El señor de los pájaros de Yoko Ogawa.

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por Rubén Olivares

Yoko Ogawa lleva a sus espaldas una larga trayectoria como novelista, tratando, a lo largo de sus publicaciones, de alejarse de los escritores de best sellers que a menudo, gracias a una gran campaña de marketing, logran posicionar sus novelas entre los primeros puestos de ventas. No obstante, conviene distinguir cantidad de calidad. Los best sellers constituyen el fast food de la literatura. De fácil lectura, lenguaje sencillo y accesible al gran público, con una trama entretenida que engancha al lector, logran embaucar a miles de lectores que lo recomiendan en cualquier tertulia. Pero como el fast food, más que nutrir matan el hambre. En el caso de Yoko Ogawa asistimos a un fenómeno curioso, pues lejos de ser novelas diseñadas para convertirse en un best seller y lograr un rápido incremento de los beneficios de editorial y escritor, sus novelas muestran una escritura muy personal, dulce y poética, haciendo que disfrutemos con cada una de las palabras que leemos y que nos emocionemos con los personajes que construye, logrando que sus libros lleguen a un amplio público. Y, sin embargo, estas novelas logran convertirse en un fenómeno de ventas, demostrando que la literatura de autor, entendida como una literatura personal, intimista, alejada del marketing editorial, puede convertirse en un fenómeno literario.

Sus novelas, según confiesa ella misma, se inspiran en clásicos de la literatura de una enorme emotividad, como El diario de Ana Frank o en las personalísimas e inclasificables novelas de Kenzarburo Oé, quien es capaz de mostrar una delicadeza y ternura propia de un poeta junto a una prosa cruel y cruda en la que describe sin tapujos los peores instintos del ser humano. Yoko Ogawa combina los elementos más sutiles del carácter humano con una prosa sutil y penetrante. La novela que reseño en esta ocasión, El señor de los pájaros, es una muestra de este estilo. Ogawa, como hace Hayao Miyazaki en sus películas, consigue mezclar en un mismo relato la poesía, la compasión, la ternura y la fábula, siendo capaz de incluir matices de realismo, con algunos puntos macabros y desasosegantes que sacuden al lector.

El protagonista de esta novela, al que todos conocen como El señor de los pájaros, es un hombre solitario que se encarga de mantener el parque de aves de un parvulario. Desde pequeño ha vivido con su hermano mayor, el cual desarrolló desde pequeño un particular idioma que solo ellos son capaces de hablar: el poponés. Un idioma que quizás formara hace tiempo de una antigua cultura perdida y que imita al canto de los pájaros. Los únicos que consiguen entender este idioma son los dos hermanos y, quizás, los pájaros a los que los dos tratan con sumo cuidado. Con el paso de los años, al quedarse solos, los hermanos acaban volcándose el uno en el otro, logrando establecer su propio mundo aislado de los demás, en el que se siente a salvo de aquellos que no son capaces de entenderles.

Esta novela constituye un buen ejemplar para acercarse al universo de Yoko Ogawa y dejarse atrapar por su narrativa, la cual hará que no seáis capaces de alejaros de sus libros una vez que comencéis a leerlos.

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