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Fantasmas en la trinchera, de Jon Cabrera. 

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por Lara Vesga

Poca o ninguna clientela nueva entra ya al Imperial, un anodino bar situado en un humilde barrio de una ciudad sin nada de especial. El establecimiento tiene siempre apalancados en la barra a los mismos parroquianos, Andrés, Julio y Miguel, tres jubilados que ven pasar sus últimos años de vida entre recuerdos, batallitas y paseos a los nietos. El dueño del lugar es Ismael, un discapacitado que pasa las jornadas laborales leyendo libros y escribiendo en sus cuadernos.

Completan la peculiar fauna del local Adrián, un camarero llegado de no se sabe dónde que no suelta prenda sobre su pasado; Manu, un inmigrante que busca labrarse un futuro mejor para él y su familia y por último Martín, el dueño y señor de medio barrio y quien maneja los hilos de todo lo que en él ocurre.

Hasta aquí todo normal.

Tan normal, tan normal, que un día al grupo se le ocurre aprovechar esa normalidad para dedicarse a delinquir. ¿Quién va a fijarse o aún menos a sospechar de unos jubilados y de un discapacitado? Su invisibilidad será precisamente su mayor aliada, y gracias a este giro volverán a encontrarle el sentido a la vida y a disfrutar de ella como locos.

El periodista Jon Cabrera (Barakaldo, 1972) nos trae una historia tierna y divertida contada a través de las voces de los distintos protagonistas de la trama, que capítulo a capítulo se enreda más y más, provocando la inevitable risa a un lector que se acabará encariñando con esta peculiar banda.

“Fantasmas en la trinchera no es más que un divertimento. Para mí, desde luego, lo ha sido como forma de explorar las diferentes maneras en las que se puede contar una historia que, en realidad, son muchas. Espero que para el lector también lo sea.

“Uno de los objetivos prioritarios durante la redacción siempre fue que la historia no decayera, que no perdiera ritmo ni originalidad, que el lector encontrara siempre un motivo para pasar página y seguir leyendo” . Como decía René Lavand: “El público disculpa el error, lo que no perdona es el aburrimiento”, cuenta el autor de la novela.

Nunca más la jubilación será ese tiempo anhelado de descanso y relax, al menos para los personajes de “Fantasmas en la trinchera” . Atracos, disparos, estafas y muchas más situaciones rocambolescas a cargo de unos ancianos con ganas de volver a sentirse jóvenes serán la nueva normalidad de un barrio en el que hasta entonces nunca pasaba nada.

Fantasmas en la trinchera

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