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Doble Valentina debuta con Un amoroso asunto. 

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por Sandro Maciá

El soft-love que llega desde Argentina. 

Adentrarnos en un trabajo que lleva por adelanto un hitazo descrito como “contento pero relajado”, o zambullirnos en las olas de un tracklist que en su día se auguraba como una corriente fresca de “soft rock y calidez sonora, no sin alegría contenida pero palpable”, no es tarea fácil. Es como saltar desde la roca más alta sin saber si, bajo la fina capa de espuma que se tambalea en la marea, habrá más profundidad que la prevista o más piedra que la esperada.

Un acto heroico, realmente. Pero necesario. Porque no hay altura ni mar que pudiera hacer remitir esa curiosidad que despertó en mí la artista merecedora de los entrecomillados anteriores, autora del hit previamente laureado y conocida ya en el mundo entero como Doble Valentina.

¿El single que en su día aterrizó en Letrasenvena? “Te llevo”. Título breve que sirvió de anzuelo para que ahora no sólo quisiera bucear en su disco completo, sino que me vea en la obligación de llenar mis pulmones de tanto aire como sea posible, para poder llegar al fondo de cada una de sus diez canciones. ¿El nombre del susodicho trabajo? “Un amoroso asunto”, directa invitación al baño en las aguas de sus melodías, en la fusión armónica y equilibrada de ritmos y mensajes, en la paz submarina que se siente al flotar entre las notas que van conformando una tracklist que se dio a conocer con Mi Religión -la esperanza por bandera y la esencia del estilo de la argentina-, un cierre inmejorable al que llegaremos tras navegar por la ya nombrada Te llevo -corte inicial-, la fluida Un ratito, la bonita Juntos -con esas cuerdas atractivamente melancólicas-, la sugerente Tú y sus sinceros versos, la cálidamente jovial La luna de Valencia, la relajante Minuto de paz, la fugaz Como el mar, la poética Agentes -con recital incluido-, y la “metaconceptual” -y artísticamente honesta y cercana- Esto no es una gran canción.

Un crucero por un disco de letras propias, de estructuras que se expanden a cada arreglo, sin perder la sencillez pero sin aburrir. Un trabajo que bien merecía ser “nadado” y que cuenta con el halo intimista de la cantautora, no sin la variedad de acompañamientos y una producción, llevada a cabo por la mismísima autora y Marcos Arévalo, que no resta naturalidad. Un ejercicio de cercanía textual y musical que emociona y divierte, que gusta y engancha, haciendo partícipe al oyente de cada letra y acorde, sincronizando sensaciones y sentimientos verso a verso, estrofa a estrofa.

Para más info, no menos relevante viene a ser la intervención de los mezcladores Nicolás Kalwill (Lila Downs) y Juan Stewart (Lucia Tacchetti) y la masterización de Daniel Ovie.

Chapuzón disfrutado.

 

Doble Valentina debuta con Un amoroso asunto

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