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Las doce uvas de Letras en Vena

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por Sandro Maciá

Doce propuestas para no atragantarnos en 2020

A las 11, a las 12, ¡a la mierda! Yo llevo tal lío con esto de las horas y los toques de queda –ni muerto habría imaginado escribir esto, en los tiempos que corren- que creo que me quedaré en casa, ya no por miedo a que me multen, sino por la vergüenza de hacer el ridículo al no saber, después de tanto cambio, hasta cuándo puede ejercer uno su derecho a ser –al menos un poco- libre y no andar teniendo que memorizar más normas que si de una oposición a juez se tratase…

Por eso, apelando a la necesidad de simplificar este fin de año y de que toda tarea que nos dispongamos a realizar sea en sí un disfrute y no un jaleo marcado por la obligación y la evasión del error, esta vez, lejos de machacar con el típico top 5, top 10 o top trescientos mil, les propongo la alternativa perfecta al tradicional plan de las uvas. El método infalible para mandar a tomar por saco al puñetero 2020, que no es otro que el de darse el capricho de tomarse un rato para uno mismo y degustar 12 piezas de música auténtica, de talento emergente y de arte puro. O lo que es lo mismo, de pasar al siguiente párrafo para emprender el recorrido por los 12 bombazos de Letrasenvena en estos meses. Tal cual, de enero a diciembre. ¡Vamos!

¿Recuerdan aquel bonito enero? Sí, aquel mes en el que ni por asomo éramos conscientes de lo que acontecería unas semanas después… Pues bien a gusto que estábamos, por aquellos días, disfrutando de lo que Pepe “Bluesman” Murcia nos había preparado. Un “loco” proyecto llamado The Paw-Paw Negro que, bajo la fórmula del “power-trío”, que vino con el debut de Initio Sonus (Flor y Nata Records), un trabajo marcado por el valioso poso de la experiencia del propio Pepe Murcia –cerebro de la operación, junto a Abraham y Guillermo como compinches- donde se dio cita la distorsión, la crudeza de los ritmos electrónicos y la fiesta que conlleva un estilo trepidante y ágil.

Unos días después, febrero amanecía con una buena dosis de synthpop, el que nos ofrecieron, bailable y disfrutablemente, los chicos de Rayotaser con Robocops (La Melona / Ataque!), haciéndonos reflexionar hasta el punto de reconocer que “lo sintético y sampleado, tamizado por sus manos y voces, fluye con la peculiaridad de fluctuar entre lo hedonista y lo comedido, contando con la sensibilidad -no la ñoñería- como punto de unión ante el antagonismo que generan ambos conceptos”.

Ya en marzo, a escasos días de saber que tendríamos que pasar varios meses en casa, pudimos desfogarnos con el tropicalismo electrónico de Chavales y su homónimo Ep (Elefant Records) de cuatro canciones, cuatro ejemplos de que la sinceridad y la claridad pueden llegar dar forma a composiciones que, combinando sonidos de ayer y de hoy, nacen para ser actuales y para sorprender –difícil hoy en día- con la originalidad de sus versos y la sencillez de su estructura.

Abril, aunque desde el confinamiento más absoluto, pudimos pasarlo con la dulce propuesta de Capsula de sueños, un triple single que vino capitaneado por Tu mundo de cristal, donde los límites se difuminaban de manera sensiblemente brillante gracias a las composiciones de Paco Tamarit y María Ferrando, sutileza y arte a partes iguales.

El mes de las flores, dígase mayo, fue el que protagonizó Marcos y molduras, dúo que nos puso las pilas con Te espero en casa (Discos de Kirlian) a base de ocho píldoras de tweepop y ruidismo buenrollista, ocho candidatas que pugnarán por ganarse el amor de todo aquel que quiera pararse a degustar su esencia ágil y estructuralmente directa. ¿Un ejemplo? Su hit La rutina, sin duda.

Aún deshojando margaritas nos pilló la contundente presentación de Resiliencia (Flor y Nata Records) en junio, un discazo de Fanáticos donde doce son las fehacientes pruebas de que el empeño expuesto en su nombre no se queda ahí, sino que cada acorde y verso iba encaminado a hacer de cada canción un hit, bien sea “con su oasis entre estrofas y unos rifs que mantienen el ritmo en todo momento”, “con pegadizos sonidos y despreocupado concepto textual estructurado para ser recordado sin caer en lo repetitivo” o con buenos chutes de “inicios electropop y cuerpos marcados por la distorsión a las cuerdas y una voz a la altura”.

Tras ellos, julio y agosto no se quedaron atrás en cuanto a marcha ni festivas propuestas, porque el equipazo de Flor y Nata Records siguió encumbrándose con la reedición de Affair de Verano, un hit de Elektronikboy que se revisionó por partida séxtuple “ofreciendo al oyente una variedad de interpretaciones que, pese a no ser exageradamente dispares entre sí, no conllevan un sacrificio de la originalidad de la canción ni suponen un “non-sense” repetitivo”, todo un ejemplo de versatilidad.

Festivas propuestas, las anteriores, que no lograron eclipsar a la que llegó en septiembre, cuando captó nuestra atención el fervor del baile y las inyecciones electónicas de Mist3rfly con su Vórtice (Flor y Nata Records), “donde una amalgama de conceptos va extendiéndose implícitamente a través de sonidos que son, en sí, los que nos llevan a poder referenciar las señas del propio autor” y “a palpar esas reminiscencias culturales que homenajean a la capital del underground y de la electrónica más puntera: Berlín”.

Alcanzado el otoño, en octubre, desde el mismísimo México pudimos saborear Luna, un single de la banda Efelante, un estelar estreno que nos convenció al demostrar que tiene buenos elementos para ser, artística y técnicamente, una canción a la que prestarle más de una escucha. O lo que es lo mismo, “una composición a la que darle tantas oportunidades sean necesarias como para apreciar su dulce intro y su potente inicio, previo a unos versos fuertes en ritmo y poesía, preludio de lo que acontece al final, es decir, esa energía que Efelante transmite en vivo”.

¿Y vamos acabando? Así es, porque la recta final del año, pese a no ser menos importante, ya nos sirve para encarar los nuevos estrenos de 2021, no sin dejar de recomendar aquel original compendio de instrumentales ideas que supuso en noviembre Els somnis del futur s’escriuran amb acer! (El Mamut Tracut,2020 / La Música Amanseix Les Feres), donde Lluis Paloma “Patinet” se encargaba de amalgamar un conjunto de ritmos, reverbs, líneas de retardo, graves ecualizados y compresión sonora para hacernos pasar buenos ratos desconectando de la palabra articulada; así como tampoco obviando el precioso regalo que nos hicieron en diciembre los peruanos Satélite menor con su Sistemas inferenciales (Catenaria Discos), un colofón a esta docena de vivencias y grandes momentos que nos encandiló con la oscuridad, la ensoñación y lo orgánico de su dreampop, abriéndose hasta el punto de no dejar sin explorar un solo recodo con su juego de voces, guitarras, teclados y sintetizadores.

Con semejante pasatiempo, ¿quién echa de menos las uvas? Disfruten, amigos.

 

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