos de su pasión en Otoño preparándose para otro Invierno de reflexión a la espera de un nuevo sol. La Naturaleza es vida, al igual que lo es la poesía – expresión máxima del alma-. O al menos esta es la descripción más poética que he conseguido. Dejando a un lado estos arranques artísticos, comprended que os presentamos una lectura que estimulará nuestros sentidos y nos dejará ciertos atisbos de melancolía bonita y necesaria.

Iniciamos este ciclo natural en Primavera, con Rosalía de Castro y ese ritmo tan bonito que enamora y se presenta con esa delicadeza tan característica que lo envuelve todo. El nido de Alfredo Espino, acompañado por la ilustración de un pájaro cuál Guerrero de la Visión esperando la mañana. A las flores de Calderón de la Barca, nadie mejor para las descripciones coloridas y románticas de los paisajes o A un olmo seco de Antonio Machado, donde este casto árbol hendido por el rayo sirve de testigo al paso del tiempo y culminando con Canción de otoño en primavera de Rubén Darío cómo colofón. El Verano ya se anuncia con girasoles sublimes y se huele el salitre del mar con Paisaje de Verano de Julián del Casal. La cigarra de Salvador Rueda no podía faltar bajo el calor abrasador de la tarde; mientras que Tus ojos de Jorge Isaacs, nos habla de los dulces sueños, de las pasiones, del anhelo bohemio. El efímero Agosto de Federico García Lorca nos hace sonreír por la inocencia de ese melocotón gigante en el que juegan los niños… Y en este punto sabemos que Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan…de Miguel de Unamuno, maestría en uno. En Otoño los hongos salen de entre los troncos de los árboles, mientras un manto de hojas caídas se convierte en una alfombra mágica que nos transportará a los rincones más hermosos de los bosques. Pensamientos de otoño (I) de María Monvel nos invita a reflexionar y contemplar la belleza. Con La caída de las hojas de Francisco Sosa Escalante, unos versos sublimes nos preparan para Quien no estuviere en presencia…de Jorge Manrique, quien nos roba un suspiro justo antes del Amanecer de Otoño de Antonio Machado, donde la meseta se enciende con las primeras luces del día. Florecimiento de Delmira Agustini, pone algo de oscuridad y lo cotidiano se ensalza mientras que en Hechicera de Luis Gonzaga Urbina también encontramos un amor utópico y sombrío. Tarde de Lorca, con una maestría acorde a la estación, culmina con Volverán las oscuras golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer, tan mítica que todos la habremos leído. Llega el Invierno, la nieve congela los páramos y los nuevos brotes resurgen entre el hielo, sin descanso, cómo pequeñas luces de color que señalan un camino oculto. Al sol en un día de diciembre de Gertrudis Gómez de Avellaneda, cuál reina del frío nos anuncia la llegada de las primeras nieves. Jaculatoria de Amado Nervo, me recuerda a una persona muy especial que se fue en invierno, y me emociona. Al igual que ese corazón arropado por las ramas que acompaña En qué bárbara tierra me guardara de Lope de Vega. Y cuándo las Mariposas de enero de Luis Gonzaga Urbina aparecen, Sauce de César Vallejo nos muestra los crespones negros del luto ocre. El Soneto definiendo el amor o sus contrariedades de Margarita Hickey es cómo un torrente de sentimientos que termina de desmontarnos por completo para después volvernos a unir. –Sólo he comentado algunas obras, hay muchas otras-.

Hemos sido testigos de cada una de las escenas evocadoras que acompañan estos versos y que activan nuestros sentidos y sentimientos. Esto lo ha conseguido su ilustradora Raquel Lagartos, ya que sin sus creaciones este libro no tendría tanto valor. No sólo eleva la parte literaria al servir de decorado a cada obra, sino que logra que cada página se convierta en una obra de arte visual complejo dentro de la aparente sencillez de los trazos. El detallismo, pero sobre todo las formas y el color, reflejan con armonía y elegancia los significados de cada lectura. Resulta atractivo releerlo, ya que siempre te fijarás en algo distinto. En lo que se refiere a la selección o propuesta de obras, en realidad las podríamos buscar y leer en otros libros, aunque no hubiésemos tenido la oportunidad de verlas reunidas en un tomo que no sólo busca una calidad estilística y literaria; se trata de un proyecto que permanece en armonía con los ciclos de la vida. Reencontrándonos con esa sensibilidad innata que tan sólo el verso nos puede ofrecer.

Otra sorpresa que indica el mimo que le han puesto a este libro es que justo al final viene un sobre que contiene una lámina con semillas. Si las plantas, germinarán y nacerán flores preciosas, al igual que los versos que encontramos entre sus páginas; y a su vez, éstos se unirán a la tierra en un abrazo eterno y permanente que nos recuerde siempre lo bello que es vivir.

Dicen que no hablan las plantas

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