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TARADA de Carolina Sarmiento. 

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por Ana Olivares

A la que se la llevó el viento.

Perdonarme por el atrevimiento y por los juegos de palabras absurdos y sin fundamento pero me ha atrapado el espíritu de esta road novel de locura. Tarada, así la llaman porque ha sido juzgada desde que tenía uso de razón. En algún momento alguien determinó que sus acciones o pensamientos no eran lo que se espera de alguien normal. Y lo peor de todo es que han sido bastantes quienes han levantado el dedo para señalarla… Y yo me pregunto ¿Quién mide la cordura? Los que tienen el don de la locura. Abrazar esos aspectos que tanto nos disgustan o nos provocan quebraderos de cabeza porque no encajan con lo esperado quizá sea la solución a la mayoría de nuestros problemas.
He de dejar claro que no se trata el tema de la enfermedad mental propiamente dicha, pero sí se acerca bastante y se le hace un guiño aportando visibilidad y contribuyendo a su difusión y aceptación social. Y es que Tarada es muchas cosas a la vez; en conjunto, es una especie de autobiografía ficticia que trata de dar salida a la cantidad de sentimientos que irá experimentando nuestra aventurera kamikazi a lo largo de su viaje a ninguna parte. Se trata de un recurso muy inteligente ya que capta la atención del lector desde la primera página, además de proporcionarle más empatía si cabe con los personajes; y por supuesto, por la gran capacidad narrativa de su autora, que sabe hipnotizar a los lectores cual flautista de Hamelín. La historia es dinámica, ácida y mudable. Al tener capítulos cortos cambiamos de situación o de época, ya que viajaremos al pasado. Un movimiento necesario para comprender la vida de nuestra protagonista. Lo que nos descubre otra cara más de un personaje que domina la obra sobradamente. Pero lo más destacable es el humor. Qué fácil resulta ironizar situaciones bastante dolorosas devolviéndonos de nuevo a ese estado de entretenimiento después de haber pasado por la reflexión existencial. Otro punto fuerte es el ritmo, parece que nos mecemos, como si estuviéramos en un barco –una gozada en verano-.
Tarada publicó una novela llamada Valtiche con la que ha ganado un importante premio literario. El problema es que la editorial le ha pedido un segundo libro, y se ha metido en una farsa de la que no puede escapar. Agobiada por la lluvia y por el torbellino de emociones que la dominan, decide coger el coche con lo puesto y conducir sin rumbo. Su primera parada se acaba convirtiendo en un rescate animal que no sólo responde a la empatía que siente por un perro condenado a estar atado fuera del bar de carretera, sino que determinará el destino de esta aventura aunque ella aún no lo sepa. Allí conoce a Emma, la camarera que trabaja por una miseria, con la que entabla una especie de amistad liberadora que acaba precipitando los acontecimientos. Luego conocerá a Manuel en la playa, otro camarero bueno que no duda en ayudarla y en ver más allá de sus ojos. Después será curada en espíritu por la mano de Fátima, y sus tres hijos, que parecen los niños perdidos de Peter Pan; y pese a que trabaja en una conservera, no duda en convertir a su nueva invitada inesperada en parte de su familia…Nuestra peculiar protagonista irá creando lazos afectivos con cada uno de los desconocidos que irá encontrando en su camino, sin que éste se detenga un segundo salvo por su paso por el calabozo. La rueda nunca cesa y es el momento de regresar al origen de todo y enfrentarse a la verdad. Cómo mención especial su relación con el bibliotecario, quien le recomienda los títulos más macabros que haya leído, alimentándola con las historias que tanto le gustan y casi entrenándola para su propósito en la vida: ser escritora.

Nuestra aventurera nata hace nuestra una causa individual. Ya que todo lo que se va planteando a lo largo de su viaje físico y espiritual será relevante para la mayoría; cómo es la búsqueda interior; esa investigación acerca de nuestra propia verdad antes de saber qué camino escoger. Y es que cuándo un sinfín de posibilidades se abren ante nosotros cómo abanicos de Locomia, no es de extrañar que las mentes más observadoras o reflexivas acaben extrayendo valiosas conclusiones de esta lectura.
En definitiva, se trata de una novela que hace de lo cotidiano una aventura brindándonos la oportunidad de comprender que perseguir sueños o fantasmas es necesario en el camino del autodescubrimiento. Sin embargo, el entretenimiento está servido ya que se narra en clave de humor, y se tratan temas tan delicados cómo es la amistad, el amor, el respeto por los animales, la necesidad de empatía, el pasado, las mentiras…sin embargo, no es la esencia de la historia, ya que tiene tantas, que os animo a descubrirlas con la garantía de que vais a pasar un buen rato.

TARADA de Carolina Sarmiento

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