UA101349465-1

La ansiedad de la espera y otros relatos filosóficos de Guzmán Marcos Albacete, Elena Carmona González y Pablo Fernández Curbelo

k

por Rubén J. Olivares

La ansiedad de la espera y otros relatos filosóficos de de Guzmán Marcos, Elena Carmona y Pablo Fernández

La ansiedad de la espera y otros relatos filosóficos de de Guzmán Marcos, Elena Carmona y Pablo Fernández

Relato y filosofía forman un binomio paradójico: por un lado, tenemos las características y estructura que toda narración literaria debe presentar, con la representación de la acción en el centro de la misma; por otro lado, la filosofía, ejercicio de meditación y reflexión sobre un tema o temas que no permite más espacio que el formato ensayo. Pero tras esta aparente contradicción hallamos un género híbrido que se desenvuelve con fortuna entre los límites imprecisos existentes entre ambos y que, sin embargo, cuenta con una larga tradición de aproximaciones, narraciones altamente estimulantes, que ponen de relieve la existencia de personajes que nos presenta una verdad ambiciosa, que busca un equilibrio entre la acción y la disertación, dirigidos por un narrador omnipresente que va guiando con equilibrio ambos géneros.

Pero, ¿en qué género literario podemos incluir a la filosofía? Realmente no tiene ninguno. La filosofía se ha difundido tradicionalmente a través de tratados que los pensadores solían escribir, para ir transitando en la actualidad hacia los artículos académicos, elaborados para un público muy específico o hacia el ensayo o la columna de opinión cuando se buscaba ampliar su difusión. Y esto, ¿cómo puede encajar con el relato? La disertación filosófica, que en el relato literario suele quedar limitada a la interrupción de la acción como parte de la reflexión de los personajes, previa a la reanudación de la acción, toma el protagonismo en este tipo de relatos, modelando la narración alrededor de la disertación frente a la acción. La ficción se vuelve excusa para crear un material filosófico que invite al lector a la reflexión respecto a lo que lee y está viviendo a través de los protagonistas del relato filosófico, aunque en este tipo de narraciones se prime la incredulidad, la discusión y la construcción reflexiva ante lo que se narra, que en la ficción suele quedar oculto.

No resulta sencillo escribir un relato filosófico que merezca la consideración de tal. El riesgo de este híbrido literario no se centra tanto en no ser capaz de encontrar el equilibrio entre lo superficial y lo profundo que un planteamiento filosófico requiere, como en el peligro de resultar demasiado pedante, pomposo y complaciente con sí mismo, sin olvidar la necesidad de crear una narrativa que arme una buena historia y motive al lector a leer la narración que se nos propone.

Por ello, los relatos contenidos en este volumen constituyen una muestra del talento joven que las nuevas generaciones – tan denostadas y criticadas por aquellos que les adelantaron en el tiempo – poseen, una prueba de la capacidad de reflexión, debate y pensamiento que sus autores ostentan, una invitación a democratizar y hacer accesible al público no experto la filosofía y las grandes cuestiones que la filosofía nos plantea a través de un formato más accesible al lector no especializado.

Los tres relatos que componen este libro comparten una temática en común, como es el planteamiento filosófico con el que tratan de dar respuesta a algunas de las preguntas y dilemas que nos hacemos en el mundo contemporáneo, sin perder en ello ni un ápice de creatividad y nacen como respuesta a la convocatoria del I Premio Relato filosófico joven convocado por FILOSOFÍA&CO.

El relato ganador, “PQB072 o La ansiedad de la espera” nos plantea lo absurdo y alienante que el ritual de la espera tiene en un mundo hiperactivo en el que se premia la inmediatez, incapaz de asimilar la espera como parte del proceso de la vida. En este relato, su autor nos narra la visita a un hospital que su protagonista lleva a cabo, quien, tras recoger el número del turno de visita que se le ha asignado, se sumerge en un mundo kafkiano dominado por lo absurdo de los rituales de la burocracia, la sensación de enajenación y aislamiento social que experimentamos en entornos poblados por extraños y la ansiedad que domina al protagonista que transita entre las salas de espera del hospital a la espera de ser llamado para consulta. Su autor, Guzmán Marcos, capta con meridiano acierto el papel que la espera tiene en nuestra sociedad.

“No es amarillo lo que vibra” es la propuesta que Elena Carmona, la primera finalista del concurso, nos presenta en la que nos narra la historia de una joven estríper que, de vuelta a su casa en el metro, se siente cohibida y cosificada por la mirada fija de un extraño, mirada que le intimida y le lleva a tratar de huir de su dominio; una historia que nos invita a reflexionar sobre algunos temas que han cobrado especial relevancia en nuestra sociedad, como es la observación continua y la hipervigilancia a la que nos someten las miradas de los otros, las cámaras que pueblan el paisaje urbano, la hiperconexión y continua mirada de los demás a través de las redes sociales e Internet en general, el bombardeo constante de imágenes y estímulos visuales que la publicidad nos lanza, planteándonos cuestiones tales como ¿Hasta qué punto nos afecta la mirada de los demás? ¿Nos cosifica la mirada del otro? ¿Qué poder tienen ciertas miradas –fundamentalmente la masculina-, sobre el cuerpo de los demás, -especialmente el femenino-?

Se cierra el volumen con el relato del segundo finalista “Perros sin hueso”, de Pablo Fernández Curbelo, un relato a medio camino entre el ensayo y la reflexión personal, en el que explora desde el yo la construcción de la identidad que desde la filosofía y otras disciplinas se han planteado.

Una oportunidad de disfrutar del talento juvenil tanto para la narrativa como para la reflexión filosófica que nos ofrece este libro, que gustará a los amantes del ensayo y a los lectores que disfrutan con narraciones que trascienden el puro entretenimiento literario.

Share This