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Turmalina y su certero golpe. 

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por Sandro Maciá

Turmalina y “El golpe que nos quede”

La energía, ni se crea ni se destruye. Se transforma… ¿Recuerdan aquel teorema que repetimos hasta la saciedad cuando éramos estudiantes? Pues ha tenido que llegar el 2021 para que, más allá del sentido práctico y del convencimiento teórico que nos impusieron a golpe de libro, haya podido entender que esto, si bien puede que la interpretación original igual difiera de lo que mi loca mente propone, no es tan extraño como pueda parecer…

Sí. Un año concreto. Un momento… Pero, no se equivoquen, que si ahora lo entiendo no se debe a que haya tenido esta idea sus veinte años de maduración mental tras finalizar mi etapa estudiantil. Ni mucho menos. Si ahora empiezo a ser consciente de esta transformación energética se debe a otros hitos temporales, los que han ido marcando unos jóvenes gaditanos con dos Lps y un reciente Ep, tres razones que sí sirven de argumento para corroborar que la energía se transforma, con esfuerzo, en garantía de éxito. Tres buenos estrenos que llevan la firma de Turmalina, una banda de pétreo nombre que sembró ilusión con “Hasta que los pulsos paren” (2015) y “Vértigo y Victoria” (2017), y que ahora no solo recoge los frutos sino que vuelve a triunfar con la presentación de “El golpe que nos quede”, el Ep que editan con Flor y Nata Records y que termina de cerrar el cuarteto de canciones que contiene con su homónimo tema, además.

Un cierre de círculo, o de cuadrilátero, que nos ha permitido ir disfrutando poco a poco de la indecisa Buridán -metafóricamente hablando, porque en lo sonoro queda clara la intención experimental y la atmósfera casi shoegaze, siempre respetando el protagonismo de los versos que aluden a la fuerza del destino como parámetro a seguir-, de la crítica Club Social -¿doble moral?, sí, pero no en la propia canción, que se muestra decidida a decir verdades como puños y a impactar con estribillos potentes entre sosegadas estrofas-, de la inspiradora Ser mejor -ejemplo de cambio, de comienzo de etapa y de crecimiento propio, tanto en el estilo como en la estructura de esta composición, potente a ratos, delicada a veces-, y, como ya decíamos, de la nominativa El golpe que nos quede, un punto y seguido -¡me niego a decir lo de “final”, porque no será así!- que no cesa en el tratamiento de la lucha como leitmotiv y que se centra en la sensibilización para ofrecer, a buen ritmo, “un canto a la esperanza y una llamada a la vida, una vorágine de sensaciones y sentimientos”…

¿Y si a todo ello le sumamos el aderezo que supone la intervención de Paco Loco y su producción tan noise como caraterística? Pleno. Ya no hay duda que valga. Energía pura que goza de gran transformación: seña de identidad de Turmalina, bienvenida sea la canalización de las malas vibraciones para ser transformadas en melodías y su afán por seguir jugando con los matices para ir sorprendiendo con cambios de intensidad y cuidadas letras.

 

 

Turmalina

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